El 'movimiento maker' llega a los negocios

La idea es ayudarse mutuamente para crear nuevos objetos interactivos apoyándose en la electrónica digital. Dicho así puede parecer un poco árido pero en el movimiento maker confluyen usuarios de todo tipo y de disciplinas tan diversas, además de la ciencia y la tecnología, como el arte, el diseño, la ingeniería, la física, la biología, la educación, la comunicación, la antropología o la sociología.

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David Cuartielles, en el centro, con un grupo de alumnos en Suecia, donde reside

“Esto es como el Do it Yourself (DIY) de los años 70 pero con tecnología”. La definición es de David Cuartielles, gurú del movimiento maker y uno de los creadores de Arduino, la “plataforma de hardware libre que se programa con un sistema de software libre y que se documenta con documentación libre”. De su aportación desinteresada se han valido algunos grandes pero también cientos de miles de alumnos de todo el mundo que han visto cómo una tecnología Premium a bajo coste despejaba el camino a nuevos proyectos multidisciplinares. Todavía hoy, con clientes como Samsung o Intel, el precio de una de sus placas no supera los 30€, lo mismo que un libro de texto.

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La comunidad

La misma filosofía que rige Arduino desde sus orígenes, como proyecto pedagógico, es la que se hace extensible al movimiento maker que promueve la construcción de casi cualquier cosa que tenga que ver con tecnología embebida. Integran el colectivo maker personas que tienen interés en la tecnología, independientemente de la actividad que profesen, pero que tienen además deseo de trabajar en equipo y de compartir lo que hacen con los demás, legando su conocimiento al avance de la comunidad. Esto no es un Juan Palomo, el progreso debe ser para todos de ahí su aprecio por el hardware y software libre y las licencias creative commons.

Entre los usuarios se hallan investigadores, profesionales, estudiantes o sencillos aficionados procedentes del mundo del arte, la tecnología, el diseño, la ingeniería, la física, la biología, la educación, la comunicación, la antropología o la sociología. Entre ellos se organizan en equipos que desarrollan prototipos para pensar juntos, intercambiar conocimientos y materializar sus ideas.

¿Y qué tipo de cosas hace esta gente? Pues de todo, desde hackear un coche en una semana, hasta construir un submarino low-cost o crear una solución para la NASA o un vestido volador que hizo las delicias de Lady Gaga. Cualquiera sería capaz de hacer cosas extraordinarias con tan sólo atreverse a dar el salto del pensamiento a la acción y contar con la ayuda de otros en un entorno con metodologías basadas en lo abierto, lo colaborativo y lo experimental.

El entorno

Una antigua serrería, una fábrica de galletas ya en desuso o cualquier otra instalación asociada anteriormente a un espacio de producción puede valer para instalar un Fab Lab o Hackerspace que es como llaman a sus pequeños espacios de coworking donde poder llevar a cabo sus experimentos. El acceso a ellos es libre y gratuito. Además de trabajar, en ellos se imparten clases, se desarrollan talleres, reuniones de grupo, mesas de debate o se presentan proyectos.

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Pero no vayamos a pensar que son sólo encuentros donde dar rienda suelta a la creatividad y a las ganas de adquirir o transferir conocimientos. También de ellos están surgiendo interesantes proyectos emprendedores que comparten, como denominador común, una ambición global y el deseo de convertirse en alternativa útil a las grandes organizaciones empresariales convencionales.

Nuevo ecosistema

En este interés por renovar el ecosistema emprendedor han empezado a proliferar equipos no sólo multidisciplinares sino también multinacionales siendo a veces internet el único punto de reunión del equipo. Un desarrollador que trabaja desde la india, un CEO asentado en Londres y un ingeniero de telecomunicaciones que viva en Pamplona, por ejemplo, podrían perfectamente constituir una startup trabajando el línea. Las herramientas online favorecen la comunicación, el intercambio de conocimiento y el seguimiento de las actividades.

Para la puesta en marcha del negocio suelen rechazar las vías tradicionales de financiación decantándose, preferentemente, por campañas en las plataformas de crowdfunding o la creación de una red propia para recaudar inversión.

Ni de letras ni de ciencias

Para impulsar y mantener activo el movimiento y difundir los progresos de los distintos Fab Labs se organizan Maker Faires por todo el mundo, el último en España lo acogió la ciudad de Bilbao, el pasado mes de noviembre, que contó con la colaboración de The App Date. Karim Asry, uno de sus organizadores, resaltaba el interés que está empezando a despertar este movimiento “de largo recorrido que servirá para poner fin al “yo es que soy de letras” y “yo de ciencias” en lo que puede representar la “mayor transferencia de conocimiento que se ha dado en la historia de la humanidad”.

Para conectarse al futuro

El mismo Asry facilitó un estudio realizado por la rama estadounidense de la consultora Deloitte donde aconseja a las empresas varias cosas para conectarse al futuro que son:

Usar el ecosistema maker para incrementar la capacidad de detectar tendencias tecnológicas con recorrido ya que muchas de las innovaciones disruptivas de los últimos años se fraguaron lentamente en este mundo.

Adoptar las herramientas que los makers utilizan para los procesos internos de I+D. La comunidad maker funciona como un gran laboratorio de investigación y desarrollo que acelera la capacidad de desarrollar proyectos de base tecnológica debido a la abundante documentación disponible en la Red. La gran mayoría de las empresas, a veces por desconocimiento y otras por excesiva rigidez, no está sabiendo aprovechar el potencial de estas herramientas para incrementar radicalmente sus niveles de innovación interna.

Fomentar un espíritu maker entre sus trabajadores, animándoles a experimentar con nuevas herramientas y a participar en las distintas comunidades y encuentros, para que hagan así de puentes entre este mundo en el que se fragua la vanguardia tecnológica y la organización.

Repensar la empresa como una plataforma, en la que el producto puede ir evolucionando de la mano de nuevos usos que los pro-sumers vayan encontrando para sus productos.

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