Cómo triunfar si montas un negocio étnico

La llegada de inmigrantes de distintos lugares del mundo y la creciente globalización gracias a Internet están transformando nuestra forma de consumo. Lo étnico está de moda, y clientes y emprendedores se benefician de ello.

El Estado de bienestar ha convertido a España en lugar en el que muchas personas de otros países han querido establecerse. Rumanos, marroquíes, británicos y chinos conforman las principales colonias extranjeras. Su número es tan importante que muchos de ellos han optado por abrir negocios con productos de sus naciones. Y si bien, en un principio, la mayoría de estos artículos tenían unos destinatarios principales (sus conciudadanos), la integración de estas personas en nuestra sociedad ha producido que cada vez más estemos añadiendo algunos de sus productos a nuestros hábitos, de modo que un creciente número de españoles también opta por comprar en esos comercios.
“Los productos de otra procedencia ayudan a crear un mestizaje cultural siempre enriquecedor”, remarca Fernando Barba, gestor web y de redes sociales de la tienda de papeles del mundo La Dominotería.
La globalización generalizada, motivada en gran medida por Internet, es otro de los factores claves en el fuerte impacto de lo étnico en los últimos tiempos. Casi todo el mundo tiene acceso, con un sólo clic, a un mundo diverso y multicultural; la gente ya no tiene por qué conformarse con lo que se produce y consume aquí. Lo local convive con lo global, hasta el punto de que adoptamos gustos y preferencias de otros lugares del planeta.

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Vuelta a los orígenes

Lo étnico no se refiere sólo al gusto por la variedad y la ampliación de fronteras: “Gusta porque nos retrotrae a nuestros propios orígenes, en busca de nuestra esencia, el contacto con la naturaleza, la diversidad”. Así opina Ángel Castro, cofundador de la tienda de artesanía africana Kalahari Artesonado. De ahí que uno de los retos de este tipo de negocios sea la obtención de la materia prima o de los artículos conclusos en el propio lugar de origen, lo que garantiza a los consumidores que lo que compran tiene sus raíces en un determinado lugar y no se trata de productos de baja calidad o réplicas que se van a poner a la venta para un público masificado: “Eso añade valor, especialmente cuando la producción en cadena y las grandes industrias están acabando con lo artesano y lo diferente”, corrobora Inmaculada Zapico, propietaria de la tienda de ropa étnica El Badulake.
Lo anterior es una barrera de cara al público, pero que supone un reto para los emprendedores que se lanzan a este tipo de negocios, toda vez que tienen que disponer de una red de distribuidores en los propios países de origen que les garantice la autenticidad de los productos.
Por suerte, se trata de unos negocios en los que, de forma generalizada, los comerciantes tienen un profundo conocimiento de los artículos, bien porque sean oriundos de esos lugares o porque les apasione el comercio de lo étnico. De ahí que sea una tónica la realización de viajes para aprovisionarse de mercancía y establecer contactos comerciales para posteriores ventas, un sobrecoste que, sin embargo, logra su objetivo: obtener productos cien por cien autóctonos.

Apertura de mentes

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El aspecto positivo de los artículos que imitan lo étnico es que están calando en la sociedad, lo que favorece a los emprendedores que apuestan por este negocio: “Es increíble como algo que antes era bastante desconocido y lejano, con un reducido mercado (al que llamaban hippies), de pronto se ha convertido en tendencia”, recalca Inmaculada Zapico.
Además, son negocios que tienen entre sus grandes retos el de la convivencia con los artículos locales. Esta integración debe vencer una barrera fundamental: la gente sólo conoce lo que consume habitualmente. Pero incluso esta traba está superándose poco a poco gracias a la globalización: “La gente se va abriendo a cosas nuevas, productos raros, quiere descubrir nuevos sabores”, confiesa Jordi Rubio, propietario de Savour Shop.
Esa apertura de mente está dando paso a un nuevo modo de consumo. Si bien seguimos apostando mayoritariamente por los productos locales, más adecuados a nuestros gustos tradicionales, cuando queremos encontrar algo más exclusivo y que nos distinga del resto, apostamos por los comercios étnicos.
Fernando Barba, de La Dominotería, lo define a la perfección: “Cuando comienzas a investigar y buscar productos diferentes te das cuenta que la sorpresa se puede encontrar en cualquier parte del planeta. Es entonces cuando te enamoras de esa diversidad y de cómo puede alimentar la creatividad de tus clientes”.

Gustos globales

Todo emprendedor que apuesta por lo étnico como eje de su negocio sabe que cuenta con una serie de ventajas añadidas, entre las que destaca la gran predisposición de la sociedad hacia lo global, que ha permitido que lo tradicional y local dejen paso a gustos de cualquier procedencia. Otros factores son:
- Multiculturalidad. Personas de todos los lugares del mundo conviven en los mismos barrios, compran en las mismas tiendas, van a los mismos colegios… Esta creciente integración de los foráneos (no sólo de quienes han venido huyendo de la falta de oportunidades de sus países, sino de quienes como opción personal han elegido España para vivir) ha permitido que nuestra forma de ver el mundo se mezcle con la de otros y queramos conocer más de otros lugares. “Y como resultado de una fusión cultural, nace una tendencia”, sentencia la propietaria de El Badulake.
- Variedad. Los negocios étnicos aportan al público una pluralidad de opciones de las que antes no se disponía. A la gente le gusta poder elegir, no tener que conformarse sólo con consumir un tipo de artículo porque sea el único que se produzca aquí. Los comercios étnicos permiten esa diversidad: ahora cualquiera puede disfrutar de una comida típica de Perú o vestir una prenda originaria de la India.
- Nicho por explotar. Aunque de creciente implantación entre la población, lo cierto es que los negocios étnicos aún conforman un nicho de mercado que no está saturado. Son muchos los que ya se atreven a embarcarse en estas empresas, que cada vez tienen más aceptación popular, pero que todavía no cuenta con la sobrexposición de otros artículos y dispone de una gran cantidad de ramos en los que emprender.
- Originalidad. Si algo destaca de los comercios étnicos es la originalidad de su propuesta, novedosa y diferente a lo que consumimos en nuestro día a día. “Es muy importante ofrecer algo que se salga un poco de lo que todo el mundo lleva; es la clave para motivar al público”, incide Zapico. Esa es una de las claves de su éxito: la distinción que busca la gente, lejos de los productos que se fabrican en masa y se venden en los grandes comercios.
- Comercio justo. Muchos comercios de artículos étnicos siguen los criterios de comercio justo en sus ventas, no sólo basadas en la rentabilidad, sino en valores sociales como la ayuda a artesanos locales, la defensa del medio ambiente, la obtención de la materia prima de forma justa… Una serie de principios que cada vez están calando más en la sociedad y que supone un plus para los negocios que los adoptan.

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Buscando su sitio

Hacerse un hueco en el mercado local, con unos gustos muy definidos y una cultura del consumo propia, no es fácil para ningún producto étnico, que tiene en lo extranjero y exótico su esencia y principal factor de venta. Por desgracia, existen más obstáculos.
- Rechazo de lo foráneo. Inevitablemente la crisis ha generado entre la población un sentimiento de arraigo, de identificación con lo propio que ha llevado a muchas personas a querer consumir sólo productos nacionales. Y aunque muchos comercios étnicos estén regentados por españoles, la mentalidad de muchas personas es que se trata de artículos foráneos, lo que ha generado cierto rechazo.
- Expectativas frustradas. “La gente a veces se genera unas expectativas muy altas de nuestros productos que, en ocasiones, no se cumplen”, advierte Jordi Rubio, toda vez que algunos consumidores tienden a relacionar lo étnico con algo exclusivo, cuando sólo se trata de un producto diferente.
- Importación. Una de las grandes bazas de los comercios étnicos es que son productos originarios de un país, no imitaciones que pretenden simular un estilo o gusto. Esto requiere que el emprendedor que se lance en este mercado debe importarlos, para lo cual se deben cumplir una serie de requisitos de comercio internacional y con las condiciones sanitarias y de seguridad de la UE.
- Adaptación. Los productos étnicos que se comercializan en España tienen que saber acomodarse a la cultura y forma de vida local. No basta, pues, importar cualquier artículo y querer que este tenga un éxito comercial entre los consumidores. “Hay que saber adaptarse a los gustos de aquí”, destaca Rubio, de Savour Shop.

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