Dinero barato para la recuperación

El BCE pone más facilidades al crédito como forma de potenciar el consumo y acabar con la deflación. ¿Servirán, por fin, estas medidas para apuntalar la recuperación?

El Banco Central Europeo (BCE) ha quemado el último cartucho de la que ha sido la política monetaria más expansiva que se recuerda, aunque sigue sin dar frutos. En marzo, Mario Draghi bajaba los tipos al 0% y anunciaba un incremento del 25% en las compras mensuales de deuda de estados soberanos. Esta vez iba incluso un poco más allá incluyendo la compra de deuda corporativa (los títulos que emiten las empresas en los mercados de capitales para financiarse) y aumentando el cobro a los bancos que depositen sus fondos en el BCE, con el fin de revitalizar el crédito necesario para impulsar el consumo y acabar con el bucle de la inflación en negativo.

Más acceso al crédito

Teóricamente, con estas medidas hay más facilidades para pedir créditos a mejores tipos de interés. Pero sólo teóricamente. Como explica Daniel Pingarrón, estratega de mercados de IG, “a ese nivel estas medidas conseguirán incrementar el crédito a empresas y particulares. Bajas el precio y aumentas la oferta, haciendo el producto crédito más atractivo para consumirse. A efectos prácticos, no está funcionando porque la demanda solvente es escasa”.

Esta vez, además, las medidas incluyen la compra de deuda corporativa, una buena noticia para incentivar la inversión empresarial, ya que “al bajar los fondos que las empresas destinan a remunerar a los poseedores de su deuda, se les permite emplearlos en fines más productivos. Pero es una medida bastante limitada. Beneficiará a las empresas cuya deuda vaya a ser directamente adquirida por el BCE, que serán las no financieras con grado de inversión”, añade Pingarrón.

Vencedores y vencidos

Unos tipos al cero benefician a “los agentes económicos endeudados o con aspiraciones de endeudarse, principalmente”. Los grandes perjudicados son los ahorradores, que no van a tener más remedio que “invertir en activos de más riesgo, lo cual es un objetivo colateral de las actuales políticas expansivas”, apunta Daniel Pingarrón. Son medidas que benefician claramente a España, que va a pagar menos por su deuda. Y perjudican a países de ahorradores como Alemania, que se ha mostrado claramente en contra de la política del BCE. Con el aviso del último informe del FMI sobre el riesgo a un nuevo parón de la economía a nivel mundial, la pregunta es: ¿Es momento de pensar sólo en la reactivación del consumo vía bajos tipos de interés o se debe proteger el ahorro? “Son dos ideas muy difíciles de disociar, sobre las que existe un debate eterno y no resuelto. A modo de anécdota, tenemos que tanto Krugman como Rogoff son premios Nobel de Economía y tienen visiones diametralmente opuestas sobre este asunto. No existe una única receta válida en todas las circunstancias. Probablemente, el nivel óptimo lo encontraríamos en una combinación de políticas expansivas limitadas en el tiempo que se acompañara de ambiciosas reformas económicas estructurales que pusieran a las economías en las mejores condiciones para recoger las aportaciones positivas en el medio y largo plazo”, apunta Pingarrón.

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