4 ejemplos de que la industria funciona

El nuevo encuentro temático que organizan periódicamente Enisa y la Revista Emprendedores sirvió para poner en valor el sector industrial.

Antes de que empezara el encuentro, quiso precisar la secretaria general de Enisa , Isabel Moneu Lucas, que la institución dispone para este ejercicio de 82,6 millones de euros para financiar, en forma de préstamos participativos, “a todo tipo de emprendedores y pymes". Antes, había remitido Enisa un comunicado a los medios en el que matizaba una información relativa a un nuevo recorte presupuestario, conforme al acuerdo de no disponibilidad de créditos en los Presupuestos Generales del Estado de 2016.

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Desde Enisa se reconoce que han visto “disminuida su dotación para 2016 en un 27% sobre la cuantía inicial” pero que la cantidad final disponible (82.642.240 €) se empleará en financiar “proyectos innovadores y viables impulsados por pymes y emprendedores, incluidas startups”. El comunicado señalaba que, en lo que va de año, se han recibido 550 solicitudes de financiación, de las cuales, cerca del 30 % pertenecen a Jóvenes Emprendedores, y que, más de la mitad de las empresas, tienen menos de 2 años. Por otro lado, es el sector TIC el que acumula el 40 % de las solicitudes. “Lo que queremos son proyectos viables para poder financiarlos”, dijo Isabel Moneu.

En cuanto al nuevo encuentro organizado conjuntamente por Enisa y la Revista Emprendedores, representada ayer por su redactor jefe, Javier Inaraja, se centró en el sector industrial. Participaron en él Pedro Bernabé, de Plásticos del Segura , empresa especializada en soluciones para embalaje y packaging de productos agrícolas e industriales, Enrique Carlos Ramírez, de la empresa fabricante de cubitos de hielo Cubers , Luis Ortuño, de Maymó, fabricantes de cosmética, y Antonio Aire, de Abonos Jiménez.

Claros exponentes

Los cuatro, sin excepción, podrían considerarse casos de éxito dentro del sector industrial, si se atiende a sus cifras de facturación y presencia internacional. Compartían, también, haber recurrido en fase de crecimiento a la financiación de Enisa, cuya ayuda estimaron crucial en un momento determinado. Tanto que todos anunciaron la intención de asistir a una segunda solicitud de préstamo. “Puede sonar pelota, pero, personalmente, a Enisa le pongo un 10. Para mí fue fácil y veloz”, dijo Carlos Ramírez.

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Más acostumbrado a lidiar con ayudas institucionales, Pedro Bernabé reconoció haber sabido de Enisa a través del Instituto de Fomento y que la apuesta conjunta de varios organismos oficiales había contribuido al salto cualitativo y cuantitativo de la compañía. “En 2010, que es cuando nos dieron el préstamo, nuestra facturación rondaba los 20 millones de euros, mientras que 2015 lo cerramos con 38 millones”.

Efecto de arrastre

Además de la ayuda directa, subrayaron los emprendedores el efecto multiplicador que desencadena haber superado el filtro de Enisa de cara a acceder a otras financiaciones. Carlos Ramírez resaltó ese efecto multiplicador en la banca privada, que sobreentiende “que la empresa reúne ya unos criterios de profesionalidad, algo que es un alto activo”.

También referente a la financiación, se abordó la tardía incorporación del sector industrial a participar en canales alternativos, tipo crowdlending o fondos de inversión. Justificaron el retraso aduciendo que, en muchos casos, estas empresas tenían un origen familiar, más reticentes a ceder participaciones a terceros, pero que también eso está cambiando.

“La banca pasó de financiar proyectos a todo el mundo a cerrar el grifo completamente. Ahora se está abriendo, pero de forma lenta y, además, está muy concentrada, así que hemos empezado a acudir a otras iniciativas que han ido surgiendo. Enisa es una, y a mí me parece buena, pero también estamos estudiando acudir a fondos privados", dijo Luis Ortuño.

También Antonio Aire reconoció que su empresa se halla en negociaciones con dos fondos internacionales, uno inglés y otro alemán, “porque parecen más cómodos que la banca, a veces intratable”.

Mayor profesionalización y competitividad

Se interesó Javier Inaraja por saber si los emprendedores industriales se habían sentido discriminados, como sector, por la atención financiera, centrada antes en la construcción y ahora, mayoritariamente, en empresas tecnológicas. “Una de las cosas buenas que trajo la crisis de la construcción fue que nos empujó a invertir el dinero en innovación y en hacer mejor nuestros negocios, en lugar de gastarlo en la compra de naves”, observó Carlos Ramírez.

Pese a reconocer que la crisis había dejado por el camino empresas que habrían sido viables con pulmón financiero, quisieron resaltar los supervivientes que también a ellos les había obligado a hacer los deberes y a profesionalizarse. “Después de esta fase de crisis, que ha sido muy dura, hemos tenido que hacernos más competitivos y exportar, que es por donde las empresas españolas están creciendo” dijo Luis Ortuño.

Por su parte, Pedro Bernabé habló de la fuerte inversión de su empresa en el capítulo formativo y de I+D+i. “Entendimos que para ir al mercado exterior teníamos que ser mejores, de manera que hemos mejorado nuestros procesos, nuestros productos, nuestros costes y formado a nuestros profesionales”.

“Bueno, eso y que tampoco somos tan malos, que llevamos mejorando un montón de tiempo”, zanjó Carlos Ramírez.

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