Los valores ocultos de tu empresa

Ni los recursos naturales ni la densidad de población determinan la riqueza de los países. Sí pueden hacerlo, sin embargo, los procesos empresariales adaptados a los nuevos mercados y a la globalización.

La advertencia la hacen los profesores Jesús Timoteo Álvarez, Gustavo Matías, Eduardo Buxaderas y Sonia Ferruz, en el libro titulado “Los intangibles en el valor de las empresas”. En él advierten de que una de las principales diferencias entre los países ricos y los que están en vías de desarrollo es que, el 80% de la economía de los primeros, se sustenta en intangibles, esa parte de la empresa que muchos siguen viendo como algo abstracto y opaco. Gustavo Matías define los activos intangibles como “el alma de la empresa”, donde se recoge el conocimiento conjunto de la organización.

El valor en aumento de estos activos es el fruto de una economía que empezó a desarrollarse en la década de los 80, empujada por las necesidades internas de las compañías para distinguirse y garantizar su supervivencia. “A partir de la década de 1980 el peso de los valores añadidos en la economía da un salto cualitativo”, se dice en el libro, y destacan cuatro causas fundamentales: la globalización, el desarrollo de las redes mundiales de tecnología de la información, la deslocalización de las industrias estratégicas y la generalización de un capitalismo financiero que permite una movilidad instantánea de los valores económicos y contables.

La consecuencia, decía Timoteo Álvarez en un acto de presentación del libro, ha sido un cambio en toda la cadena de valor y el nacimiento de un mercado “donde los clientes se han convertido en followers que, además, hablan, y a quienes hay que escuchar. Quienes definen la estrategia de los procesos y las empresas no son los CEOs, sino una especie de inteligencia colectiva o social que antes llamábamos clientes y ahora seguidores o fans”.

Un concepto cada vez más amplio

Con esto quieren decir que el concepto de intangibles es cada vez más amplio y que han surgido nuevos valores capaces de aumentar o reducir el atractivo de nuestra empresa, pese a no estar reflejados en la contabilidad ni en la cuenta de resultados. Serían los casos, por ejemplo, de la reputación online, la fidelización de los clientes o la cultura corporativa. Esto es algo que ya saben las grandes empresas, “del Ibex, por ejemplo, que cuentan con sus departamentos de valoración de intangibles, con este u otro nombre,-aclara Timoteo Álvarez- y son conscientes las más avanzadas de las medianas, pero muy pocas están en condiciones de analizarlos, bien por falta de gente, de tiempo o porque consideran otros objetivos más importantes y no suelen tenerlos en cuenta. En cuanto a las pequeñas, muy pocas son conscientes y prácticamente ninguna lo incluye en su valoración”.

Una solución para monetizarlos

Para proporcionar una solución que facilite el trabajo a las pymes en este campo, el grupo de investigación de I+D complutense, capitaneado por Timoteo Álvarez y denominado “ThinkCom” ha desarrollado una fórmula de monetización (valoración) de activos intangibles para pymes, VAI. “La fórmula es sencilla. Consta de una 1ª parte de autovaloración con un modelo gratuito; una 2ª parte de valoración técnica con metodología muy parecida a la valoración de la Reputación según métodos bien conocidos; y una 3ª parte de valoración en RRSS provocando respuesta y midiendo resultados”, explica el profesor quien garantiza que las tres valoraciones aportan una cifra “de aceptable verosimilitud en monetización de activos intangibles”.

La Propiedad Intelectual

Los intangibles serían, pues, aquellos valores que no se ven ni se palpan físicamente, pero que marcan la diferencia entre empresas. Patentes, licencias, fórmulas o cualquier otro desarrollo registrado oficialmente, es lo que comúnmente entienden la mayoría por activos intangibles. Lo son, pero hay otros que suelen pasar desapercibidos a las organizaciones empresariales y que deben incluirse también en los derechos de Propiedad Intelectual (P.I.).

Según la OMPI (Organización Mundial de la Propiedad Intelectual), toda pyme cuenta con activos ocultos determinantes para la competitividad y el resultado de la empresa. Lo importante es saber detectar cuáles son para ponerlos en valor, usarlos eficazmente y tomar medidas para protegerlos. Llevar a cabo una auditoría que los identifique ayudará, además a averiguar puntos débiles y fuertes de la compañía.

Cómo hacer la auditoría

Un documento redactado por la OMPI insiste en la necesidad de auditar esos activos de la P.I. mediante un examen sistemático de los mismos con la finalidad de detectar los elementos del activo de PI infrautilizados, identificar posibles riesgos para los resultados de la empresa y proporcionar información para idear estrategias.

Según el organismo internacional, el primer paso del proceso de auditoría consiste en identificar la P.I. cuya existencia puede constatarse de manera inmediata. Pertenecen a esta categoría las marcas registradas, los derechos de autor, diseños industriales, patentes, licencias conseguidas y licencias recíprocas. Bases de datos, recetas y formulaciones, manuales de trabajo, acuerdos de franquicia, publicaciones y conocimientos técnicos que haya elaborado la empresa, entran también en esta primera fase.

El segundo paso consiste en detallar lo que la OMPI denomina influencias externas o del mercado. Se trata en este caso de la imagen de marca de la empresa y sus productos, el estilo de la empresa y la presentación de los productos, fondo de comercio, las certificaciones de los productos, las autorizaciones de exportación, las autorizaciones obtenidas de las autoridades reguladoras, las redes de distribución y las de obtención de materias primas, las listas de clientes y los programas de comercialización y publicidad.

Cómo estimar el valor

Una vez identificados los elementos de la P.I., todos deben ser examinados para ver quién es el propietario, si siguen estando vigentes, si pueden hacerse valer jurídicamente y si se están haciendo uso de ellos en la práctica. También se evalúa la importancia de cada uno de los elementos, atendiendo a factores tales como si corresponden a tecnologías esenciales para la empresa, cuál es la expectativa de vigencia de los derechos de P.I., y si existe una exclusividad, real o potencial, sobre la tecnología.

Al intentar estimar el valor de cualquiera de estos elementos, es útil preguntarse cuál sería el costo de sustituirlo si se perdiera, cuáles son los ingresos que se prevé obtener con él y cómo se está utilizando.

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