Qué problemas te vas a encontrar si buscas un buen fabricante

Está de moda la economía digital, con lo cual la productiva tiene muy poco tirón en Occidente y menos en Europa.

“Apenas un 2% de los proyectos que analizamos en EAE son de economía productiva. No está de moda”, confirma el profesor Ángel Andreu. Y es cierto, no es raro encontrar herramientas y mecanismos de refuerzo destinadas a startups de nuevas tecnologías e internet, mientras que las industriales que requieren de producción, almacenamiento, logística y distribución se ven abocadas al endeudamiento, las penurias y la falta de estructuras adecuadas.
En este artículo vamos a analizar cuáles son los principales obstáculos a los que tienen que hacer frente y cómo resolverlo:

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Ausencia de fabricantes adecuados

El gran problema de los emprendedores industriales es que, al tratarse de tiradas pequeñas, les cuesta encontrar fabricantes adecuados a precios asequibles. En Europa las producciones son más pequeñas pero, a cambio, los precios son también más altos, porque los costes sociales son más elevados. En los países asiáticos los precios son más interesantes, pero las tiradas son imposibles para los emprendedores que empiezan. Además, aquí tienes el problema añadido de la dificultad de controlar la calidad, los retrasos, el poco respeto a la propiedad intelectual. Como aconseja el profesor Alfredo Rodríguez, “en las primeras fases, evita producir en estos países”.

Precios desorbitados

Es otra consecuencia del tamaño de las tiradas: cuanto más pequeña, más se encarece el coste por unidad. El gasto para poner en funcionamiento una máquina es siempre el mismo, independientemente del número de unidades que se produzcan. “Uno de los costes más altos es el de inventar algo, de arrancar. Es decir, el arranque de una camiseta con etiqueta de pvc te costará 200 euros, pero si lo haces para 200 te costará un euro y si lo haces para 1.000 te saldrá a 0,2. Intentas entonces utilizar en dos pedidos o enviárselos a los proveedores para que lo incluyan en gorras, por ejemplo”, explica el emprendedor Eduardo Marques, un proyecto que nació en 2007, “de una forma bastante espontánea. Yo me hacía mi propia ropa (camisetas, polos y sudaderas). La gente de alrededor empezó a pedirme cosas y decidí que por qué no vender lo que hacía para pagarme unos viajes deportivos. Poco a poco, fue creciendo y ahora mismo hacemos producciones de entre 40.000 y 50.000 prendas al año, tenemos dos franquicias y el objetivo es abrir cinco más en breve. Hacemos mucha distribución online, trabajamos conmarketplacede renombre y con nuestra tienda online”.

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Proveedores poco interesados

“Siempre se ha aceptado como algo natural la dificultad para vender, pero cuesta más entender las dificultades para comprar, ¿por qué? Tú eres un emprendedor, pero el mercado te ve como una marca, de manera que tus competidores, al hacer cantidades más grandes, compran más barato. La dificultad es conseguir precios razonables con cantidades más pequeñas”, señala Marques. A la hora de comprar materia prima, no es lo mismo ser una gran superficie que un pequeño productor. Los proveedores lo saben y aprietan al máximo en el precio y en la disponibilidad.

Más caro y más difícil de financiar

El emprendimiento industrial es intensivo en capital desde el primer momento, “porque normalmente hay que hacer frente al desarrollo de un prototipo, los tests y pruebas para el testeo de mercado, las correcciones, el lanzamiento de las primeras unidades, el coste de la logística y la distribución de estas unidades... Pero todo ello es necesario para garantizar el paso a la producción”, insiste Rodríguez. Y todo ello antes de vender ni un solo artículo y sin realizar ningún tipo de ingreso. Es decir, hace falta un importante remanente de capital antes de empezar y con muy escasos apoyos porque hay muy pocas iniciativas, tanto públicas como privadas, apoyando este tipo de emprendimiento.

Competencia desleal

Las empresas productivas europeas están en desventaja con las de otras partes del mundo porque aquí cumplen las ISO 9.000 y la ISO 20.000 y tiene que enfrentarse a empresas que no están obligados a cumplir esos acuerdos.

Cuidado con la propiedad intelectual

Como explica el emprendedor Antonio Martín, “es importante tener algún tipo de seguridad de que tu dispositivo no será replicado con facilidad por una tercera parte”. Butano24 es un sensor que convierte a las bombonas de butano en un dispositivo de IoT (Internet de las Cosas) a través del 4G, “es decir, un dispositivo electrónico que interacciona con una app. Este desarrollo exige un ejercicio multidisciplinar que difícilmente es asumible por el equipo inicial”, lo que les obliga a interactuar con otros actores. Una relación en la que también puede entrar en juego otro tipo de conflicto: “Si no hay recursos propios para desarrollar la electrónica, lo usual es recurrir a una ingeniería que cubra los aspectos de diseño y programación firmware y tienes que tratar muy bien todo lo relativo a la propiedad intelectual”.

Homologaciones, un coste oculto

Para poner un producto en el mercado, es necesario cumplir con normativas y regulaciones técnicas en función del país. “Para ello se tienen que realizar ensayos en laboratorios acreditados y, en función de las aplicaciones, pueden ser necesarios ensayos adicionales”, explica Martín. Es un apartado que no se suele tener en cuenta en la planificación y que implica tiempo y dinero. Todos estos problemas se engloban en uno: encarecen –y mucho– el producto: “Para no reducir los márgenes, rodea tu producto de intangibles que le aporten valor”.

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