Ideas para convertirte en un jefe popular

Confíar en tus colaboradores, escuchar sus sugerencias, celebrar juntos los éxitos...

Los expertos afirman que los líderes populares –quienes aplican las modernas teorías de la inteligencia emocional– reportan beneficios a todas las partes: reducen el estrés de los empleados y la empresa gana en competitividad. Los jefes que se muestran cercanos aumentan la motivación e inciden directamente en el rendimiento de los empleados, incrementándose éste hasta en un 35%.

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Por tanto, no hay excusa para no convertirse en un jefe bueno, o al menos intentarlo, sobre todo si se tiene en cuenta que el 72% de los mandos en España se van de la empresa por la relación deficiente con sus jefes.

Nuevos jefes

Está claro que los jefes ya no son lo que eran. En el siglo pasado el jefe era por definición una persona que sabía mandar, ordenar y perseguir a todo el mundo para asegurarse de que se hacía el trabajo tal y como él había decidido.

Hoy día, el papel del jefe se ha convertido en el de líder. Alguien que debe guiar a su gente motivándola y enseñándola. Mandar no requiere compañía, pero liderar sí. Los resultados son demostrables: empleados más motivados y responsables, trabajando en una empresa más rentable.

Pero ¿cómo convertirse en un jefe popular? Los expertos han elaborado las siguientes recomendaciones:


Dedícate a tu gente. Es muy importante la actitud de servicio: el jefe sirve al grupo, y no al revés, ésta es la clave de la confianza. Pero, sobre todo, debe amar a su gente, no se concibe un líder que no quiera a los que confían en él.

Un jefe debe ser, y parecer, una persona preocupada por la empresa y por sus trabajadores. Conviene que genere un clima de confianza para que la gente no tema expresar sus opiniones y comparta sus ideas con él. Aunque también es importante que los colaboradores reciban la formación necesaria para ofrecer el mejor rendimiento posible.


Buen ambiente. Conviene estudiar en qué ambiente pueden jefe y empleados trabajar con eficacia y comodidad, tanto de forma individual como colectiva. Y establecer mecanismos que permitan una comunicación fluida con el personal.

Dirigir con autoridad. Cuando debes dar una orden, el contenido es mucho más importante que la forma en que la transmites. En consecuencia, si has tomado una decisión de acuerdo con el resto del equipo, no es lógico que después trates de convencerle. Tener que decir ¡es una orden! es síntoma de que hay problemas. Por eso, antes de ordenar algo, ten claras tus necesidades. Si lo haces, tu voz y tus gestos lo reflejarán. Pregunta al personal si tiene alguna objeción para poder eliminar de raíz el problema.


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El valor de la coherencia. Demuestra coherencia en el ejercicio de tu autoridad a fin de que la gente confíe en ti y te respete. De este modo evitarás malentendidos y reducirás el peligro de generar rencores o ganarte enemistades. Ser coherente no significa ser demasiado permisivo con la plantilla. Siempre que seas honesto, directo y justo con los demás, éstos aceptarán de buen grado tu autoridad, incluso en los momentos difíciles o de gran tensión.

Saber comunicar

Ser jefe implica ser un buen comunicador: para llegar a los demás, para repercutir con tu mensaje, para trazar un canal de feedback, básico para entenderse. Se trata de eliminar las barreras jerárquicas en el equipo para que todos comprendan los mensajes sin dificultad.


Abrir canales de comunicación. Comunica el mensaje personalmente siempre que te sea posible, así te asegurarás de que se ha comprendido. Además, para cerciorarte de que tus órdenes se han ejecutado de forma correcta, intenta llegar a todos los niveles. Pasa todo el tiempo que puedas con el personal y déjales claro que estás dispuesto a escuchar sus sugerencias y, aún más importante, a responderlas. Recuerda que las buenas ideas no son potestad del líder sino que pueden venir de cualquier otra persona. Aprovechar el conocimiento que cada miembro tiene de su cometido puede ser una ayuda valiosísima.

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Puertas abiertas. No se esconda tras la puerta cerrada de un despacho privado y fomente la comunicación. Facilita las relaciones entre los miembros de tu equipo disponiendo la oficina de modo que puedan encontrarse e intercambiar impresiones. Una oficina diáfana favorece mucho más la comunicación que un despacho cerrado con mesas cuadradas. Y siempre conviene disponer de mesas redondas en zonas tranquilas para celebrar reuniones.

La clave es encontrar el justo equilibrio entre la facilidad en el trabajo y la eficiencia. Para facilitar el intercambio de ideas, algunos grandes empresarios estadounidenses han cambiado los despachos ejecutivos por oficinas cara al público. Sin embargo, en Alemania y Gran Bretaña prefieren los despachos ejecutivos por razones de prestigio, aunque resten fluidez a la comunicación.

Dirigir con transparencia. Una dirección transparente conlleva el intercambio regular de información entre el líder y los miembros del equipo. Las estrategias y los problemas se debaten libremente y todos los miembros realizan propuestas. Como consecuencia, se genera un clima laboral positivo y estimulante: el personal se siente implicado en la toma de decisiones porque sus opiniones se tienen en cuenta. Pero también es positivo para el jefe, que de este modo se mantiene al corriente de cuanto ocurre y sabe en todo momento cuáles pueden ser los problemas.

11 consejos para empezar a aplicarlos mañana mismo

Este no es un catálogo de buenas intenciones. De la experiencia de muchos directivos y expertos en liderazgo cabe extraer una serie de recomendaciones que pueden ponerse en práctica en el día a día del trabajo sin grandes dificultades.

1. Diversión contra el estrés

Crear en la empresa un ambiente de energía ayuda a convertirse en un jefe querido. No hace falta tener caras largas para conseguir trabajar al máximo y de forma eficaz. Reír es terapéutico, sano y contagioso. Teniendo en cuenta los asombrosos costes asociados al estrés, una de sus obligaciones [del jefe] consiste en evitar que sus colaboradores o cualquier otro miembro de la organización se vean sometidos a situaciones de tensión. Una vez por semana proponga a sus empleados hacer algo diferente para que se relajen.

2. Procura no sentirte ofendido

Cuando otras personas hagan comentarios groseros de un modo deliberado o inadvertido, se te plantean, dos alternativas: sentirte profundamente herido y en consecuencia debilitado mentalmente, o ignorarlos por completo, incluso reírte de las circunstancias y experimentar una mayor energía vital.

3. Motiva con elogios

Los elogios son útiles como elemento de motivación y se deben hacer cuando una persona ha realizado un esfuerzo, ha logrado algo nuevo, ha sido de gran ayuda o, simplemente, se lo merece. El hecho de quese pague a un empleado por desempeñar un determinado cometido no significa que hacerlo bien sea sólo parte de su responsabilidad. Todos sabemos lo agradable que resulta que un jefe al que respetamos nos elogie sinceramente.

4. Explica tus decisiones sobre ascensos

Considere los sentimientos del resto del personal al ascender a alguien. Procura explicar a los afectados por qué consideras que el candidato seleccionado era el ideal, y recuérdales que habrá nuevas oportunidades. Si alguien expresa sus reservas, averigua los motivos.

5. Escucha al personal

Un clima laboral óptimo se puede conseguir si el directivo mantiene una buena comunicación con el personal. Si demuestras que les escuchas y que valoras sus opiniones, el personal te hablará con franqueza y sin miedo. Aprovecha las conversaciones informales, sean individuales o en grupo, para exhibir esta habilidad receptiva. Deja claro que incluso las críticas negativas son útiles porque sirven para mejorar.

6. Busca el consenso

Hay que tomar, siempre que se pueda, decisiones consensuadas. Discutir un problema con algunos colaboradores y estudiar conjuntamente las diferentes alternativas es, con frecuencia, la mejor manera de preparar una decisión. Pide a tus colaboradores que no duden en exponer sus opiniones y tenlas siempre en cuenta.

7. Da mayor libertad al equipo

Es importante dar la mayor libertad posible al equipo, asignándoles tareas completas y dejándoles aplicar sus propios métodos, sin dejar de realizar sugerencias para mejorar su trabajo. De esta manera les permitirás explotar todo su talento. Déjales pensar libremente para que puedan aprovechar su capacidad de reflexión.

8. Gánate su confianza

Un líder debe demostrar una y otra vez, con hechos y palabras, que es digno de confianza. Aun así, siempre habrá quienes crean que tiene una cara oculta y que si da confianza es, en realidad, para disponer de la de su gente y aprovecharse de ella.

9. Ocúpate de tu gente

Como jefe, su primer deber es ocuparse de su gente, garantizar las mejores condiciones de trabajo posibles y dedicar la atención necesaria a las propuestas razonables de cambios o mejoras. Además, debes vigilar el bienestar del personal. Haz excepciones para ayudar a algún miembro en dificultades y actúa inmediatamente si detectas algún problema. Tu objetivo debe ser evitar que los problemas se agraven: pregunta, y si hay algún problema, intervén.

10. Celebra los éxitos

Los buenos resultados aportan confianza a la plantilla. Para consolidar esta confianza, celebre los éxitos personales o globales mediante presentaciones, entregas de premios u otros sistemas. Si alguien comete un error, hay que hacérselo saber sin acritud, pues los trabajadores comprometidos ya son suficientemente autoexigentes.

11. Ofrece apoyo

El mejor apoyo que se puede ofrecer no cuesta nada y es psicológico: la lealtad. Pero si quiere que la gente sea leal, empiece por usted mismo. Si un empleado tiene problemas, ayúdale. Pero recuerda que el apoyo material también es vital. Proporcionar a tu equipo los medios y recursos para que puedan mejorar en su trabajo es tu obligación.

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