Así se comportan los clientes impertinentes. ¡Aprende a tratarlos!

Hay clientes que uno no desearía ni siquiera para su competencia. Dan más dolores de cabeza que satisfacciones y suelen ser poco rentables.

No todo los malos clientes responden al mismo perfil pero, casi siempre, suelen presentar alguna de las siguientes características:

Son conflictivos.

Suelen complicar las relaciones presentando infinidad de problemas: agresividad, inseguridad a la hora de tomar decisiones, negatividad...

Son poco rentables.

Normalmente, no son los clientes más rentables y lo que aportan a la empresa no compensa el trabajo y el esfuerzo que se les tiene que dedicar.

Son exigentes.

Acostumbran a interrumpir constantemente los quehaceres diarios del personal con sus dudas y problemas.

No saben escuchar.

Sólo escuchan lo que a ellos les conviene y no atienden a razones ni diálogos.

Monopolizan 
nuestro tiempo.


Piensan que tenemos todo el tiempo del mundo para atenderlos, sin importarles que haya más clientes.

Son desconfiados.

Están siempre alerta y en continua vigilancia de lo que decimos y hacemos.

Son poco comprensivos.


Cuando tenemos que disculparnos de algo, tienen una actitud egoísta y muy poco conciliadora.

Son infieles
 en las relaciones.


No tienen ningún lazo sentimental con la empresa y suelen presentar un amplio currículo de compañías en las que han dejado su huella.

Son pesados.

Abruman con comentarios, insinuaciones, quejas, visitas, peticiones, etcétera. Vamos, unos auténticos plomazos.

Buscan el
corto plazo. 


Su interés comercial no suele ir mas allá de operaciones especulativas o que se realizan en el momento.

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