Errores que cometen los emprendedores cuando hablan con un periodista

Emprendedores que contactan con los medios de comunicación informando de su existencia y de la disruptiva solución que se traen entre manos o acaban de lanzar. La práctica está bien y, por regla general, es algo que se agradece. Pero ¿qué sucede cuando te encuentras en situaciones como estas?

Se preserva aquí el anonimato de las fuentes para no herir sensibilidades, pero las conclusiones que se extraen corresponden a casos y situaciones reales que, como en esta, suponemos que se vive con demasiada frecuencia en todas las redacciones. Suelen contactar por correo electrónico y se presentan como emprendedores que están desarrollando un negocio o acaban de lanzarlo, muchas veces “único” . Hasta aquí bien. Ambas partes salen ganando. Pero sucede a veces que cuando el periodista atiende a la demanda y contacta con el interesado se lleva sorpresas del tipo siguiente:

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Solo tienes una idea. Has identificado un problema y se te ha ocurrido una forma para solucionarlo. Lo de menos es que sea propia o una réplica porque lo determinante es la ejecución. Por eso respuestas como: “eso todavía lo tenemos que ver”, cuando se les pregunta por las vías de ingreso o “nuestro modelo de negocio consiste en propiciar la vida sana” no dejan de sorprender.

No quiero que aparezca mi nombre. “Es que no me interesa que salga el nombre porque estoy pendiente de una oferta de trabajo que me gustaría compatibilizar con este emprendimiento. Igual me perjudica salir en los medios”. Comentarios como este son más frecuentes de lo que cabe esperar. Al redactor siempre le queda la opción de atribuir las declaraciones a fuentes genéricas tipo “según la compañía”, o “dicen los fundadores”, pero también le surge la duda sobre si firmar o no con su propio nombre un contenido por el que no da la cara ni la fuente original.

No me interesa que salga esto. Otra práctica habitual es proporcionar al periodista la información completa para situarle en contexto y facilitarle una visión amplia del tema. El problema viene cuando luego se empieza a acotar, de todo lo dicho, lo que es publicable y lo que no. “Esto no me interesa que salga”, suele ser la advertencia, ignorando que el punto de vista prioritario para un redactor debe ser el lector y, vale, en ocasiones también el medio para el que trabaja. Pero plantearse lo que interesa a la empresa que informa tiene otro nombre.

Cuando lo que preocupa es solo la marca personal: “Inquieto y apasionado, muy detallista y con voluntad participativa…perfección, orden y rigor lo definen y lo llevan a doctorarse en…” Es el extracto real de la presentación de un emprendedor que parecía haber confundido la dirección del correo de Infojobs.

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Me vas a mandar el texto antes de publicarlo ¿no? También un planteamiento bastante habitual. En determinados casos la desconfianza puede llegar a entenderse si se trata de un desarrollo complejo o de algún tema sensible o muy polémico, pero no siempre coincide con el perfil del demandante. A pocos periodistas les gusta escribir al dictado, ni al de la fuente ni al de las órdenes de publicidad, aunque en este segundo caso se hagan salvedades. Una solución para aquellos que no terminan de confiar en la capacidad del redactor para entender y transmitir lo que quieren podría ser elaborar un texto propio o una nota de prensa con las explicaciones claras, cediendo luego al periodista la potestad para adaptarlo al medio. No a la inversa.

No tenemos foto: Cierto que hasta hace unos años lo normal era enviar a un fotógrafo o reportero gráfico a hacer las fotos de los entrevistados. Sin embargo, a raíz de la proliferación de los medios digitales, se ha impuesto la costumbre de pedir las fotos a los protagonistas de la información. La mayoría disponen de alguna para compartir con los medios que la solicitan, pero los hay también que contactan sin haber previsto esta necesidad. La reacción inmediata suele ser reunir a la parte del equipo que está a mano y tirar del móvil, una práctica poco recomendable como imagen de la compañía. Mejor es esta otra fórmula: “Si estás interesado me encantaría enviarte más información. Tenemos una nota de prensa y material gráfico preparado para ti. Puedes contactarme a través del correo…y del número…”.

Tienes la agenda demasiado apretada: Bien que no te lances a contestar al teléfono al primer tono y que todo emprendedor, como cualquier otro, debe priorizar las tareas del día. Pero a veces llama la atención que, después de recibir el mail de presentación, cueste tanto contactar con el supuesto interesado y acordar una hora. Al final parece que se invierte el orden de intereses. “Ya me dices un día y una hora para reservarte un hueco en mi agenda y hacer la entrevista”.

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Cuando eres una agencia de comunicación y el cliente es poco colaborador: No siempre es el equipo emprendedor quien toma la iniciativa de contactar con los medios. Algunos con más recursos delegan este trabajo en agencias especializadas de comunicación que ejercen de intermediarios entre el cliente y las distintas publicaciones. Estar en medio no es tarea fácil, pero los hay que se empeñan en complicarlo aún más. Nos referimos a esos clientes pocos colaboradores que no terminan de posponer fecha y hora de las entrevistas ya concertadas, que quieren el cuestionario por anticipado, aunque sea la primera vez que el periodista oye hablar de esa empresa, o que despachan cuestionario con demasiada ligereza. Valga este ejemplo siguiente:

-Pregunta: “Principales delitos que pueden cometerse y vacíos legales que existen en (un sector concreto) y lo que podría implicar cada uno de ellos"
-Respuesta: “La pregunta no está bien formulada porque por el hecho de que no estén todas las (empresas de ese sector) reguladas no implica que puedan cometer delitos"
-Pregunta: "¿Quiénes serían los más afectados?"
-Respuesta: "Los afectados serían los terceros perjudicados como consecuencia de un error profesional incorrecto".

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Cuando no tienes paciencia para explicar lo que haces. De los periodistas suele decirse que saben de todo y son maestros de nada. Cierto que es imposible estar al día de todos los temas por eso entre sus cualidades debe estar la de saber localizar buenas fuentes. En la mayoría de los casos, la calidad de un artículo no reside en el virtuosismo del redactor, sino en la fuente, el maestro en este caso, y su capacidad para transmitir y comunicar el contenido clave. El abuso de tecnicismos, anglicismos y jerga especial tampoco ayuda a la comunicación.

Incoherencia con la temática de la publicación. Si, a esta redacción llegan correos de todo tipo, desde estrenos de película hasta la elección del mejor disco del año según una “mítica y veterana sala."

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