Estos son los incompetentes de tu empresa. ¡Seguro que conoces a más de uno!

Tener un jefe, un compañero o un subordinado inepto suele, por lo general, deteriorar gravemente el clima laboral. 

1) El burócrata

¿Cómo es? Una persona sumamente ordenada cuya voluntad siempre se supedita a las normas establecidas. Para él, todo está escrito. Si hay que hacer algo no previsto se pone nervioso, sobre todo cuando alguien lo realiza sin que esté clara su autoridad y responsabilidad.

Efectos. Puede hundir la empresa porque cuando hay un problema que no encaja con el reglamento, no piensa en cómo solucionarlo, sino en las normas que impiden cualquier solución factible.

Consejo. Reconocerle que el orden, el método y la obediencia a los reglamentos son necesarios, pero tiene que comprender que la razón es aún más indispensable.

2) El visionario

¿Cómo es? De visionario a empresario muchas
 veces hay tan solo un paso. Un visionario es un entusiasta de la innovación. Siempre se le ocurren cosas nuevas que, según él, van a ser un éxito. Su incompetencia determina porque casi nunca es capaz de transformar esta visión en algo realizable, y hacerlo realidad. Esto es lo que le diferencia del verdadero empresario.

Efectos. En las reuniones suele provocar una revuelta de ideas e impide que se llegue a conclusiones
 concretas.

Consejo. A veces se saca algo útil de sus ideas aparentemente disparatadas.

3) El politiquero

¿Cómo es? Lo importante para él es estar cerca del poder, y utilizará cualquier medio para conseguirlo. Puede resultar amable y cordial, pero su discurso es enigmático y nunca muestra claramente su intención. Establece contactos con gente influyente. Negocia siempre a varias bandas y no se sabe bien en qué lado está.

Efectos. No se le puede hacer responsable de nada malo, pero tampoco se puede decir que haya logrado nada concreto.

Consejo. Dale la vuelta a la tortilla. Cuando se te acerque con su discurso enigmático, no le contestes claramente y haz que muestre su punto de vista.

4) La anguila

¿Cómo es? Está siempre presente y delante de todo el mundo en los éxitos, como si fuera él el protagonista, pero cuando las cosas van mal desaparece.

Efectos. No aporta ninguna solución. Si alguna vez anima a alguien a lanzarse a algún proyecto difícil, que acaba directamente en el precipicio, se escurre como una anguila y queda a salvo.

Consejo. Cuando notes su ausencia en una situación problemática, pregunta por él delante de todos. De esta forma quedará en evidencia y cada vez le será más difícil escurrirse o escurrir el bulto.

5) El llanero solitario

¿Cómo es? Lo quiere hacer todo porque cree que nadie hace las cosas como se debe. Camina en solitario sin contrastar nunca sus ideas y opiniones. Siempre ocupado, no tiene tiempo para hablar con nadie. Trabaja 15 o 20 horas diarias, porque está convencido de que sólo se pueden alcanzar resultados dedicándole mucho tiempo al trabajo.

Efectos. Nadie puede abarcarlo todo, por eso muchas veces se le escapan cosas importantes. No escucha, no deja hablar ni actuar a sus colaboradores, impidiendo que éstos progresen y demuestren su eficacia.

Consejo. Todas las iniciativas que le propongas le parecerán un error. Lo mejor es que las lleves a cabo sin tener en cuenta su opinión. El tiempo demostrará la eficacia de tus buenas decisiones.

6) El depredador

¿Cómo es? Perverso por naturaleza, su maldad esencial es hacer daño al prójimo sin sacar provecho propio. Aunque a veces aprovecha la ocasión para sacar ventajas económicas o políticas o para vengarse de ataques sufridos con anterioridad de depredadores más violentos.

Efectos. Es el principal causante de la falta de desarrollo, de la ineficacia y del espíritu de venganza. Provoca mucho trabajo improductivo y crea un ambiente de desconfianza que entorpece los negocios.

Consejo. Ignórale e intenta que se inmiscuya lo menos posible en tu trabajo. Nunca caigas en la tentación de devolverle sus jugadas con la misma moneda y recuerda que “no hay mayor desprecio que no hacer aprecio”.

7) El caprichoso

¿Cómo es? Ha creado la empresa a su gusto y es como un juguete para él. Trabaja sólo en lo que le divierte: unas veces está en la planta de producción, otras en la de publicidad y otras en la de marketing.

Efectos. Perjudica la rentabilidad de la empresa porque las ideas que se le ocurren no suelen ser sensatas, ni mucho menos realizables, sino que más bien obedecen al fruto de sus caprichos.

Consejo. Un colaborador competente debe tratar de persuadirlo para que no realice sus ideas descabelladas, e intentará hacerle ver que es mejor olvidarse de ello.

8) El 'cuñao' seudoprofesor

¿Cómo es? Lo sabe todo. Ha obtenido las mejores notas en su promoción y su actitud arrogante no genera demasiadas simpatías, salvo al puñado de adeptos a los que ha logrado engatusar. Cualquier contratiempo siempre le recuerda historias relatadas en libros y webs que le sirven para hacer un certero diagnóstico de lo que está pasando.

Efectos. La incompetencia aparece porque da soluciones para todo, pero demasiado teóricas y nunca sirven en la realidad. Aunque proporciona bastantes alternativas, todas muy bien evaluadas, nunca llega a una solución única y segura.

Consejo. Puede ser útil escucharle, pero no hay que recurrir a él para tomar decisiones, actuar o asumir responsabilidades.

9) El agujero negro

¿Cómo es? Ocupa un lugar bastante alto en la empresa, aunque no se sabe el porqué. Siempre llega tarde a la oficina, pero tampoco importa pues su presencia no es necesaria. Se le llama agujero negro porque toda iniciativa que tropieza con él es tragada por la poderosa fuerza de su pasividad e ineficacia.

Efectos. Nunca toma decisiones importantes que afecten a la empresa y siempre sugiere esperar y considerarlo con calma más adelante.

Consejo. Si eres superior, y si no se le puede echar porque está arropado por otro tipo de fortaleza, lo mejor es ascenderlo a un puesto no operativo, ahí no hará daño.

10) El supersticioso

¿Cómo es? Es víctima de impulsos y de estados emocionales extraños y, tal vez, enfermizos. No es una persona con un aceptable equilibrio emocional. Consulta con frecuencia el horóscopo y los días aciagos procura no hacer nada para no tropezar con la mala suerte.

Efectos. Sus presagios, sospechas o intuiciones de que algo saldrá mal generan un clima de desconfianza, que además le produce a él mismo un bloqueo, porque el supersticioso es incapaz de discurrir una alternativa.

Consejo. La idea fija con la que a veces se obsesionan puede convertirse en éxito, siempre que se evite el error de caer en el fanatismo.

Otros tipos

■ El criticón: Todo lo critica, nada le parece bien. Pero es que, además, él mismo lo hace todo mal, aunque no da ninguna orientación de cómo debe hacerse y él tampoco hace nada.

El enredón: Todo lo lía para sacar provecho personal o simplemente porque es incapaz de ver las cosas claras.


■ El científico: Tiene más interés en descubrir, explorar o investigar y no es capaz de pensar en los resultados prácticos.


El financiero: Su juicio sobre cualquier asunto lo supedita al balance o la cuenta de resultados.

El embaucador irresponsable: Entusiasma y compromete a los demás dejándoles en la estacada al no cumplir él sus propios objetivos.

■ El cobarde timorato: El más mínimo riesgo le impide tomar cualquier decisión, lo que supone paralizar toda la acción.


■ El aburguesado: Ve la empresa como un medio de producir renta para darse la buena vida.

■ El conciliador: Trata siempre de pacificar y buscar acercamientos. Pero su actitud suele ser torpe, porque no es capaz de enfrentarse con las opiniones encontradas que pueden ser fruto de la innovación y del cambio necesario.

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