Automotivación: pautas para 'levantarte' cuando ya no le ves sentido a tu trabajo

Sea cual sea la razón que te ha llevado a la desmotivación, no olvides que puedes luchar contra ella.

1. Eres protagonista, no víctima

Cualquier líder de la historia y de las finanzas es, ante todo, una persona automotivada. Para llegar a ese estadio, lo primero que ha tenido que desarrollar es un control absoluto sobre su vida. El primer paso es cambiar la forma de pensar y asumir que alcanzarla o no depende exclusivamente de uno mismo, porque sólo nosotros podemos reaccionar de una manera u otra ante las diferentes situaciones. Es decir, dejar de considerarnos víctimas de las circunstancias y pasar a ser protagonistas de nuestra propia vida. Debemos darnos cuenta de que nosotros mismos somos los autores de nuestras acciones y los responsables de alcanzar nuestros objetivos. Cuando uno adquiere conciencia de control sobre la propia vida, se siente fuerte para afrontar cualquier reto. Es el jefe de su propia existencia.

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Una vez realizado este cambio de actitud, acostúmbrate a pensar en positivo: la certeza y la esperanza de que podemos conseguir lo que nos proponemos nos acerca al triunfo. Ya lo decía Churchill: “Un optimista ve una oportunidad en toda calamidad y un pesimista ve una calamidad en toda oportunidad”. ¿Te has propuesto una meta? Pues adelante: inicia el proceso y mantente inasequible al desaliento. La paciencia y la perseverancia deben ser cualidades de emprendedores y profesionales. La primera, para que te ayude a mantener el nivel de tensión durante la espera (debes pensar en el largo plazo para que las estrategias tengan éxito). La perseverancia, porque es imprescindible insistir en el proceso, aun cuando en apariencia no sea fructífero.

2. ¿Qué te desmotiva?

Por regla general, no todo en el trabajo es negativo. Revisa los aspectos que te pueden resultar desmotivantes (un mal jefe, un salario estancado...) y sitúalos en una balanza junto a aquellos que consideres motivantes (un empleo que te gusta, beneficios sociales...). Sopesa los pros y los contras con objetividad. Puede que hayas realizado una elección equivocada o tal vez tus aspectos motivadores no estén claramente definidos. Cada uno debe establecer sus propias recompensas y valorar el deseo que quiere satisfacer y si es posible conseguirlo en la empresa. En cualquier caso, quizás tengas que destruir viejos hábitos. Comprueba qué factores negativos puedes eliminar: tal vez pueda ser el recelo o la desconfianza hacia tus subordinados, la envidia hacia los logros de tus compañeros, el miedo a no dar la talla o a que se descubran tus carencias, las indecisiones a la hora de elegir... Analizada la situación y, si las ventajas superan a las dificultades, tal vez llegues a la conclusión de que no estás tan mal como creías.

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3. Eres activo, no reactivo

La gente que quiere conseguir algo, lo logra. El problema es que la mayoría de las veces no sabe a ciencia cierta qué es lo que desea alcanzar. Se estima que sólo un 15% de las personas hace ese ejercicio de acción. El resto sólo reacciona ante las circunstancias. Los obstáculos en tu camino no deben frenar el avance. Las personas proactivas son las que llegan a ocupar los mejores puestos porque son las soluciones a los problemas, no los problemas en sí; son los que toman la iniciativa de hacer lo que resulte necesario y, finalmente, realizan la tarea, dice Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva. Robin S. Sharma asegura en su libro Las 8 claves del liderazgo del monje que vendió su Ferrari, que el liderazgo consiste en convertir intenciones positivas en resultados tangibles y formula su ley de intención decreciente: “cuanto más esperes para ejecutar una estrategia o una idea, menos entusiasmo sentirás por ella”. Así que, sea lo que sea lo que decidas hacer, hazlo ya. Refuerza tu autoestima con una lista de tus puntos fuertes, el recuerdo de éxitos anteriores, tu experiencia y tu preparación.

4. Fija logros que te hagan sentir bien y renuévalos

Establece etapas para ir logrando esos pequeños objetivos que te llevan a la meta y disfruta con su consecución. Realiza este desglose a nivel semanal y, preferiblemente, también a lo largo de la jornada de trabajo. Escribe los plazos porque el mensaje escrito refuerza nuestro compromiso y, además, resulta muy motivador ir tachando los avances. Y cuando los alcances analiza el por qué del triunfo. Así aumentarán las probabilidades de que en el futuro lleves a cabo acciones similares. Valora el esfuerzo de hacer algo por el simple hecho de hacerlo. En el día a día márcate unos objetivos más pequeños pero necesarios, como citarte con ese cliente difícil, ordenar los archivadores de tu mesa, poner al día la documentación de tu último proyecto y, si puedes, escríbelos en una agenda, poniendo la hora exacta en que empezarás y acabarás. Intentar conseguirlo
 será como un juego. Pero, además, es necesario renovar los logros de forma periódica y aprender a mantenerse automotivado constantemente. La autosuperación es fundamental. La automotivación es un proceso continuo, ya que cuando se alcanza una meta hay que plantearse inmediatamente la siguiente. Si no, corremos el riesgo de quedar estancados.

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5. Mejora tus posibilidades

Muy relacionada con la número 3, esta pauta nos obliga a analizar fríamente nuestras carencias. Es como el ejemplo del leñador y la sierra: aquel hombre que el primer día taló ocho árboles; el segundo, pese a poner el doble de entusiasmo, sólo alcanzó a cortar cuatro, y el tercero, aún después de dormir largas horas y levantarse descansado, se pasó toda la mañana aserrando un solo árbol. Al tratar de disculparse ante su jefe, éste le preguntó: “¿Desde cuándo no afilas la sierra?”

Para conseguir nuestra meta debemos invertir en nosotros mismos con el fin de desarrollar nuestro potencial. Ampliar conocimientos es casi un deber. A menudo es suficiente con inscribirnos en algún curso de informática, de perfeccionamiento o de idiomas. Otras veces pasa por cambiar algunas actitudes: ser más dinámicos, tener más iniciativa, aumentar nuestra flexibilidad... O conocer mejor la estructura de la compañía y las ventajas que podemos aportar.

6. Disfruta trabajando

Esta pauta está estrechamente relacionada con la anterior. Una persona inquieta siempre aspira a más, no le basta con satisfacer sus necesidades materiales, quiere sentirse bien cada día con lo que hace. Y es cierto. La labor que desempeñas te permite aprender algo nuevo cada día: cómo resolver satisfactoriamente un problema, cómo establecer una acertada estrategia de comunicación con ese cliente difícil. Cambia tu actitud y plantéate el trabajo como un auténtico placer. Para eso es imprescindible conocerse bien, porque sabiendo lo que me gusta y para lo que estoy capacitado, será más fácil encontrar aquella área en la que yo pueda encajar como un guante.

Ver las oportunidades

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Pero también es importante, acostumbrarse a ver una oportunidad en todo lo que antes representaba una amenaza: desde la tarea más dura hasta ese compañero con el que la convivencia resulta imposible pueden transformarse en un reto personal cuya superación te ayudará a contemplar tu trabajo como un desafío permanente y motivador. Si el estudio de los parámetros de ventas se te atraganta especialmente, piensa en la manera en que podrás desarrollarlos de una forma más efectiva y clara. Tal vez sea suficiente con recurrir a literatura específica o cambiar la forma en que lo has hecho hasta ahora. Transformar un área difícil en uno de nuestros puntos fuertes es una buena estrategia para que nuestra actividad resulte placentera.

Un experimento recomendado es el ejercicio del día 1: Contemplar cada día como si fuera el primero que se está en la empresa, en el que todo es nuevo y nuestra ilusión permanece intacta.

7. Enriquece tu puesto con nuevos proyectos

A menudo la desmotivación llega cuando uno considera que el trabajo no se corresponde con sus aspiraciones o piensa que está efectuando una labor inferior a sus posibilidades. Prueba a dar un giro a tu puesto con actividades compatibles con el desarrollo de tu profesión para hacer que cada día sea diferente. En el desempeño diario podemos hacer las cosas mejor, podemos ampliar nuestras tareas, tener iniciativa, tomar decisiones. Es aplicable a cualquier trabajo: un profesor puede limitarse a dar clases o también investigar y ampliar sus conocimientos con estudios; una mujer de la limpieza puede circunscribir su labor a fregar el suelo o aprovechar también para cambiar el agua de las plantas, sustituir los rotuladores viejos por otros nuevos. Imponte tareas de mayor responsabilidad antes de que nadie te las encargue.

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8. Establece unas pausas

Son perfectas para romper la monotonía y para recuperarse mentalmente. Pequeños lapsos que te permitan desconectar completamente de lo que estás haciendo. No pueden plantearse como un cambio de actividad sino como una desconexión completa para que nos ayuden a recobrar energía. Al revés que en el resto de las pautas, aquí es preferible que no te las marques de antemano sino que recurras a ellas cuando el cuerpo te lo pida. Una pausa inoportuna puede ser más estresante que un exceso de trabajo.

Oblígate a un pequeño paseo entre horas, a tomar una taza de café. Busca un momento de conversación con algún compañero o acércate hasta otro departamento a interesarte por su trabajo. Y preferiblemente recurre a los sitios que están más lejos porque, de esta manera, ayudas al cuerpo a ponerse en movimiento: usa la escalera en lugar del ascensor siempre que puedas, vete al cuarto de baño que se encuentra más lejos... Son pequeñas técnicas que te permiten aunar jovialidad y ejercicio físico.

9. Haz empresa y no negocio

Mientras el que hace empresa piensa en el medio/largo plazo, el que hace negocio sólo está pendiente del bolsillo y, en el momento en que las cosas no van según lo planeado, se vendrá abajo. El empresario busca proporcionar a la sociedad lo que ésta demanda: un producto novedoso, la forma de ofrecer un servicio... Usa pues tu ingenio para destacar en tu sector y ten la mente puesta siempre en el futuro: las grandes metas se consiguen en una carrera de fondo. Los profesionales, por su parte, deben buscar un sentido a lo que hacen.

10. Busca expectativas más allá de tu propio beneficio

El reto de conseguir algo que no existía antes en el mercado es un potente motivador, pero conviene tener una mayor conciencia social. No hay compañía que no haya nacido de un sueño, pero las estadísticas demuestran que el 50 % fracasa en dos años. Si tratas de encontrar esa necesidad que la sociedad demanda, es más fácil prosperar. Esa es la clave de la automotivación: ganar dinero debe ser un efecto de la empresa, no la causa. En el caso de un profesional, se trata de ajustar tus objetivos laborales a tus principios personales. No estamos hablando de intenciones metafísicas o espirituales. Tu profesión puede ser enriquecedora, respetable, creativa, socialmente comprometida, etc.

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Darle un sentido superior al trabajo

Consiste en plantear una estrategia de crecimiento laboral compatible con metas más trascendentales en la que todos salgan beneficiados. Por ejemplo, plantéate seriamente por qué quieres esa jefatura de equipo que persigues. Para automotivarte no basta con pensar en términos de justicia, es necesario que le des un sentido superior a ese objetivo: porque podrás implantar nuevas técnicas que mejorarán la calidad de vida de tus compañeros; aplicar ese sistema de ventas...

11. No temas al fracaso

Los fracasos son siempre una oportunidad de aprender. Son los peldaños de la escalera que nos empuja hacia arriba y así hay que contemplarlos. Pocos emprendedores exitosos han triunfado la primera vez. La oportunidad de mejora es clave. La capacidad de superar un revés y las situaciones más adversas es fundamental en cualquier situación. Antes de descubrir la electricidad, Edison tuvo que hacer frente a más de mil ensayos infructuosos. Al ser preguntado sobre qué pensaba de todos los errores anteriores, contestó: no fueron mil errores, fueron mil oportunidades de mejora. Y para sacar una lección de esa crisis o de ese error es imprescindible preguntarse qué es lo que ha ocurrido: la respuesta a esta pregunta “potencia la autoestima, fomenta la autoafirmación, amplía la conciencia y sirve para evitar que se repitan las equivocaciones”. Porque el problema no es el error en sí, sino la incapacidad de admitirlo, corregirlo y responder de forma creativa ante el mismo.

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Luchar por el éxito

Pero, ojo, también es fundamental tener claro un pensamiento determinante: justificar el fracaso es, muy a menudo, mucho más fácil que luchar por conseguir el éxito en un proyecto. Éste siempre requiere grandes dosis de constancia, sacrificio, esfuerzo y empuje. Las prisas, la falta de tiempo, el exceso de trabajo nos pueden llevar a cometer un error en los cálculos de facturación. No debemos flagelarnos por ello, sino analizar dónde ha estado la equivocación y corregirla. Pero esto sólo no es suficiente: si realmente deseas ser jefe de equipo deberás hacer frente a esas prisas, a ese exceso de trabajo y a esa falta de tiempo
 y organizarte mejor. Autoconvéncete de que tu gestión será un éxito.

12. Comparte tus dudas y miedos

El intercambio de opiniones es siempre positivo para empresarios, directivos y profesionales, y nunca debe ser considerado como un síntoma de debilidad. Al revés, las relaciones con otros individuos pueden convertirse en una inestimable ayuda psicológica. Esto es así por dos motivos principales. Por un lado, porque te permite saber lo que piensan otros sobre tus capacidades para alcanzar el logro que te has propuesto y, en segundo lugar, porque la opinión de otros empresarios o profesionales a los que admires te puede ayudar a relativizar considerablemente los problemas a través de sus propias experiencias.

Escuchar más que hablar

Pero, además, conviene fomentar la comunicación con el resto del equipo de la empresa o con los subordinados con el fin de ampliar nuestro conocimiento sobre cómo piensan los demás y ponernos, de esta manera, en su lugar. Para desarrollar esta capacidad de empatía, los expertos consultados insisten en que hay que escuchar el doble de lo que se habla para comprender y después ser comprendidos. Si intentamos ver el mundo a través de los ojos de los demás, resulta mucho más fácil entender la naturaleza de determinados problemas y conflictos, y contribuir así a su solución. Esto es especialmente importante en el caso de los directivos o empresarios. No en vano, no hay que olvidar que un jefe desmotivado puede contagiar de forma muy negativa a todo un departamento o a toda una empresa, y llevarlos a la desmotivación más absoluta. Como veíamos antes, el directivo o el empresario que se ve afectado por la llamada “soledad del jefe” tiende a dudar de la capacidad que él tiene para desempeñar con eficacia el puesto y, al mismo tiempo, se niega a compartir sus miedos con aquellos a los que considera subordinados. Sin embargo, muchas de las circunstancias que nos pueden llevar a esa situación podrían corregirse si nos molestásemos simplemente en verificar que nuestras órdenes han sido comprendidas en su totalidad o si nos molestásemos en tratar de comprender cómo entienden los demás sus puestos de trabajo. Cuando hemos conseguido desarrollar nuestra autoestima lo suficiente, resulta mucho menos traumático aceptar los comentarios negativos y las críticas que proceden de nuestro entorno y, de esta manera, resulta más fácil sacar partido de ellas para mejorar nuestra propia actuación profesional.

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13. Recupera la visión de conjunto

Los problemas hay que integrarlos en una visión de conjunto para que recuperen la dimensión real que tienen.
Es decir, ten la vista puesta en el resultado final e imagínate cómo te sentirás cuando acabes esa tarea que ahora te resulta desalentadora.

El escalador conoce muy bien esta situación: antes de alcanzar la cima de una montaña hay numerosos tropiezos que forman parte de ese todo que es la montaña. En general, nos falta la visión global de las cosas y tendemos a analizar las situaciones desde prismas preconcebidos. Es bueno tratar de proyectar el problema como si estuviésemos viendo una película en la que podemos ver el principio y el final de la trama y en la que somos los protagonistas absolutos.

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La ventaja añadida de esta pauta es que, al contemplarnos desde fuera, somos capaces de tomar una postura más objetiva ante los problemas. Es decir, antes de ser jefe de equipo deberás superar una serie de trabas y obstáculos, personales y laborales, que no deben ser magnificados sino enmarcados dentro de la estrategia general que te has planteado. Para ello, trata de identificar aquellos problemas que ejercen un influjo más negativo en tu actividad diaria y piensa cuál podría ser tu mejor reacción.

Una vez planteada la estrategia más positiva visualiza la situación con el mayor detalle posible, imagínate el conflicto y practica tu respuesta. De esta manera, cuando te encuentres el caso real te va a ser más fácil reaccionar de la forma correcta y que te afecte mucho menos.

14. Hay vida fuera de la empresa

A un empresario le cuesta más desligar su vida profesional de la personal. Sin embargo, es necesario fijarse unos límites. La falta de descanso y el sentimiento de culpabilidad por la incapacidad de alcanzar una estabilidad sentimental o familiar pueden provocar un desgaste físico y psíquico que te haga dudar de la utilidad de tu proyecto. Porque no todo en la vida es trabajo. Se trata de mantener el equilibrio entre lo laboral y lo extralaboral. Participa en otras actividades que contribuyan a elevar tu autoestima, tu compromiso con la sociedad y tu sentido de pertenencia a un grupo.

Puede ser colaborar con una ONG, una asociación vecinal o participar en las actividades escolares de tus hijos.

Mucha resistencia

Por otro lado, la automotivación requiere una gran energía y resistencia, dos factores que están estrechamente vinculados a una buena alimentación, un correcto patrón de descanso y un estado físico adecuado. La ingesta de alimentos debe distribuirse de forma regular entre las diferentes comidas de la jornada procurando llevar una dieta sana y equilibrada. Es importante respetar las horas de sueño para evitar la somnolencia o los síntomas de fatiga mental, como pueden ser la falta de concentración, la irritabilidad o el bloqueo.

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Por último, la práctica de algún tipo de ejercicio nos ayuda a sentirnos más dueños de nuestro propio cuerpo y, por extensión, de nuestra propia vida, nos permite desplazar la atención de los problemas psicológicos y favorece el descanso y la recuperación de la actividad mental. No es necesario apuntarse a un gimnasio. A menudo es suficiente con caminar a buen ritmo durante media hora todos los días.

15. Utiliza la automotivación sensorial

Lo que percibimos a través de nuestros cinco sentidos también juega un importante papel en nuestro estado anímico. Por eso es muy importante cuidar el entorno en el que se trabaja, eligiendo una luz determinada, ajustando la temperatura de la zona a nuestras necesidades, procurando que tu despacho o tu mesa sean lo más cómodos y estimulantes posibles, eligiendo ropa en colores alegres y motivantes para ti.


Motores de acción


Así que rodéate de aquellos elementos que más te impulsen hacia delante y de las representaciones físicas de tus razones para avanzar. Coloca fotos de personas o de objetos que puedan constituir un motor de acción. Pueden ser imágenes de nuestros seres queridos o los de aquellos que puedan erigirse en mentores emocionales (habrá para quien su modelo de acción sea algún líder sobresaliente de la historia o de las finanzas, vivo o muerto, real o ficticio). Si tienes posibilidad, dispón la mesa cerca de una ventana o desde donde puedas observar el exterior, escucha tu música preferida mientras trabajas y, volvemos a insistir, trata de expresar por escrito cuáles son tus metas generales, tus objetivos intermedios y tus estrategias para llevarlos adelante. Es la mejor manera de pasar de lo abstracto a lo concreto, y un factor motivador de unos efectos que sin duda te sorprenderán.

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