Curiosidades y anécdotas del mundo de los negocios. ¡Te sorprenderán!

¿Conoces el origen del más recordado eslogan de El Corte Inglés? ¿Sabes cuál es el mayor ‘pelotazo’ inmobiliario de la historia?

Personajes: La gente más rara de los negocios

Puedes pensar que los empresarios de antes y de ahora están más cerca de Dios que de los hombres. Sin embargo, son tan humanos como cualquiera, con sus grandes hitos y sus miserias. Y sus historias, de lo más curiosas.

José Manuel Lara. José Manuel Lara, el fundador de la editorial Planeta, conocía como nadie la vanidad que puede llegar a alcanzar el gremio de escritores. Para rebajar tanto ego confundía adrede a los autores que tenía en nómina; a veces, con su rival más feroz. A Camilo José Cela le llamaba Torrente Ballester y a éste, Lázaro Carreter. Le divertían sus enojos.

Paul Getty. El magnate del petróleo J. Paul Getty, quien llegara a ser uno de los hombres más ricos del mundo, era un tipo de contrastes. Era un gran filántropo y un gran coleccionista de arte. Y, a la vez, un gran tacaño. Hizo instalar en su mansión teléfonos de monedas, para que quien quisiera hablar, pagara.

Mohamed Yunus. En el camino diario a la Universidad de Chittagong (Bangladesh), donde trabajaba, nació la idea: prestar 27 dólares a un grupo de 42 mujeres para emprender un negocio. Había inventado los microcréditos. Así fue como nació el Grameen Bank, el banco de los pobres.

Amancio Ortega. De repartidor de una tienda de confecciones a creador del imperio empresarial Inditex. Tras una primera aventura con Confecciones GOA, en 1975 abrió la primera tienda Zara en la calle Torreiro de la capital coruñesa. Lo que no se sabe es que en esa primera tienda vendía, sobre todo, discos y libros. Pero aquella aventura fracasó porque no podía competir con los míticos almacenes Barros. Así que se dedicó a la ropa. Paradojas de la vida, luego acabó comprando el local del megastore que Virgin abrió en La Coruña.

Henry Ford. Henry Ford revolucionó la industria del automóvil con la producción en cadena. El primer coche que fabricó así fue el modelo T. Pero Ford llevó sus métodos de producción demasiado lejos: todos los Ford T que fabricaba eran de color negro. “Pídame el color que quieras con tal de que sea negro”, se jactaba. General Motors se aprovechó de su rigidez y ofrecía coches de colores. Apeó a Ford del primer puesto de fabricantes de automóviles.

Botín padre. Tal era la fama de austero que tenía Emilio Botín padre que, un día, entrando en el siempre impoluto ascensor que le subía a la primera planta, donde estaba su despacho, vio que en el suelo había una colilla. “¿De quién es esa colilla?”, preguntó al servicial ascensorista. “Suya, señor, que la ha visto antes”, le dijo.

Murphy. Murphy, el de la ley, existió en la realidad. Se llama Edward A. Murphy Jr. y trabajó como ingeniero de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos haciendo experimentos sobre la tolerancia humana a la aceleración. Desde esa atalaya de experimentación concluyó que la tostada siempre cae por el lado de la mantequilla.

Rockefeller. John D. Rockefeller no tuvo una infancia precisamente feliz. Su padre imponía a sus hijos una disciplina inhumana. Cuenta en sus memorias que el tesón que aplicó en sus negocios lo adquirió de niño, cuando su padre le obligaba a ir al colegio en patines. Rockefeller era aquel muchacho que atravesaba a diario Central Park y recorría patinando las gélidas calles de Manhattan para ir o venir de la escuela. Por eso hay una pista de patinaje sobre hielo en Rockefeller Centre.

Ideas: Negocios nacidos entre la lógica y el desvarío

Las ideas pueden mover el mundo. Algunas, tal vez. Pero, como no queremos ponernos estupendos, nos quedamos con las que sólo han servido para llenar los bolsillos de quienes las tuvieron o para hacernos pasar ahora un rato divertido.

Pintalabios para los malos tiempos. Helena Rubistein se dio cuenta de que, en los periodos de crisis económica, se venden muchos más pintalabios que en las épocas de bonanza y crecimiento. “Cuando una mujer no puede comprarse objetos como un vestido o un anillo, opta por comprarse una barra de labios”, aseguraba. Y debía de tener razón porque ella comenzó a levantar su imperio cosmético en la Gran Depresión del 29 y lo terminó de consolidar durante la II Guerra Mundial.

Tiritas de color. Earle Dickson trabajaba en Johnson & Johnson y un día se le ocurrió la manera de liberar a su esposa de los incómodos vendajes que se ponía en los cortes que se hacía cocinando. Aplicó un parche de gasa a un esparadrapo y así inventó las tiritas, que en 1971 registró como Bandaid. Sus tiritas eran del color de la piel... de los blancos. No se sabe a quién se le ocurrió fabricarlas del color de la piel de la raza negra, pero el éxito fue rotundo.

Harley Davidson. En 1901, William S. Harley y Arthur Davidson se metieron en un cobertizo a inventar una moto. Con la ayuda de un hermano mecánico de Davidson y de algunos amigos, comenzaron a dar forma a su sueño. Los problemas fueron muchos, pero los salvaron con imaginación. Con tanta que para fabricar el carburador de la primera Harley utilizaron una lata de tomate.

Diamantes eternos. Al joven René Andrée, hijo de un empresario funerario de Berlín, se le ocurrió que, si el cuerpo humano es un 20% carbono y un diamante no es otra cosa que carbono cristalizado... Voilá! Así que abrió una nueva línea de negocio: compactar las cenizas de los muertos para que sus seres queridos pudieran convertirlas en un diamante para siempre. La eternidad por menos de 6.000 euros.

Apple. Steve Jobs siempre se ha llevado la gloria del éxito de Apple. Pero tan decisivo a ese éxito fue Jef Raskin. Matemático, músico y compositor, Raskin fue el creador del Macintosh, en 1979. Y fue el propio Raskin quien bautizó su creación. Dado que trabajaba en Apple, llamó a su ordenador Macintosh, que era su variedad de manzana favorita. En realidad, la variedad es McIntosh, pero tuvo que modificar el nombre por razones de copyright.

Bolsa: Lo más inaudito del parqué

La Bolsa puede darte mucho, pero también puede quitártelo todo. Pero lo que sí da es una colección de anécdotas y curiosidades para hacerte un rato agradable leyéndolas.

La Bolsa y las faldas. El economista George Taylor estudió en los años veinte la relación entre la evolución de la Bolsa y la longitud de las faldas. Y concluyó que, efectivamente, la hay. Según su peculiar teoría, en momentos de crisis bursátiles las faldas tienen a alargarse para ahorrar en medias. Curioso, muy curioso.

El origen de los índices. El Dow Jones, porque fue creado por los periodistas de The Wall Street Journal Charles Dow y Edward Jones en 1884. El Nikkei, porque lo elabora el periódico Nikon Keizai Shimbun.El FT100 de Londres, porque lo elabora el Financial Times (FT). El CAC 40 de París y nuestro Ibex 35 son convencionalismos.

El toro y el oso. En Bolsa, el toro simboliza el mercado alcista y el oso, el bajista. Es el mercado bullish o el bearish. No se sabe a ciencia cierta el origen de la mencionada simbología. La explicación más extendida es que se debe a que el toro embiste de abajo arriba, como la Bolsa alcista, y el oso, de arriba abajo,
como la bajista. Otros dicen que es por los respectivos perfiles de los dos animales.

Octubre negro. Tiene fama porque en octubre fue el crack del 29 y el crash del 87. Mark Twain decía que “octubre es un mes particularmente peligroso en Bolsa. Los otros son julio, enero, septiembre, abril, noviembre, mayo, marzo, junio, diciembre, agosto y febrero”.

Cultura y espectáculos: En el arte se cuecen negocios

Aunque el tópico diga lo contrario, la cultura, el arte y la ciencia están muy relacionados con el mundo de los negocios. Aquí van unas gotas de culturilla popular. Para que no digan que no te culturizas.

El león de la Metro. Fue el propio Samuel Goldwyn quien se empeño en simbolizar las películas de la Metro Goldwyn Mayer con un león. El primer león fue cazado en Sudán. Le llamaban el león de las siete vidas porque sobrevivió a un accidente a avión, al choque de dos trenes, al hundimiento de un barco y al incendio de los estudios de la Metro.

Marilyn. En 1946, Ben Lyon, jefe de reparto
de la 20th Century Fox, accede a contratar a una tal Norma
 Jean como figurante en una película. Le paga 125 dólares a la
semana y le cambia el nombre por el de Marilyn Monroe. Lyon y la Fox 
no supieron ver que aquella rubia explosiva llegaría a ser la mayor estrella
 de cine de todos los tiempos. Cuando lo vieron, en 1956, tuvieron que pagarle ¡ocho millones de dólares por siete películas!

Warhol. Después de una exitosa carrera como ilustrador publicitario, Andy Warhol decide dar el paso definitivo para convertirse en artista. Pero su pintura siempre estará a caballo entre el arte,
la publicidad y el marketing. A mediados de los sesenta pinta la serie de sopas Campbell, que sería la mejor publicidad para la marca. Por aquel entonces Campbell sabía mucho de marketing: setenta años antes comenzó a utilizar el rojo en sus botes porque estudiaron que el color rojo “hace que el producto avance hacia el consumidor”.

Walt Disney. Antes de que tomara forma, el pato Donald era sólo una voz, porque era un personaje radiofónico de un tal Clarence Nash. Un día, Walt Disney escuchó su voz de pato recitar una poesía y lo contrató. Luego, mandó a sus dibujantes crear un personaje que se adecuara a esa voz.

The Beatles. Los Beatles es el grupo que más discos ha vendido en la historia de la música. Pero los chicos de Liverpool no tuvieron unos comienzos fáciles. De hecho, después de mucho llamar a las puertas de las discográficas con sus maquetas debajo del brazo, consiguieron dos pruebas: una con DECCA y la otra, con EMI. Después de escuchar sus canciones, los visionarios de DECCA les dijeron que no les gustaba su sonido y que los grupos de guitarristas no tenían futuro. Los de EMI fueron más listos y los ficharon.

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