Decálogo para conseguir que tu jefe acepte tus propuestas

Si quieres conseguir que tu jefe acepte tus propuestas, prueba a poner en práctica este decálogo.

1. El momento perfecto

Cada persona tiene su biorritmo. Esta verdad es aplicable tanto a la hora de organizar nuestra agenda, como de decidir qué momento del día es el más indicado para conseguir la aprobación de nuestro proyecto, la firma del acuerdo que planteamos hace unos días, la ampliación de presupuesto... Observa y analiza bien las costumbres de tu jefe y pronto descubrirás cuándo es más propenso a la negociación, más distendido, más relajado...

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2. Escoge el escenario

El lugar ideal es su propio despacho, porque ahí se siente seguro, no tiene miedo a que le contradigan y escucha confiado las recomendaciones. Su despacho, la sala de reuniones... o incluso delante de una taza de café. Todo depende del tipo de relación que exista entre ambos. Un golpe de efecto certero es plantear una cuestión de trabajo en un momento inesperado porque le pillas con la guardia baja, pero no conviene abusar de esa táctica.

3. Divide y sacrifica

Divide tu gran proyecto en otros más pequeños y vete “negociándolos” o incorporándolos poco a poco. De esta manera podrás ir tanteando los límites de tu superior sin llegar a una crisis directa. Y cuando quieras la aprobación para un proyecto de envergadura o especialmente delicado, ten siempre preparado uno de menor enjundia que puedas sacrificar a favor del primero.

4. Usa bien las preguntas

Es la mejor estrategia para que tu jefe tomo tu decisión como propia. Se trata de indagar en lugar de exponer y hacerlo de forma activa, de manera que desde tus intereses acabes negociando con los suyos. Introduce un efecto psicológico muy acertado: a base de preguntas le dejas a él tomar la decisión. El secreto está en ir cerrando cada vez más las cuestiones. Estoy de acuerdo contigo, pero ¿no crees que tal vez si cambiamos esta ruta ahorraremos costes? ¿Cómo ves tú este proyecto? ¿Qué te preocupa más? ¿Qué te interesa? Es más útil cuando tratas a un jefe poco comunicativo y oscurantista. Se recomienda plantear preguntas del tipo: Necesito tal información para acabar el informe, ¿sabes quién podría dármela? ¿Tienes tú esa información? ¿El departamento tal podrá tener esta información que necesito? ¿Qué te parece si le pido esta información a menganito?

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5. Felicítale cuando sea procedente

Una felicitación sincera y concreta es un estimulador tremendo y obliga al congratulado a continuar con la misma política: ¡Qué bien fue la reunión, es la primera vez que acaba a la hora prometida y resultó de lo más fructífera! Este sencillo halago anima al jefe pero también para que la próxima vez que convoque otra reunión procure no alargarse indefinidamente. El poder de recompensa de la felicitación concreta y específica es tan fuerte que puede hacer que llegues a controlar a tu jefe.

6. Si discrepa, ganas puntos

Si la felicitación tiene un efecto revulsivo importante, con la crítica también puedes lograr los objetivos esperados. Se calcula que el 70% de los colaboradores no discrepa jamás con sus jefes, y no le saca de su error. No se trata de quejarse ni de actuar con hostilidad. El secreto está en exponer los planteamientos de la forma más sosegada posible y, preferiblemente, ofreciendo alternativas, de manera que pueda plantearse como una discrepancia proactiva. Se recomienda además utilizar tácticas sutiles no hace falta ser agresivo, a lo mejor un simple levantar las cejas como gesto de incredulidad ante una afirmación del jefe puede tener un efecto más demoledor que una crítica directa, porque de esta manera el jefe deja de escuchar su discurso para percatarse de las reacciones. No debemos olvidar que para el jefe resulta fundamental contar con buenos colaboradores.

7. Además en lugar
 de pero

Siempre que introducimos un pero, nuestro interlocutor lo interpreta como un rechazo a todo lo que antecede a la conjunción. En lugar de eso, plantea las alternativas precedidas por un además: Me parece muy bien tu planteamiento, además puedo aprovechar que tengo la agenda completa para quedar con el cliente a la hora del almuerzo y así el ambiente será más distendido. Es decir, el razonamiento siempre debe ser proactivo
 y en positivo: la botella siempre medio llena.

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8. Habla con él

A veces, la solución es muy sencilla: si algo no te gusta de tu jefe, házselo saber. Casi ningún jefe dirige mal a propósito, normalmente se equivoca sin querer. Sorprende la presunción de que no se puede hablar con el jefe y a veces lo que le hace reaccionar así es la soledad. Eso sí, nunca lo hagas en caliente, deja enfriar la situación o el enfado y sólo entonces plantéale la necesidad de reuniros diez minutos. Nunca lo hagas de forma agresiva ni con hostilidad. Evita el llamado efecto avalancha, que es aquel que empuja al colaborador a irrumpir en el despacho del superior alterado y ofuscado. Busca un momento en el que esté relajado y tenga tiempo para hablar y plantéale la cuestión en estos términos: Necesito hablar contigo 10 minutos, dime cuándo podemos hacerlo. 
Y anota todas las ideas importantes en un papel.

9. Realiza propuestas

Procura argumentar y documentar todo lo que vayas a exponerle al superior ya que pocas personas se resisten a mejorar las cosas si repercute positivamente en sus resultados. Para ilustrarlo, un ejemplo: No es lo mismo decir que no hemos podido hacer algo porque estábamos agobiados de trabajo,
 que decir Hoy hemos tenido 23 llamadas que nos han hecho perder x minutos cada una, en total son xx minutos, si hacemos los cambios tales conseguiremos reducir esa pérdida de tiempo en tanto. En definitiva, si algo no te gusta, no llores, no te quejes, propón.

10. Utiliza sus emociones

Aprende a reconocer las manías de tu jefe y toréalas, úsalas a tu favor: si es desordenado, conviértete en su antítesis, de manera que cuando quiera cierta organización le resulte inevitable recurrir a ti. Si tu superior es una persona si es puntillosa, ofrécele toda la información y todos los datos que pueda recabar para inspirarle confianza. Si se trata de un jefe es desconfiado, procura no enmendarle en público y, si lo haces, debes tener la precaución de utilizar expresiones del tipo de Como hablamos ayer... Eso ya nos lo habíamos planteado, ¿verdad?... De esta manera, dejas ver al resto de las personas que controlas la situación, pero no le inspiras temor a tu superior y, desde luego, no provocas una tensión innecesaria (y peligrosa) entre vosotros.

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