El descanso no es optativo

Tal vez sea la irascibilidad a un estímulo que no debería desencadenarla el síntoma más claro de agotamiento laboral.

Hay muchos otros síntomas que ponen en alerta la necesidad de un descanso laboral. Algunos tan evidentes que tienen un reflejo físico, como el desgaste dental a causa del bruxismo, que sólo genera el estrés, o el dolor de espalda, por no hablar de casos más graves. Saber frenar a tiempo cuando empiezas a notar alguna de estas señales no solo es un acierto sino también una necesidad “porque o paras tú o te para la vida”, es el aviso tajante de Jordi Vilá, director del Master Desarrollo Directivo Inteligencia Emocional y Coaching de EAE Business School.

Cuenta Jordi Vilá que cada vez que se reúne con algún equipo de empresa siempre se da el caso que al menos 1 de cada 4 reconoce llevar férula dental o necesitar servicios de fisioterapeuta. Luego los hay también que hablan de insomnio, desgana o problemas de concentración. “Todos ellos son síntomas palpables de que esa persona necesita unas vacaciones”.

El periodo mínimo para que ese descanso sea efectivo es una o dos semanas continuadas al objeto de desconectar totalmente y reconectar luego con el trabajo de forma mucho más eficaz. Nada de ordenadores ni nada de atender llamadas profesionales durante ese tiempo. “Mi consejo es que guarden el ordenador y el móvil en una pecera con agua. Pensar que no te cuesta nada contestar a un email es como querer hacer trampas al solitario. Lo que tienen que aprovechar es para hacer esas cosas que les gustaría pero que descartas a lo largo del año por falta de tiempo para disfrutarlas”, dice.

Las consecuencias del descanso también son evidentes. “Se produce el efecto de un folio en blanco. Retomas el trabajo con la ilusión renovada que favorece la aparición de ideas más frescas y mejores. Es lo que yo llamo la idea ducha. Pero, también desde una perspectiva empresarial, aumenta la productividad que, en definitiva, es algo que acaba reflejándose en la cuenta de resultados”.

Entiende el profesor que con una media de 8 horas diarias de trabajo es más que suficiente. Sin embargo, cada vez es más habitual encontrar a personas que prolongan la jornada durante 12 o 14 horas. “En países como Reino Unido, Alemania, Dinamarca o Francia se ciñen a las 8 horas y, sin embargo, son más productivos con nosotros”, observa. El motivo, sería en parte, el presentismo laboral, esa tendencia a pensar que cuanto más tiempo pasamos delante del ordenador o en cualquier otro puesto de trabajo, mejores empleados somos. “Aquí todavía parece que está mal visto abandonar el puesto antes de que lo haga tu jefe, aunque no estés haciendo nada”.

Decir también que las recomendaciones son válidas para los autónomos, generalmente más tacaños a la hora de concederse vacaciones que cuando las paga un tercero. “Lo que tienen que plantearse es qué pasaría el día que sientan un ataque de angustia o se queden inmovilizados por el motivo que sea. Las consecuencias económicas en su caso serían aún más complejas que en un contratado”.

Ya al margen del periodo vacacional, la otra recomendación de Jordi Vilá es aprovechar en el día a día los momentos de ocio para practicar alguna actividad que te guste para no acumular estrés. Valgan desde el ejercicio físico, hasta dar un paseo o leer un libro que te apetezca, pero siempre buscando el placer como recompensa.

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