La bombilla halógena se apaga para siempre

Salvo en algún caso residual, a partir del 1 de septiembre ningún establecimiento de La Unión Europea podrá vender lámparas halógenas.

La directiva de la Unión Europea referente a la eficiencia energética que incluye en uno de sus apartados medidas sobre la iluminación se viene aplicando desde el año 2009. O sea, que ha habido tiempo para adaptarse a la normativa que, de forma gradual, ha ido sacando del mercado los productos más contaminantes y menos eficientes. Después de retirar lo que los consumidores llamamos bombillas incandescentes, ahora desaparecen las lámparas halógenas de todo tipo para ceder el paso de manera definitiva a la iluminación con la tecnología LED.

Ya en septiembre de 2016 se anunció el fin de las lámparas halógenas, pero las autoridades decidieron dar una moratoria para dar salida a las existencias en stock. Todavía ahora los establecimientos que tengan en estocaje producto podrán distribuirlo hasta terminar con él “pero todo tiene un límite”, recuerda Alfredo Berges, director general de la Asociación Española de Fabricantes de Iluminación, Anfalum . La otra opción es vender en mercados no comunitarios permisivos con este tipo de iluminación. Queda también un pequeño nicho de mercado para las lámparas halógenas en casos muy residuales, como la iluminación que llevan algunos hornos y frigoríficos.

Crecimiento del mercado

En cualquier caso, el gran salto en España ya está prácticamente dado. Como observa Berges, mientras que en el año 2010 la iluminación LED representaba un 10% del mercado, el año pasado el porcentaje se situaba en un 63%, “casi 700 veces más, algo impensable en otros mercados. Yo lo comparo con un tsunami”. No obstante, el crecimiento ha ido acompañado de la implementación de la tecnología. Hasta hace unos años, la iluminación a base de LEDS, diodos emisores de luz, solo eran capaces de emitir una luz monocromática a baja intensidad. Sin embargo, hoy día esa barrera está solventada de manera que un LED puede emitir luz en cualquier espectro de color e intensidad, lo que lo convierte en una tecnología sustitutiva en el mercado de masas aplicable a la mayoría de los dispositivos de iluminación actual.

Así mismo, entiende el director general de Anfalum que “el cambio supone una disrupción tecnológica y una disrupción del mercado” en lo que supone un notable avance hacia un alumbrado inteligente, en el primer caso, y una revolución capaz de abaratar costes de consumo de entre un 50 y un 80% de la factura actual por este concepto, en el segundo. No obstante, como valores principales de esta tecnología resaltan la eficiencia energética (la iluminación LED utiliza el 95% de la energía para la luz y sólo% 5 se desperdicia al calor), la iluminación (mejor calidad de distribución de la luz) y su vida útil (según algunas fuentes, la LED duran seis veces más que las bombillas tradicionales, lo que reduce el número de reemplazos necesarios).

Los fabricantes

Ya en el mercado de masas, tanto los hogares como los establecimientos comerciales podrán beneficiarse del cambio. En lo que respecta a la adaptación de los fabricantes, algunas fuentes han hablado de la posible destrucción de 6.800 puestos de trabajo, una cuenta que a Alfredo Berges no le sale. “En cualquier caso lo que debemos buscar es la profesionalidad y ser cada vez más competitivos dentro de unos cánones de sostenibilidad y mejoras para la humanidad”.

Por su parte, los fabricantes de Anfalum siempre han garantizado el cumplimiento de los plazos de la eliminación de sus lámparas halógenas del mercado. El mismo compromiso piden a los fabricantes no adheridos a la organización y exigen la vigilancia exhaustiva por parte de los distintos Gobiernos de las comunidades autónomas.

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