El inversor que supo vender a España en Israel

Mark Kavelaars logró convencer a Giza, uno de los mayores fondos de inversión israelí, para que le confiasen 40 millones de euros para invertir en startups españolas.

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Mark Kavelaars

Fundado en 2014, Swanlaab Venture Factory es el único fondo de venture capital en España que cuenta con el respaldo profesional y económico del grupo de capital de riesgo israelí Giza Venture Capital (VC). Una alianza en la que Swanlaab contribuye con un equipo complementario de experimentados empresarios, financieros corporativos y profesionales de la inversión, mientras que Giza aporta dinero y la pericia financiera que resulta de un fondo con 20 años de historia, que brinda soporte operativo a más de 2.000 compañías en sus procesos de internacionalización y que cuenta con cerca de 40 ventas exitosas.

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El artífice de esta unión es Mark Kavelaars, un hispano holandés nacido en Madrid hace 47 años, que habla 5 idiomas y que dice reinventarse profesionalmente cada 8 años. Así, tras desempeñar cargos ejecutivos en sectores como el patrimonial o la banca privada, pasó luego a trabajar en el sector de la informática con cargos como gerente de desarrollo en Compaq Computer Europa hasta que, finalmente, se animó a dar el salto al emprendimiento. Lo hizo tomando en plena crisis las riendas de una empresa que su padre había fundado, IVC , una consultora nacida en 1979 con la intención de acelerar negocios. El hijo logró transformar la empresa creando nuevos servicios y enfocándola “al lanzamiento de nuevos negocios, por una parte, y a la gestión de empresas, por otra”. Ahora sabe que la escasez aviva el espíritu emprendedor y que él bicho de la emprendeduría’ que se inoculó en mucha gente con las crisis “ha venido para quedarse”.

La fábrica de empresas

Tras relanzar IVC, Mark Kavelaars concibe un nuevo proyecto, el de Swanlaab Venture Factory. “Descubrí que lo que me encantaba era lo que yo llamo fabricar empresas de éxito”, dice. Parte del convencimiento de que crear empresas es algo que puede sistemetizarse como cualquier otro proceso.

Más allá de la suerte y la improvisación, concibe la creación de una empresa como el diseño de un proyecto cualquiera en el que, si las cosas se hacen bien desde el principio, permite a las organizaciones crecer con solidez y de forma sostenible, un concepto, el de la sostenibilidad, que él antepone al de la escabalibidad. Y en esas mimbres que hacen que un negocio crezca y perdure en el tiempo, han de trabajarse, a partes iguales, el equipo, la tecnología y el mercado. “Tomar una buena idea y, alrededor de ella, construir un equipo de talento para luego meter procesos y, posteriormente, con el producto ya terminado, llevarlo al mercado tiene un sistema, un proceso. Si consigues hacer todo eso de forma ordenada, entonces haces que la tasa de mortandad de las empresas baje y que cuando estén fuertes, crezcan con más fuerza todavía. Esa es un poco la hipótesis que repetimos a todos los que nos quieren escuchar”, afirma.

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Las negociaciones con Israel

Y con ese discurso y comportándose como una startup cualquiera, se pateó Mark Kavelaars medio mundo en busca de socios que le ayudaran a montar su fondo de inversión, de Londres a Silicon Valley para desembarcar, finalmente, en Israel.

“Tenía claro lo que quería y cuál era el producto. Un fondo de inversión en empresas tecnológicas, en etapa temprana, serie o pre-serie A o serie B y solo en modelos B2B a punto de afrontar la ejecución del scale-up. Una palabra que ahora parece estar de moda pero que yo llevo usando años”. Para ello, el equipo integrante de Swanlaab tenía antes que ser capaz de aportar a las organizaciones un know how financiero y empresarial capaz de llevar a una compañía “del 0 al Nasdaq”.

“Todos los miembros del equipo de Swanlaab han trabajado y vivido al menos en 2-3 países, hablan varios idiomas y dominan áreas muy diversas. No tenemos ninguna figura, es decir, un nombre y apellido que arrase, todos nos lo hemos currado y seguimos trabajando a pulso por un concepto de negocio en el que confiamos”.

Vendiendo ese equipo multidisciplinar y complementario, pero también hablando “de innovación, del talento que hay en España y de su potencial”, consiguió persuadir Mark Kabelaar al fondo de inversión más antiguo de Israel para que le confiaran 40 millones de euros para invertir en startups españolas. Claro que a ello le precedieron numerosos viajes de inspección a España y muchas conversaciones. “Creo que vieron en España lo mismo que veían en Israel hace 20 años, pero al final fue una cuestión de encaje de valores, el pegamento que lo cubre todo, en cuanto a la visión de cómo crear y hacer crecer una empresa”.

El de España es, junto a otro similar en Polonia, los únicos fondos extranjeros a los que se ha unido Giza en estrecha colaboración con los respectivos equipos. “Si quieren ganar aquí también ellos tienen que invertir tiempo y dinero. Estamos a caballo entre Madrid y Tel Aviv pero también ellos vienen cada mes, celebramos consejos y hablamos todos los días por whatsapp. Todos los proyectos se estudian por el equipo completo y vienen expertos israelíes a evaluar proyectos españoles. Hemos visto más de 1000 proyectos, pero, por el momento, solo hemos invertido en 6 proyectos. Esto es un poco como el Operación Triunfo de las startups”.

La media de inversión de la gestora hispano-israelí es de 3-4 startups nacionales al año en áreas muy diversas. “A veces me gustaría que el ritmo fuese más rápido, pero es que tienen que ser buenas. No se trata solo de invertir en un activo tecnológico, sino de adquirir un equipo, un motor de crecimiento de una empresa. Queremos menos ruleta y más industria”, dice. Las españolas invertidas hasta ahora son: Coowry (fintech), Trappit (Traveltech), Saleslayer (WP/PIM), Unnax (solución de pago), Continuum Security (ciberseguridad) y, la última, la valenciana MySphera (IoT aplicado a la Salud).

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