¿Te preocupa demasiado tu cliente?, pues igual padeces el Síndrome de Wendy

El Síndrome de Wendy se relaciona con aquellas personas que se preocupan en exceso por complacer las necesidades y los antojos ajenos. Trasladado al mundo de la empresa puede derivar en jefes demasiado protectores o en emprendedores obsesionados por satisfacer a los clientes.

El síndrome de Wendy trasladado a los clientes

Si eres de los que piensa que los clientes siempre tienen razón y estás dispuesto a todo para satisfacer sus intereses, puede que estés aquejado por el Síndrome de Wendy. Acuñado en 1983 por el psicólogo Dan Kiley, el mismo que definió el Síndrome de Peter Pan, el de Wendy se aprecia en aquellas personas que sienten necesidad de complacer constantemente a otra para no molestarla. Wendy vendría a ser una especie de madre para el Peter Pan que se niega a madurar.

Generalmente va aparejado al miedo al rechazo y al abandono y, por razones culturales, se asocia más a las mujeres que a los hombres. Pero también se puede trasladar al mundo de la empresa con casos de jefes sufridores en exceso capaces incluso de realizar las tareas de los empleados para evitar conflictos. 

En cualquier caso se relaciona con una actitud de inmadurez que proyectan en los otros a los que tratan más como niños a los que hay que proteger que como adultos conscientes de lo que hacen. Claro que si, después de tanto miramiento, el padecedor del Síndrome de Wendy no ve sus esfuerzos recompensados, el proteccionismo puede derivar en ira y rencor, con el consecuente castigo. Porque, lo que oculta en el fondo la persona que se conduce así, es la voluntad de controlar el rumbo de otras personas.

El cliente no siempre tiene razón

Alex Tayar, cofundador de Flat 101, publicada un post en su cuenta de Linketin relacionado con el Síndrome de Wendy. “Este comportamiento se extrapola a las relaciones profesionales, y no es raro que veamos agencias o empresas que buscan complacer a sus clientes diciéndoles que sí a todo o yendo mucho más allá de las responsabilidades profesionales que les corresponden, todo para que el cliente esté feliz conmigo, contento y me quiera a su lado”, sostiene.

Según Tayar, “nuestra labor como proveedores no es dar la razón en todo a un cliente. Nuestra labor es ayudarles y aportar soluciones en la realización de proyectos del tipo que sean, para que éstos tengan éxito y funcionen de la mejor forma posible. No se trata de negarse a hacer cosas, pero sí de ser didácticos, educar sobre la necesidad o no de hacer según que cosas y para qué y ser responsables con nuestro trabajo”. 

En cuanto a la pregunta clave que cabría hacerse según Tayar es la siguiente: ¿lo que el cliente me pide es lo que necesita? “Si la respuesta es NO, nuestro trabajo como profesionales es hacer entender la necesidad de otro planteamiento y forma de hacer las cosas para conseguir el éxito. Y ese es el camino para no ser Wendy”, concluye.

No viene mal tener en cuenta las observaciones estas obsrvaciones en un momento en el que se insiste hasta la saciedad en la necesidad emprendedora de que, hagas lo que hagas, debes poner siempre al cliente en el centro. Claro que no debes perderle de vista, pero ello no implica decirle a todo que sí, aunque solo sea por tu salud mental y la de tu equipo. Como ya decíamos en este artículo de emprendedores el cliente no siempre tiene la razón. Si un cliente da más guerra que aporta a tu negocio, sencillamente no deberías tenerlo como cliente. No hay mucho más que pensar.

Gestionar Cookies