Aumentan los despidos disciplinarios para reducir costes durante la pandemia

La normativa que regula los ERTE deja pocas opciones a las empresas, que ven en los despidos disciplinarios una fórmula para ahorrar costes y salvar la crisis derivada de la pandemia.

Aumentan los despidos disciplinarios para reducir costes durante la pandemia

Al igual que en la anterior crisis económica, los despidos disciplinarios están aumentando de forma considerable en España durante los últimos meses. Debido a las condiciones recogidas por el Gobierno para acogerse a un ERTE, los despidos disciplinarios son una de las pocas opciones que las empresas pueden aplicar para reducir los costes de personal y salvar las cuentas de los negocios en un momento de extrema dificultad para los emprendedores.

Sin embargo, las empresas que están aplicando despidos disciplinarios en su plantilla corren el riesgo de sufrir duras sanciones si la justicia considera que los motivos no son justificados. Entre las alegaciones más comunes, las compañías suelen elegir el “abuso de confianza en el desempeño del trabajo” o la “disminución continuada y voluntaria en el desempeño del trabajo”. “Con esto la empresa quiere darle una apariencia de legalidad a lo que realmente está buscando: aligerar su plantilla y ahorrarse el coste de un despido improcedente”, explica el abogado laboralista Raúl Martínez en un reciente reportaje.

Las empresas que hayan aplicado un ERTE en los últimos meses tienen las manos atadas a la hora de despedir a los trabajadores. Durante el Expediente de Regulación Temporal de Empleo y los seis meses posteriores, la empresa no puede extinguir ningún contrato por causas objetivas. Una medida que el Gobierno aplica, precisamente, para intentar sostener el empleo en un año tan duro para la economía como el actual.

Según la legislación vigente, el despido objetivo conlleva una indemnización de 20 días por año trabajado, mientras que el despido improcedente abarca entre 33 y 45 días por año trabajado. Unas cifras que, sumadas a los pagos de finiquito y vacaciones no disfrutadas, son inasumibles para muchas empresas. En el caso de los despidos disciplinarios, el coste desaparece, lo que hace de esta fórmula un recurso cada vez más común en los últimos meses, a pesar del riesgo de sanciones si se demuestra que no existen motivos para justificarlos.

Los despidos disciplinarios también acaban con la conciliación

Por otro lado, los despidos disciplinarios también están borrando del mapa otro de los recursos utilizados en este tipo de casos, la conciliación entre el trabajador y la empresa. En anteriores ocasiones, el despido se saldaba con un acuerdo mediante el cual las compañías indemnizaban con tan solo el 50% del total al empleado.

Sin embargo, los expertos señalan que en los últimos meses ni siquiera esta fórmula está teniendo éxito. “Las empresas se plantan desde el primer minuto, no ceden ni un céntimo. Dicen que es para no crear un precedente entre los empleados, pero en realidad es para ahorrar y posponer costes”, comenta uno de ellos.

Este nuevo gusto por los despidos disciplinarios presenta un cambio total con respecto a la postura mantenida por muchas empresas hace apenas un año, cuando la pandemia no había hecho aún acto de presencia en España. Entonces, Hacienda llegó a alertar sobre la proliferación de acuerdos entre empresas y trabajadores para hacer pasar un despido por mutua acuerdo por un improcedente, ya que las indemnizaciones de esta última modalidad están exentas de pagar el IRPF.

El mercado laboral actual puede ser un preámbulo de lo que podría ocurrir a partir del 31 de enero, fecha límite marcada por el Gobierno para mantener un ERTE. A partir de entonces, las empresas podrían volver a acogerse a despidos objetivos que harían crecer la tasa de desempleo de manera notable.

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