Matchmaking: ¿Qué impulsa a un emprendedor@ a pagar hasta 20.000 euros para encontrar pareja?

Sobre todo, es la falta de tiempo y el temor a exponerse públicamente lo que lleva a un emprendedor@ a recurrir a los servicios de un matchmaker, un término que Google traduce como ‘casamentera’

emprendedor busca pareja con el matchmaking

A los empresarios y ejecutivos les gusta ir al grano y eso, cuando el objetivo consiste en encontrar una pareja estable, no es posible. Hacen falta muchas salidas, muchos encuentros y muchas conversaciones para estar convencido de que, si no la mujer o el hombre ‘de tu vida’, sí es, al menos, la persona con la que deseas compartir tu proyecto de vida los próximos años.

Acertar a la primera es casi imposible. Un atajo para concertar citas podrían ser las redes sociales o las múltiples plataformas tecnológicas y aplicaciones orientadas a este fin. Sin embargo, el riesgo en este caso es exponerse públicamente teniendo en cuenta que muchas veces hablamos de directivos del IBEX 35 o personas con mucha repercusión mediática.

Conocedores de esta problemática, surgen en el mercado empresas que ofrecen servicios especializados de matckmaking donde se encargan de gestionar la búsqueda de pareja acorde a los gustos e intereses del cliente. “Un matchmaker es un profesional que ofrece un servicio exclusivo destinado a la búsqueda de pareja estable, acorde a los requerimientos previamente definidos con el cliente” es la definición que ofrece Verónica Alcanda, fundadora y responsable de Alcanda Matchmaking a la que se refiere como ““una empresa profesional de Recursos Humanos, especializada en selección de personas”.

Ella es quien nos cuenta los motivos principales que conducen a su oficina a grandes empresarios y ejecutivos de todo el mundo: “La falta de tiempo, la confidencialidad o discreción y la eficacia, son las tres causas principales por las que me contratan. Hay que sumar a ello que soy yo, como mediadora, quien transmite el feedback negativo a las partes cuando las cosas no funcionan. Lo hago siempre en tono constructivo, pero a ellos les ahorro el trago de comunicarlo en persona, algo que agradecen, sobre todo los hombres que son más de cerrar las cosas sin dar explicaciones. Porque, si bien todos mis clientes son muy inteligentes y exitosos a nivel profesional, a nivel emocional, no lo son tanto”.

La forma de proceder de Verónica Alcanda podría equipararse a la de un ‘head hunter’ trasladado a las personas y a la satisfacción de sus necesidades sentimentales. Para ello ha desarrollado una metodología propia para acertar tanto en la selección de los clientes como en el matching. Aparte de ser precursores del matchmaking en España, es la primera empresa en certificarse con el Sello de Calidad de Matchmaking Corporation, basado en las normas ISO 9001 e ISO 10667, en esta materia. Otro de los valores de esta empresa es ofrecer “un servicio muy personalizado y capaz de dar resultados en poco tiempo”.

El target

En cuanto al perfil medio de las personas que desfilan por las oficinas de Verónica Alcanda, lo primero que hay que destacar es la equidad de género. Aunque ahora parece que los hombres empiezan a superar un poco a las mujeres el porcentaje de clientes suele estar al 50%. 

En lo que respecta a la edad, la inmensa mayoría (el 80%) oscila entre los 40 y 55 años y solo un 10% supera esta edad. Jóvenes que no han alcanzado los 30 años también los hay, aunque son muy minoritarios. Asimismo, la mayor parte de los clientes o son divorciados o proceden de otra relación anterior estable. 

Teniendo en cuenta que el precio por contrato de un año en Alcanda Matchmaking asciende hasta los 20.000 euros -12.000 para los nacionales-, se sobreentiende que el poder adquisitivo de todos los clientes es elevado. Por eso, dice la CEO, hay que vigilar mucho la entrada de ‘cazafortunas’ interesad@s en un ascenso social o mantener un estatus similar al que tenían con la pareja anterior y que por sí mism@s no pueden conseguir.

Qué buscan

Elegancia y femineidad son los dos valores principales en los que inciden los hombres. “Aunque los hombres, en general, son muy físicos, no buscan pivones. Si lo que quieren es solo eso, basta con chascar los dedos para encontrarlo. Sí que es cierto que prefieren a personas más jóvenes -solo un inglés en 8 años de historia de la compañía dijo que no le importaba que la mujer fuese algo mayor que él-. Tampoco gustan las mujeres dependientes económicamente porque, en definitiva, esto acaba degenerando también en dependencia emocional. Prefieren que sean cultas, con iniciativa y con un desarrollo profesional, aunque no ganen demasiado dinero. Nunca me han pedido una mujer florero”.

Más exigentes a la hora de poner condiciones parecen las mujeres. Según Verónica Alcanda “lo quieren todo: que sean atractivos, divertidos, cultos, generosos, con valores, con dinero…es como si estuviesen escribiendo la carta a los reyes magos, aunque luego no son proclives a elegir a primera vista”.

Por pedir que no quede

Y aunque pueda parecer extraño, asegura Verónica Alcanda que tiene lista de espera de clientes para ser atendidos. A muchos les dice No cuando sospecha que no les va a poder ayudar o cuando, en lugar de una persona, lo que buscan es una quimera.

En este sentido, cuenta que en una ocasión recibió una solicitud de un hombre de más de 60 años que contactó con ella para contratar sus servicios y que, cuando la empresa le mandó el contrato de 13 folios para que lo revisase, él mismo añadió al final un documento word de extensión considerable exponiendo las condiciones sin las cuales no estaba dispuesto a mantener ningún encuentro. A saber: mujer, con edad máxima de 30 años, de profesión modelo de pasarelas internacionales, dominio de inglés, MBA cursado en EE.UU. y 15 años de experiencia jugando al golf y otros tantos practicando navegación. Vamos que la candidata, para ser aceptada, tendría que haber empezado a entrenarse a los 15 años.

Y para aclarar que la extravagancia no es solo cosa de hombres, aquí van las condiciones de una española de 55 años, divorciada y madre de siete hijos: Varón, de entre 50 y 55 años, trilingüe, que hubiese residido en tres países distintos como ella, que supiese montar a caballo y que fuera empresario, no ejecutivo. “¿Cómo iba a aceptar el encargo de una mujer tan poco realista?”, concluye Alcanda.

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