¿Estamos ante el emprendimiento piramidal?: la paradoja de vivir del inversor en vez del cliente

Tienen un don especial para captar millones y millones en proyectos que crecen, aparentemente, como la espuma. Pero, a menudo, sus empresas tardan muchos años en ser rentables... si es que alguna vez llegan a serlo. ¿Estamos ante el emprendimiento piramidal?

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Cuando WeWork quiso salir a Bolsa, la empresa de coworking que había sabido captar nada menos que 12.000 millones de dólares de inversores empezó a desmoronarse como un castillo de naipes. Como en las famosas estafas  piramidales, la negativa del principal brazo inversor, Softbank, a seguir metiendo dinero en el entramado creado por Adam Neumann y Miguel McKelvey en 2010, dejó al descubierto una realidad: que la compañía era una máquina de sumar pérdidas. 

Facturaba sí, pero también perdía dinero a espuertas. Y así, en apenas unos días pasó de tener una valoración de 47.000 a una de 6.000. Se había dejado por el camino nada menos que 41.000 millones de dólares. Hoy Neumann vive un retiro dorado en Los Hamptons, alejado de los focos empresariales, y las plataformas audiovisuales ya se disputan las películas sobre su ascenso y caída.

Historias para no dormir

Otro ejemplo que, al igual que WeWork y los Neumann, ya tiene su réplica en forma de teleserie, es el de Theranos. La joven Elisabeth Holmes consiguió atraer a importantísimos inversores en torno a un proyecto que a la postre resultó todo un fraude (algo que no ocurre con WeWork). 

Bajo la promesa de una tecnología que era capaz de realizar análisis de sangre completísimos con una sola gota y desde cualquier rincón, decenas de inversores, con nombres tan prestigiosos como los de los ex secretarios de Estado Henry Kissinger o George Shultz a la cabeza, empezaron a desembolsar millones y millones hasta convertir a Theranos en la niña mimada de las tecnológicas estadounidenses con una valoración de 9.000 millones de dólares. Cuando se descubrió que la milagrosa máquina de análisis no hacía ni la mitad de lo que prometía, el sueño se resquebrajó como una copa de cristal. En enero de 2022 Holmes fue declarada culpable de fraude a sus inversores.


Pero no nos vayamos tan lejos.  Sin cruzar los mares, aquí mismo en España vivimos un fenómeno similar con Gowex, el proveedor de Wifi urbano fundado por Jenaro García. La tecnológica llegó a operar en 64 ciudades de todo el mundo como Madrid, Nueva York, Dubai o París entre otras y llegó a ser la joya de la corona del MAB multiplicando por 10 su valoración desde su entrada en el parqué alternativo en 2010. La burbuja se pinchó en 2014 cuando se descubrió que falseaba sus cuentas desde 2004. 

¿Qué tienen en común los tres ejemplos? La capacidad de sus fundadores para convencer a auténticos profesionales de la empresa y las finanzas para que depositen su confianza en ellos. 

¿Burbuja de unicornios?

Estos tres ejemplos trasladados a los tiempos actuales nos llevan a mirar con cierto escepticismo la burbuja de unicornios que estamos viviendo últimamente. No hay semana en la que no nos despertemos con la noticia de un nuevo unicornio en el ecosistema nacional. ¿Qué significa esto? Que una nueva compañía ha conseguido la tan ansiada valoración de 1.000 millones gracias a haber captado como mínimo 100 millones de inversión externa. 

Hasta aquí todo bien. Lo malo llega cuando intentas profundizar en los números de muchos de ellos y rara vez son públicos. Aquí es cuando empiezan a saltar las alarmas. “Hay una tendencia a valorar compañías sin tener en cuenta para nada su rendimiento financiero. Muchas valoraciones hoy en día se hacen estrictamente en función del dinero que se levanta en cada ronda. Esto pasa muchísimo. Y lleva a la contradicción de que las peores empresas, aquellas que pierden más dinero y, por tanto, necesitan constantemente más dinero para financiar esas pérdidas, son las que están mejor valoradas. Eso es 100% contrario a cualquier lógica financiera, donde el valor de una compañía tiene que ser el valor presente de los flujos de caja esperados futuros”, insiste Javier Pérez-Tenessa, fundador de eDreams y de 4Founders Capital y acuñador precisamente del concepto de “no emprendedor”.

Según Pérez-Tenessa, esta expresión se refiere a “aquellas personas que crean empresas que crecen mucho en ingresos como forma de generar valoraciones superiores y levantar dinero en rondas, pero que cada vez pierden más dinero. A diferencia de una empresa buena con un modelo sólido, que mientras más vende más gana… Te diría que casi cualquier compañía que llega a unicornio en rondas privadas, tiene riesgo de estar en este caso. Si no, no le habría hecho falta tanto dinero para llegar a dar beneficios”. 

Algo en lo que coincide Luis Martín Cabiedes, socio de Cabiedes & Partners y uno de los principales business angels del país: “El unicornio es una empresa que ha levantado mucho dinero, no decimos que sea una empresa que ha creado valor para la economía o la sociedad o que haya conseguido muchos clientes. A mí me gustaría que la consideración de unicornio se diese cuando has conseguido mil millones de clientes o un millón de clientes, no cuando has levantado 1.000 millones. Estamos mirando en la dirección equivocada. Es como si en baloncesto dijésemos que ya no cuentan las canastas y empieza a contar si tienes mucho público o muchas animadoras. No, lo que tiene que contar es lo de verdad: que crees valor. Y un unicornio no levanta valor, consigue dinero. Un emprendedor, un empresario o una empresa tiene que vivir de sus clientes. El No Emprendedor vive de sus inversores”, explica. 

Lo peor de este fenómeno es que, como recuerda Cristóbal Álvarez, profesor de Postgrado en ESIC , “muy a menudo son proyectos con una vida muy corta. El 80% acaba desapareciendo en los cuatro primeros años de vida”. 

Algo en lo que coincide Ana Isabel Jiménez-Zarco, profesora de Estudios de Economía y Empresa de la UOC : “es una visión muy cortoplacista del emprendimiento. De alguna manera están pervirtiendo el propio sentido de emprender. Cuando creas empresa, lo normal es que pienses en el largo plazo, pero en estos casos hay mucho de ver una oportunidad de negocio en un sector, captar dinero y vender. Esto al final acaba provocando burbujas”. 

¿Por qué proliferan?

Varias son las causas que favorecen este inquietante fenómeno:
Visibilidad. Para Carmen Pumariño, directora de inversiones de EAE Invierte , “un elemento que favorece la proliferación de esta figura es la atención mediática y la visibilización que se da a este tipo de emprendedores que son capaces de levantar rondas millonarias, probablemente más que a los emprendedores que están “cabeza abajo” centrados en hacer crecer la compañía con su trabajo del día a día”. 

Y es que, en los últimos tiempos, desde los medios de comunicación se ha dado mucho bombo a las rondas que captaban los emprendedores españoles como si eso fuese un gran mérito, cuando en realidad no lo es, como nos reconocía en una entrevista Óscar Pierre, CEO de Glovo, “cuando haces una ronda no tienes nada que celebrar: siempre les digo al equipo que si hubiésemos ejecutado mejor, no necesitaríamos levantar tanto dinero”. 

Gran liquidez en el mercado. “Estamos en una etapa en la que es más fácil sacar el dinero a los inversores que a los clientes: hay una cantidad de liquidez brutal y buscar inversión es más fácil que vender. Y a aquellos que confunden el objetivo de una empresa, les es más fácil levantar 200 millones que vender 200 millones. Una empresa no debe vivir de sus inversores, sino de sus clientes”, concluye Cabiedes. 

Santi Román, director del Máster de Emprendimiento de OBS, ahonda en la idea “Siempre ha habido una parte que busca el camino rápido, lo que cambia ahora con respecto a hace cinco años es que la liquidez hoy es extraordinaria. Hoy hay más dinero que ideas. Los buenos proyectos eligen el dinero. Cuando hay tanto dinero disponible en lugar de levantar 5 millones levantas 25”. 

Demasiadas infraestructuras de apoyo. Junto al exceso de liquidez se ha producido otro fenómeno importante y es el de la proliferación de infraestructuras de apoyo. Como recuerda Néstor Guerra, profesor de EOI https://www.eoi.es/es, “cada vez hay más instrumentos públicos y privados que facilitan empezar con dinero como los ENISA, las 3F, los premios emprendedores, las aceleradoras, las incubadoras…” 

Ramón Fernández de Caleya, profesor del Grado en ADE y director del Centro de Emprendimiento de la UFV, habla de una confluencia de factores: “por un lado, la externalización de grandes empresas de sus departamentos de I+D para captar innovación. Y, por otro lado, la proliferación de consultoras, entidades financieras y/o otros intermediarios con capacidad inversora que participan de las primeras rondas de inversión con la única intención de rentabilidad a corto plazo”. 

Relajación en los filtros. El exceso de liquidez y de infraestructuras de apoyo lleva otro riesgo aparejado y es el de la relajación en los filtros. Al haber más dinero, es el emprendedor el que elige y son los inversores los que se pelean por las buenas ideas, bajando la guardia en cuanto a filtros se refiere para llegar a tiempo de participar en ese proyecto. 

En definitiva, como denuncia Pérez-Tenessa, “sería más sano que prensa, inversores y ecosistema se enfocasen en empresas que ganan dinero: los “dragones”. Estos sí que son raros y sí que justifican valoraciones que no van a desaparecer de un día para otro. Son más raros que unicornios en España”. 

Las consecuencias del fenómeno no-emprendedor

ECONÓMICAS. “Desde el punto de vista económico es una cantidad de dinero que se va a perder, pero eso no es un drama, porque el dinero ni se crea ni se destruye, se recicla. De manera que dinero que pasa de mano de inversores no muy listos a emprendedores más listos en el fondo no es un drama social”, insiste Cabiedes. 

Ahora bien, el gran riesgo económico es que se cree una burbuja en un sector. “Este tipo de no emprendedores son muy hábiles detectando la tendencia y la oportunidad de negocio. Saben estar en el sitio oportuno en el momento oportuno y se lanzan con el único objetivo de captar mucho dinero y vender la compañía, de manera que pervierten la realidad: crean la ilusión de que es un sector donde se mueve mucho dinero y en realidad no lo es. El inversor se ve atraído por esta fórmula porque también busca objetivos a corto plazo”, insiste Jiménez Zarco. 

REPUTACIONALES. Como denuncia Pumariño, “un no emprendedor y todo su ruido puede hacer crecer más como él. Esto afecta a todo el ecosistema porque si estos emprendedores empezaran a ser la norma y no la excepción, la calidad de nuestra capacidad de innovación, la solidez de nuestras startups y la rentabilidad de nuestro ecosistema se desvanecerá. 

Al final el ecosistema, su reputación, su tracción y atracción a inversores externos engloba el trabajo de todos los stakeholders: emprendedores, inversores, aceleradoras, corporates, venture capital… Por tanto, si el ruido de unos pocos no emprendedores es tan alto que llega a dañar al ecosistema estará afectando a todos los agentes involucrados y a su reputación”.

Algo en lo que coincide Álvarez, “este tipo de fenómenos pueden poner en peligro proyectos que sí que tienen viabilidad a futuro porque se crea un cierto tipo de sospecha”. 

Luis Expósito, profesor y director del Grado de ADE también de la Universidad Francisco de Vitoria lo corrobora: “el problema es que no facilita el funcionamiento de los ecosistemas, más bien los recorta. Genera desconfianza y un alto riesgo para todos los stakeholders y también provoca en la sociedad una falsa idea de que es fácil obtener un beneficio en el corto plazo”. 

OPERACIONALES. Siguiendo con Pumariño, “puede entrañar riesgos operacionales importantes ya que esas tendencias de no emprendimiento llevarán a desincentivar a los buenos emprendedores y a los innovadores”. 

Fernández Caleya va más allá: “puede llevar a reducir el tiempo de vida de las nuevas startups e incluso reducir la tasa de crecimiento de las mismas, lo que podríamos llamar un espejismo que no crea ni nuevas empresas ni empleo”. 

Otro de los peligros operacionales más claros es la retención de talento. “Este tipo de proyectos-humo suelen captar buen talento porque tienen mucho dinero para hacerlo y los tienen bien atados durante un tiempo, sacándolo del mercado y haciendo casi imposible que puedan optar a ese talento empresas que sí son rentables, pero no tienen esa cantidad de dinero”, denuncia Álvarez. 

FUNCIONALES. O dicho de otra manera, cambian las reglas de juego. Siguiendo con Cabiedes, “el problema de verdad es para los otros emprendedores. Volviendo a WeWork, ellos no fueron los que inventaron el modelo del coworking, pero sí los que consiguieron levantar cantidades ingentes de dinero. Es decir, la competencia se desplaza del mercado de clientes al de capitales: dejas de competir por quién tiene el producto mejor y es capaz de atraer a más gente y pasas a competir por quién es capaz de levantar más dinero. No gana el que tiene mejor producto. sino el que consigue mejores inversores. Es como esa frase de Swedbank capital is the utltimate competitive advantage”: la ventaja competitiva ahora pasa a ser quién es capaz de levantar más dinero. Eso hace que ganen artistas del power point en vez de empresarios del mercado. Hemos pervertido el objetivo de una empresa” 

Ahora bien, no siempre es negativo levantar dinero. Hay muchos modelos de negocio que necesitan de grandes rondas para poder conseguir una ventaja competitiva, como aquellos en los que es necesario desarrollar una tecnología antes de captar ningún cliente o como cuando es necesario acelerar el tamaño para bloquear la entrada de competidores. Como reconoce Guerra, “no es malo que las empresas se vendan. Es parte del sistema y esa compraventa de empresas debe existir para que haya movimiento de capital. El problema está cuando el emprendedor se centra en buscar inversión como ingreso fundamental para la compañía en lugar de financiarse por el cliente y se desvirtúa la finalidad del emprendedor que debe ser crear valor a la sociedad, a sus clientes y a sus accionistas”. 

¿Se corregirá esta desviación? “Lo hará el propio el mercado. Llegará un momento en que el inversor se canse de financiar estas empresas. Esto es cíclico”, insiste Cabiedes. “Detrás de cada burbuja hay un crash. Subirán los tipos de interés, se encarecerá el dinero y se acabará esta liquidez. Si fuese emprendedor, metería mucho gas para conseguir financiación porque los buenos tiempos están a punto de acabarse”, concluye Román.