Juego sucio: cómo sobrevivir a las maniobras más turbias de las empresas

En las organizaciones, las luchas de poder son una constante. Saber cómo manejarlas, tanto si te ves involucrado en una de ellas como si se producen en los escalafones inferiores, resulta crucial para tu futuro y el de tu empresa. En este reportaje, no apto para todos los públicos, te describimos las buenas y las malas artes. Tú eliges dónde, cómo y cuándo usarlas.

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Lucha de poder en la empresa

La empresa está en crisis y tu puesto peligra; cambia de dueños y piensas que ésta es tu oportunidad para subir en el escalafón; tu jefe quiere que el hijo de su amigo se quede con tu puesto y entre los dos te están haciendo la cama… La lista de situaciones similares puede ser infinita. Tan extensa como posibilidades laborales hay en el mundo de la empresa. Y a lo largo de nuestra trayectoria no es difícil que tengamos que hacer frente a alguna experiencia parecida. Son las luchas de poder. Antes de embarcarte en una de ellas, te conviene tener algunas cosas claras:

¿Es de verdad tu lucha? Parece una obviedad, pero a menudo nos dejamos contagiar por las luchas ajenas. Diego Vicente, profesor de Liderazgo de IE Business School, nos propone que nos hagamos una pregunta: ¿lo que persigues es lo que realmente te interesa o lo que te mueve es la envidia? “A menudo confundimos nuestro objetivo personal con el objetivo personal del otro y nos vemos arrastrados por otros intereses que no son los estrictamente profesionales”.

Persigue sanamente tu objetivo. Revisa periódicamente tu estrategia para analizar si lo que estás haciendo lo haces porque te acerca a tu objetivo o simplemente para hacer más pequeño a tu rival. Si la respuesta al segundo caso es afirmativa, modifica tu plan de acción. En el momento en que dejas que afloren las emociones, vas a perder de vista la objetividad y la racionalidad. “Si lo que haces es jugar a la contra, tratando de ponerle zancadillas o magnificando sus errores, caerás en una estrategia insana y a la postre perjudicial, porque estarás más pendiente de los asuntos ajenos que de los propios”, confirma Luis Cuenca, profesor de Dirección de Recursos Humanos de EAE.

¿Es el tipo de poder que quieres conseguir? Analiza qué tipo de situaciones se están dando en la empresa. Si es una compañía en la que prima la manipulación, los rumores, la maledicencia, deberás valorar si te interesa participar de este juego. Ten en cuenta que si logras tu objetivo con malas artes, siempre vas a tener el miedo de que otros te hagan lo mismo.

Si te decides, lucha sin miedo. Detrás de una lucha de poder siempre subyace el miedo: a perder una posición, un estatus, la autoestima. Y el miedo por definición es un asesor peligroso. Tanto porque te impulsa a cometer actos desesperados como porque te puede hacer perder la lucha. Como insiste Joep Schrijvers en La estrategia de la rata: “Quien tenga miedo de las consecuencias se pone en desventaja. Si tienes miedo a perder ya has perdido”.

Y una vez analizados los cuatro puntos, plantéate qué vas a hacer y cómo lo vas a hacer. Como no somos unos santos, hemos decidido que en esto de las luchas de poder hay estrategias para todos los gustos. Unas serían las que llamaríamos juego limpio y las otras, no tanto. Te las hemos agrupado en dos apartados. Tú decides cómo conseguir tu objetivo.

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Las buenas artes

Si hay un libro bélico aplicado recurrentemente al mundo empresarial, ése ha sido El arte de la guerra, de Sun Tzu. En esta ocasión, hemos querido extraer las lecciones que mejor pueden aplicarse en una lucha de poder en una organización. 

Gánate a los tuyos. Antes de lanzarte a una guerra de poder, lo primero es conocer hasta qué punto puedes verte apoyado por tu gente. “La autoridad consiste en que quienes te rodean hagan lo que tú quieres por tu valor personal. La lucha por la autoridad se basa al 100% en tus propias cualidades. Cambia el concepto de lucha de poder por el de autoridad”, insiste Luis Cuenca, profesor de Dirección de Recursos Humanos de EAE.

Muéstrate más débil de lo que eres. “Una operación militar implica engaño. Aunque seas competente, aparenta ser incompetente. Aunque seas efectivo, muéstrate ineficaz (…)”. Oculta tus intereses: procura que lo que la empresa pueda ver de ti se ajuste a lo que a ti te interesa que se vea.

Deja que tu adversario se queme. Como se recoge en el libro, “si utilizas al enemigo para derrotar al enemigo, serás poderoso en cualquier lugar a donde vayas”. Prueba a acercarte “ingenuamente” a los partidarios de tu contrincante para obtener información y, si tienes pruebas de que no está jugando limpio, utilízalas en su contra. También puedes intentar desgastarle antes de la batalla, jugando tu papel de víctima y creándole a él una imagen de culpable.

Escoge el momento adecuado. A veces hay que saber ceder y dejar el paso libre a un adversario peligroso o, por lo menos, con más tablas, y esperar a que vengan tiempos mejores. “No siempre te interesa ser el primero en llegar: debes ser lo suficientemente paciente para analizar con objetividad cuál es el mejor momento para entrar en la lucha”, insiste Julián Rodríguez, mediador de conflictos y consejero delegado de BIM.

Conócete a ti y a tu rival. De lo que se trata es de conocer tus fortalezas, debilidades y metas. Pero, también, de analizar qué ve tu adversario en ti que le hace percibirte como un enemigo. Si tu rival tiene un punto de vista y una razón para detectarte a ti como enemigo, analízalo y utilízalo en tu favor. Con habilidad se puede transformar a un enemigo en amigo”, insiste Gutiérrez.

Finge más poder. Es decir, en una lucha de poder tan importante es lo que hay como lo que cree tu rival que hay. Si le haces creer a tu adversario que tienes más poder, información, aliados o contactos de los que realmente tienes, es más fácil hacerle flaquear y reducir su energía en esta guerra.

Desarrolla la observación. “Cuando el enemigo está cerca, pero permanece en calma, quiere decir que se halla en una posición firme. Cuando está lejos, pero intenta provocar hostilidades, quiere que avances…”. En definitiva, intenta conocer la posición de tu enemigo, rival, adversario antes de entrar en una lucha de poder. No te dejes enredar por sus estratagemas.

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Tácticas para gente ambiciosa

Joep Schrijvers realiza en su libro La estrategia de la rata un análisis muy ilustrativo de las tácticas más rastreras para ganar una lucha de poder. Conocerlas puede ser muy útil tanto si te sientes con estómago para ponerlas en práctica, como si tienes que defenderte de ellas.

Observa las señales. Schrijvers identifica algunas señales que nos pueden indicar que algo se está cociendo o que puede empezar a cocerse en breve: metas ambiguas desde la dirección, intereses contrapuestos, cambios en el corto plazo, antiguos enemigos, confidencias de pasillo inesperadas. Tienes que acostumbrarte a ver más allá: identifica movimientos extraños, incorporaciones inesperadas, reuniones de pasillo, silencios repentinos… No dejes de acudir a la impresora, a la fotocopiadora, a la máquina de café, aprovecha las escapadas para fumar un cigarrillo e ir ampliando tus fuentes de información. Y aprende a escuchar selectivamente: “Si alguien te comenta: la reunión fue caótica. Olvídate de preguntar por qué. Haz hincapié en el adjetivo y verás cómo suelta la lengua: “¿caótica?”. Con esta sencilla pregunta que repite lo comentado por nuestro interlocutor, éste se siente impelido a explicar con pelos y detalles su afirmación.

Desarrolla tu red de contactos. Hay que tener amigos hasta en el infierno, dice el refrán. Y en el caso de una lucha de poder, esta máxima es fundamental. Resérvate al menos tres días al mes para mantener tu red de contactos y te sorprenderán los resultados.

Identifica la corte. Toda organización tiene una corte integrada por los más poderosos y su camarilla. Analiza con detenimiento quién es quién y prueba a acercarte a los rangos inferiores.

Busca aliados poderosos. además de arrimarte a la corte, vete buscando aliados poderosos entre las categorías intermedias. Schrijvers recomienda buscar un confidente entre los profesionales que estén rondando los 50. Aprovecha su sabiduría y extrae toda la información posible.

Crea tu propia corte. Identifica a aquellas personas que te pueden hacer la vida más fácil y atraelos a tu causa. Suelen forman parte de los escalafones inferiores: administrativos, secretarias, recepcionistas… Son gente que, normalmente, manejan mucha información, tienen ojos en todas partes y también pueden hacerte más fácil el día a día.

El arte del Empalme. A menudo los diferentes grupos se solapan o necesitan información de otros grupos, si te puedes convertir en lo que el autor llama Empalme entre dos grupos, conseguirás que tu poder suba enteros.

Alíate con el enemigo de tu enemigo. “Calcula en todo momento hasta qué punto los intereses de los demás pueden favorecer o dificultar la consecución de tus propios intereses o si coexisten con ellos de manera indiferente. Entre las brumas de la conspiración debemos descubrir y aprender siempre quién ama a quién, quién odia a quién y por qué”, insiste el autor de La estrategia de la rata.

Divide y vencerás. Escoge a tus alimañas cotorras y lanza rumores que sean veraces, extraídos de dossieres o de conversaciones… Se trata de sembrar la duda, pero poniéndolo en boca de quienconsidere que es su aliado. Muchas veces no necesitarás ni mentir, te bastará con sacar algunas frases de contexto. Lo importante aquí es que piense que el rumor, el secreto o la malediciencia salen de alguien más o menos cercano a él. Si no es inteligente, se dejará llevar por la rabia y antes de que descubra la verdad, ya se habrá enemistado con su anterior rival.

Trabaja sobre las debilidades del otro. Analiza cuál es la aspiración o el temor más profundo de tu adversario. Aprende a alimentarlo con imágenes y palabras disfrazadas de compasión y, una vez encendidos, aprende a convertirte en salvador de esos miedos.

Controla a tu enemigo. Joep Schrijvers lo llama represión Gran Hermano: “La verdadera rata fingirá ser un amigo, pero actuará como un espía. Se trata de conseguir toda la información que puedas sobre tu enemigo”.

Llegado a este punto, ataca. Este experto propone tres tipos de tácticas: el ataque directo (sobornos sentimentales, puntos débiles); el que llega por terceros personas (abrir varios frentes, filtraciones y cotilleos, formación de lobbies...) y el ataque a través de uno mismo (muéstrate servil y cooperador, sé impredecible, borra huellas de tus actos...).

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Identifica quién puede hacerte daño en la empresa

Para ganar una lucha de poder hay que tener en cuenta a dos actores: tu contrincante y el jefe, al que hay que convencer. Ceferí Soler, profesor de Dirección de RR HH de ESADE, identifica tres tipos de jefes y de poder.

Tipos de poder...

- Coercitivo. Es el poder original, el de las instrucciones, la amenaza y la orden. Un jefe así tiene un punto narcisista importante por lo que se rodea de gente aduladora, leal y sumisa.

- Experto. Se asocia al jefe muy técnico, sustentado en el conocimiento. Busca la transparencia y la cooperación.

- De relaciones. Está más vinculado a las redes de contactos. Busca la recompensa y el reconocimiento, con lo cual verán bien al empleado que le pueda proporcionar alguno de los dos.

...y de adversario

- El pasivo. Es peligroso, porque es muy sutil. Controla todo desde la pasividad, desde su inacción. No discute y a cambio expone argumentos del tipo de “tienes razón, qué memoria la mía, se me olvidó, soy un desastre”.

- El mentiroso. Se puede mentir de tres formas, diciendo algo directamente a sabiendas de que es falso, omitiendo una información importante o diciendo una mentira a una tercera persona, con el fin de manipular los circuitos informales de información. Reúne pruebas y aborda la situación.

- El intrigante. No se sabe muy bien cómo, pero está en todos los fregados. Su poder radica en que controla todos los canales de información, sabe dónde tocar las teclas.

- El novato ansioso. Muchas veces intentar alcanzar demasiado deprisa metas que requieren un plazo más largo. En estos casos no es malo dejarles actuar, porque se suelen quemar ellos solos.

- El acorralado. Cuidado con este contrincante porque luchará a muerte.

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Estrategias para situaciones empresariales

Te presentamos una serie de situaciones, y diferentes estrategias para atajarlas. ¡Que no te tiemble el pulso!

QUIÉN SE QUEDARÁ EL PUESTO TRAS LA FUSIÓN

La situación
¿Cómo quedarme con mi puesto de director de Márketing frente a otro candidato con la misma categoría y ambición profesional?

La estrategia

- En primer lugar, recuerda tu proyecto. El que más posibilidades tiene de quedarse es el que presente un proyecto más innovador y consistente. “Intenta demostrar con hechos lo bueno que puedes llegar a ser”, insiste Luis Cuenca, profesor de EAE y consejero de Unitronic.

- En segundo lugar, actúa. “Aprende a leer las señales y preparáte”, insiste Diego Vicente.

MI JEFE ME TIENE MIEDO Y ME BOICOTEA

La situación
Tienes la sensación de que tu carrera está estancada y ves por culpa de quién. Tu jefe te roba todos tus méritos y sabes que te menosprecia frente a sus superiores.

La estrategia

- Asume tu responsabilidad. Cambiar a tu jefe es más complicado que cambiar algunos aspectos tuyos. Analiza qué actitudes tuyas pueden hacerle sentir miedo a tu jefe.

- Si, planteada la situación, las aguas no vuelven a su cauce, pasa al contraataque: evita que se apropie de tus méritos, enviándole los informes con copia al jefe superior.

¡EL ENEMIGO ESTÁ A MIS ÓRDENES!

La situación
Es justo la contraria a la anterior. Por las razones que sean, tu empleado empieza a boicotearte: te salta, te oculta información, no te entrega datos que necesitas para el informe…

La estrategia

- Pon las cartas sobre la mesa. Antes de despedirlo, te convendría saber si ese puenteo es intencionado o no. En el primer caso, no dejes que te ningunee. Reúnete con él, recuérdale la jerarquía e insístele en respetarla. En el segundo, plantéale: “¿cómo puedo ayudarte? ¿Qué necesitas de mí? Si todo esto falla, sé sibilino y vacía de contenido el puesto de tu empleado.

CINCO PARA UNO

La situación
El rumor que circula en la empresa es que el director comercial se jubila o se va a otra empresa. Quizás sea la oportunidad que llevabas tanto tiempo esperando, pero hay otros candidatos.

La estrategia

- Prepara tu plan, diseña un proyecto para el departamento y ofrécete para el puesto.

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Atajar los problemas en la empresa

Para Luis Casado, psicólogo y auto del libro Conflict Mentoring, “la confrontación de poder no es mala en sí”. El directivo que observa movimientos peligrosos bajo sus pies tiene varias formas de atajarlos:

Clarifica las posturas. Reúne a las partes en conflicto y déjales claro que una empresa significa finalidad compartida, que su actitud está perjudicando a la totalidad de la compañía y que no vas a consentir esas actitudes.

Rota los puestos. “Los directivos tienen que estar preparados para gestionar recursos y personas, para ocupar el puesto de director general y para esto no es necesario ser un técnico. De manera, que si rotas periódicamente los puestos, no saben cuándo van a hacerse cargo del departamento contiguo, con lo cual se pensarán el boicotearlo”, según Mariana Ferrari, creadora de Proceso-i (proceso de innovación integral para empresas).

Anticípate a las luchas de poder. Un buen directivo ha de saber quién es la mejor opción para cada puesto y quién es la segunda. De esta manera, cuando se produzca una marcha inesperada, inmediatamente puedes mover la pieza. Si te dilatas, es fácil que se inicie la temida guerra por el puesto y en estos casos suele haber un solo ganador.

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