¿Por qué nadie confiaba en estos 4 emprendedores?

¿Qué tienen en común un teleco que decide ponerse a vender pisos en Polonia, una filóloga que importa pañales reutilizables, un ingeniero aficionado al té y dos amigos aburridos del b2b que se ponen a vender jamón on line? Confiaban en su idea a pesar de las voces críticas.

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Emprendedores audaces

Detrás de esta frase del imaginario castellano, se encuentra una realidad con la que se topan frecuentemente muchos emprendedores al arrancar con su proyecto empresarial. Han encontrado una idea de negocio, el estudio de mercado les da la razón, y ahora (y no dentro de tres meses) es el momento de poner en marcha ese negocio... aunque no para el banco, ni para los distribuidores, ni para su familia, ni para esos compañeros de trabajo que no comparten su espíritu emprendedor, ni para ese asesor que abordan en un evento de networking durante cinco minutos.

 

Aquí tienes a cuatro empresas de éxito a las que el sector, los proveedores, los bancos, sus compañeros de trabajo o su familia les dijeron al arrancar: “¿Pero cómo vas a dejar tu trabajo y montar una empresa de...?”. El mínimo común denominador de estos emprendedores es este: si tu idea de negocio es sólida, da igual lo que digan los demás. 

 

A continuación, puedes leer cuatro ejemplos de emprendedores que creyeron en su sueño y, pese a las críticas, lograron sacar su proyecto adelante.

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Té Blanco

Cuando la crisis estaba en todo lo alto, en abril de 2009, en vista de cómo estaban los sueldos de los ingenieros y dada la situación económica que vivía, me di cuenta de que no tenía más remedio que intentar algo... o trabajar 12 horas diarias por 1.000 euros al mes. Así que decidí montar una tienda on line de té delicatessen. El stock con el que contaba en ese momento eran 300 gramos de té que tenía en mi cocina, para mí. Así que la inversión inicial fue de cero euros, aunque luego he reinvertido el 50% de los beneficios en mejorar el negocio...”, recordaba Antonio Hernández Ayuso. 

Como no disponía de dinero empezó trabajando desde el garaje de su casa, en Murcia. Pero esto ya pasó a la memoria. Hace años que su él y su hermano, con quien acabó asociándose, abrieron una gran nave en un polígono industrial a la que no para de llegar mercancía procedente de todo el mundo, pero especialmente países latinoamericanos como Chile o Perú. También de China pero aquí tuvieron que cambiar de proveedor después de recibir dos contenedores cargados de piedras en lugar de té. Han diversificado la oferta y han introducido una línea de semillas ecológicas que suministran envasadas a grandes cadenas alimentarias. 

No por ello han abandonado la tienda online con la que empezaron y que fue creciendo de modo orgánico. “Nunca hemos pagado AdWords y siempre hemos basado las visitas en nuestros conocimientos de SEO; en esto sí que hemos invertido mucho tiempo”, comentaba Antonio. 

 “Después de un año y medio en el mercado, tenemos ya más de 300 productos y estamos abriendo mercado en Italia, EE UU y, poco a poco, en el resto de Europa... aunque aún somos una empresa muy, muy pequeña y seguimos con la misma política de hacerlo todo nosotros: compras en el extranjero, ventas, SEO, trámites fiscales, incluso barrer el local... etc”, continúa. 

“Cuando se monta una tienda on line, generalmente los emprendedores se ocupan de la tienda, pero no de crear la calle por la que tienen que pasar los consumidores para llegar a esa tienda. Todos los días se montan millones de negocios on line”, advierte.

“Hay que ofrecer algo más que el producto: tienes que dar información. Tienes que conseguir que la gente entre porque ofreces información”. 

La familia 

“Después de estudiar Industriales... acabar vendiendo té en el garaje de tu casa... como que no cuadra. Desde que empecé muchísima gente me ha dicho que por qué me he metido en esto. Me lo han preguntado desde la televisión regional de Murcia hasta mi abuela. Al principio los familiares cuando ven lo que ganas los primeros meses, se ríen de ti. Después ya no se ríen tanto...”. Tal vez sea él quien sonría ahora, después de haber cerrado el 2014 con una facturación cercana al millón de euros.

http://www.teblanco.org/

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Kategora

Kepa Apraiz dejó un trabajo fijo, estable y bien remunerado como arquitecto financiero en un banco, en verano, en plena jornada intensiva de cuatro meses. “Imagínate mi familia, que no entendía cómo dejaba un empleo estable. ‘Estás loco’, me decían. ‘Cómo vas a montar un negocio. Con las condiciones que tienes. Con lo bien que te va. Y en un sector tan complicado’. Mis compañeros de trabajo me decían que estaba perdiendo el tiempo, y que cómo me iba a ir ahora que teníamos... la jornada intensiva”, recuerdaba divertido Kepa. “Pero es que había otra forma de ver mi trabajo: estaba en una empresa grande, es cierto, pero no tenía posibilidades de crecer profesionalmente”, argumenta. “Mi idea era crear una consultora que ayudara a inversores españoles a salir a países del Este. Había invertido en un inmueble en la Europa del Este y me había encontrado con que los comerciales de las promotoras que ofrecían este tipo de productos no estaban preparados. Había muchos aspectos fiscales y jurídicos que no quedaban cubiertos. Había una oportunidad clara, así que hice un estudio de mercado para confirmarlo”, explica. 

Ladrillazo 
Y en estas, le cogió de por medio la crisis del ladrillo. “El parón fue duro, pero con la crisis, muchos gestores y abogados que habían estado vendiendo este tipo de inversiones, desaparecieron del mapa. Y ahí nosotros ganamos muchos clientes, porque además de llevar las inversiones, nos especializamos en la gestión. Así, la calidad del servicio era más alta: a mí siempre me ha interesado que el cliente esté contento, satisfecho, que lo que le llevemos sea rentable, sea consciente que es más rentable que lo que le pueda ofrecer nadie, y que quiera reinvertir”. 

El sector

La hoja de ruta que me marcó en el plan de empresa la ha mantenido desde el principio, aunque en el modelo de negocio intensificó unas áreas de negocio “que no pensaba que eran las que nos salvarían de la crisis y harían crecer el negocio. Cuando comenzó la crisis la gente me decía que no me metiera en este lío... Pero que haya dificultades no quiere decir que no vaya a funcionar. En época de crisis, tienes que pensar en un negocio en el que ofreces soluciones, más que inversiones”. 

A por otro

Y tan bien sorteó Kepa Apraiz la crisis que, después de haber lanzado con éxito Kategora, se animó a montar otro al año y medio. Se trata de Boletus, ahora totalmente alejado del sector inmobiliario y más inspirado en las nuevas tecnologías. Consiste en una aplicación móvil a través de la cual los clientes pueden obtener descuentos y acumular saldo para consumirlo cuando les convenga. Lo lanzó en 2013 y prueba de su carácter emprendedor y calidad gestora es que va ya por los 100.000 usuarios en toda España y cuenta con la adhesión de más de 2.000 establecimientos de todo tipo.

http://kategora.com/es_es/ 

http://www.boletus.com/

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Ibergour

“Fuimos a abrir una pasarela de pago a una oficina especializada en empresas de un banco en una zona comercial de Barcelona, y ahí el comercial que nos atendió nos dijo que las compras por Internet eran una locura, que el fraude era increíble, que todo esto se nos descontaba a nosotros y que no nos lo recomendaba porque era un mercado que estaba muy verde. Casualmente, otro amigo estaba montando un negocio en la Red y había contactado con este mismo banco, pero con una pequeña oficina comercial. Allí, aunque no estaban acostumbrados a las pasarelas de pago, se informaron y se pusieron las pilas. Así que nos fuimos a esa oficinita y hablamos con ese comercial. Exactamente el mismo banco... y sin estar especializados en empresas”, recuerda divertido Miquel Nieto, socio fundador de Ibergour junto a José María Sánchez Ocaña

Vamos a probar
“Teníamos claro que queríamos probar. Y sabíamos que podía funcionar. Eso era suficiente para nosotros. Estábamos convencidos de que dando prioridad a pensar en el usuario podías hacer una tienda on line de casi cualquier cosa”, cuenta José María Sánchez. “No nos sentíamos especialmente cómodos con el b2b. Siempre habíamos pensado que éramos buenos, pero nos costaba luchar por una tarifa. La labor comercial de la consultoría no es tan divertida como ser tú el que vendes a gente que no conoces. Fue esa frustración la que nos hizo ponernos a vender. A hacer un b2c apunta Miguel Nieto. 

¿Y por qué jamones y no otro producto? “No lo pensamos mucho. Es un producto que cuesta bastante dinero y por cada envío se le puede sacar un margen decente. Permitía con poca gente y con poca variedad de producto –no es como otros productos con muchas marcas– vender rápidamente sin una gran estructura. No perdimos el tiempo en analizar el mercado. Teníamos prisa por montar algo”, cuenta. 

Barrera interior

“En el fondo, la mayor barrera estaba en nosotros mismos. Dejar una carrera profesional que iba bien, dejar una empresa, para meterte en una cosa por Internet. Y, además, vender jamón sin que el cliente pudiera verlo u olerlo antes de comprarlo. Era más un miedo nuestro a invertir un tiempo. Era miedo a perder el coste de oportunidad: dejar una carrera prometedora. Y los proveedores encantados: eres tú el que adelantas el dinero. Luego ya es más fácil negociar un margen con ellos”. 

El miedo ya ha desaparecido. Desde que se decidieron a montar Ibergour ha experimentado un crecimiento anual continuado cercano al 15%. No les ha afectado, pues, la irrupción de los últimos años de nuevas empresas que ofrecen jamón online, incluida Amazon, antes al contrario quién les iba a decir que verían caer a su más fuerte competidor en Europa. 

https://www.ibergour.com/es

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Bebés ecológicos

Dolores Rubio-Turtle estudió filología y obtuvo plaza en una Universidad de Londres puesto que abandonó para dedicarse a la venta de pañales orgánicos que luego amplió con otra línea de productos consistente en compresas reutilizables. 

¿Sabías que se necesitan 10 árboles para producir todos los pañales que usa un niño durante dos años y medio? ¿Y que una pareja se gasta entre 2.000 y 3.000 euros en pañales en este periodo? Bebés Ecológicos es una pyme almeriense que comercializa pañales ecológicos y productos reutilizables para la menstruación, entre otros muchos productos para bebés y sus madres. En el 2010, Dolores Rubio lanzó su propia marca de compresas reutilizables, Primal, después de ocho años en el mercado importando pañales y productos infantiles orgánicos y reutilizables. Son las primeras compresas ecológicas fabricadas en España, y se comercializan también en el extranjero.

¿Un bicho raro?
“Nunca se me pasó por la cabeza usar un pañal desechable. Vivía por entonces en Londres y quería tener un hijo. Me puse a investigar sobre pañales reutilizables: estuve investigando sobre los problemas medioambientales y de salud vinculados a los pañales. Encontré en Gran Bretaña unos pañales fantásticos y pensé que sería buena idea importarlos para España. Se me ponían y se me ponen los pelos de punta con la cantidad de productos químicos que llevan los pañales desechables. Cuando uno sabe algo, no se puede quedar con la boca callada. Quería compartir la información que había encontrado con padres y con cuidadores en España”, explica.

“Y me vine con mis pañales y los enseñé en tiendas. Ése fue mi estudio de mercado y ahí fue donde me encontré con las primeras caras raras. “Pero, esto, ¿qué es?”, me decían. A la gente le daba como repelús. Era más que decir que estaba loca. Se daban la vuelta y pensaban: “A ésta se le ha ido totalmente la cabeza”, recuerda. “Tenía muy claro que en Almería podían darse este tipo de reacciones, pero que yo no era ningún bicho raro. Estaba convencida de que, de todas formas, en España habría más gente que compartiría mis inquietudes, así que, de todas formas, seguí adelante con la idea de montar la empresa, a la que bauticé como Bebés Ecológicos. Me decían que a quién se le ocurre vender pañales que no se tiran en una época en la que todo se tira”, apunta.

Un asesor

“Un reconocido asesor de negocios me dijo, para empezar, que el nombre que había elegido para mi empresa era malísimo, que buscara otra cosa que tuviera más caché. Le respondí que el nombre resumía todo aquello en lo que yo creía y por lo que había montado la empresa. No lo elegí por que sí. También criticó mi estrategia comercial. No sólo quería vender productos, sino reflejar la investigación que había realizado. Me dijo que no podía poner esa información tan alarmante, pero yo seguí mi instinto”. Menos mal.

http://www.bebesecologicos.com/es/

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