Cómo pedir dinero a familiares o amigos

Pedir dinero a familia o amigos no es tan sencillo. Hacienda exige ciertas medidas, como pagar un tipo de interés de mercado, registrar el contrato o incluir en la renta los intereses, entre otras trabas.

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Punto de partida

Entre el 80 y el 85% de las pymes que solicitan financiación a entidades de crédito encuentran serios problemas para conseguirla y entre un 10 y un 15% no lo consiguen, por lo que la ayuda familiar está a la orden del día.

La principal ventaja del préstamo efectuado por familiares es que las dos partes pueden pactar las condiciones con mayor libertad que cuando se pide el dinero al banco. Entre ellas, aspectos tan importantes como los plazos y la retribución del préstamo.

De hecho, dado que hablamos de préstamos basados en la confianza y en la intención de ayudar a un familiar, lo habitual es que se pacten condiciones de plazo e interés lo más favorables posibles para el prestatario. No obstante, la Agencia Tributaria marca que el préstamo, puesto que se obtiene un rendimiento económico de él (vamos, que montas un negocio que te va a reportar ingresos y beneficios), tiene que tener un tipo de interés superior a cero y que tiene que ser de mercado.

Estudiar las posibilidades

Antes de pedir, analiza cuánto necesitas, qué condiciones de devolución puedes afrontar y cuáles son los riesgos de la operación.

Planifica tus pagos: Si planeas devolver el dinero con los beneficios de la empresa, tienes que acomodar los plazos a los flujos de caja. Para eso, debes hacer un calendario de amortización y la correspondiente previsión de tesorería, exactamente igual que si estuvieras ante un crédito bancario.

Prevé los riesgos: Si la empresa va mal y no puedes devolver el dinero, es posible que la relación se deteriore. Si el dinero proviene del cónyuge o la familia política, se puede provocar un problema personal importante, que además afectará a la empresa.

Elegir a la persona adecuada

No todas las personas de tu círculo social son idóneas para prestarte dinero. Los lazos personales influyen en las condiciones y los riesgos.

Valora los lazos: No es lo mismo pedir dinero a tu abuela que a tu cuñado. Cuánta menos relación de consanguineidad, más nos acercamos a la figura del business angel, por lo que habrá que plantear la necesidad de financiación con mayor formalidad.

Diversifica: Si la cantidad que necesitas es alta, plantéate buscar varias fuentes. La financiación procedente de los familiares más cercanos conlleva el riesgo de poner todos los huevos en la misma cesta: si la empresa va mal, toda la familia sale perjudicada.

Procura convencer, no vender

En principio, los familiares y amigos están siempre predispuestos a ayudar. Pero hay que ponerse en su lugar... se arriesgan a no cobrar.

Presenta el proyecto: Hay casos en los que tendrás que hacer una presentación formal y otros en los que bastará con pedir el dinero. Eso depende del tipo de relación que se tenga. Pero si les haces ver que hay un proyecto de negocio serio y sólido, les darás más tranquilidad.

Sé sincero: Explica claramente cuáles son las condiciones y qué riesgos económicos implica la operación, sobre todo si son personas ajenas al mundo de la empresa. Un punto mal entendido puede convertirse en una fuente de discusión más adelante.

Sé receptivo: Es posible que quien te presta el dinero se sienta en el derecho de opinar sobre la marcha de la empresa. En ese caso, actúa con sentido común: si te enfrentas a esa persona, lo único que vas a conseguir es crearle inseguridad. No te cuesta nada mantenerle informado.

La parte contratante

Contrato privado: No existe un modelo de contrato de préstamo, sino que el abogado hace un traje a medida con las condiciones que hayan acordado las partes. Debe detallar quiénes intervienen, que el prestatario necesita el dinero y que el prestamista quiere prestárselo. Además, se señalarán el importe, las condiciones, los términos de la entrega y de la devolución. No es imprescindible la intervención de un notario.

Devolución: La entrega del dinero y las devoluciones que se vayan realizando deben quedar documentadas. Al finalizar el préstamo, en principio no sería necesario hacer ningún trámite. Pero no está de más, al hacer el último pago, dejar constancia por escrito de que se han abonado el capital y los intereses sin que las partes tengan que reclamarse nada.

Modificaciones: Las condiciones del préstamo se pueden modificar, siempre que haya acuerdo de todas las partes. El nuevo texto debe documentarse en una addenda al contrato.

Impuestos: La firma de contratos entre particulares está exenta del Impuesto sobre Transmisiones Patrimoniales (ITP), pero sí que es necesario rellenar un documento, que varía de una Comunidad Autónoma a otra en el que hay que declarar que la operación está exenta de este impuesto.

Y en la Renta... ¿qué?

Una pregunta habitual que se hacen los emprendedores es ésta: ¿Y cómo se traslada todo esto a la declaración de la Renta de prestamista y prestatario? Vamos a verlo con un ejemplo. Imagina que tu padre te presta 12.000 euros para arrancar con tu negocio. Tú te comprometes a devolverle el préstamo mensualmente.

Imagina que pagas 1.000 euros de préstamos y 100 euros de intereses todos los meses. Pues bien. A la hora de hacer la declaración, tú tienes que contabilizar esos 100 euros como gasto financiero y te los puedes deducir, y tu padre tiene que incluir esos 100 euros mensuales como rendimiento del capital mobiliario y no tiene derecho a deducción de ningún tipo.

Pero antes de ponerte a pensar en la Declaración de la Renta, tienes que pensar en el documento físico en el que va a quedar plasmado el préstamo. Ahí va la letra pequeña de los préstamos.

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