Cómo despides a un familiar

En una empresa familiar, separar lo familiar de lo empresarial resulta muy complicado. Lo mejor para acabar de raíz con este problema es crear estructuras de gobierno adecuadas.

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Necesitáis un Consejo de Familia

Si es tu caso, y quieres dar ese salto cualitativo, que es la profesionalización de la empresa familiar, toma nota de cómo llevarlo a cabo y de las estructuras de gobierno:

Consejo de Familia. Es un órgano paralelo al consejo de administración, creado ad hoc para la empresa familiar. En él se tratan los temas de familia que afectan a la empresa. Es la forma de institucionalizar las reuniones familiares cuando el colectivo se ha ampliado. El consejo de familia trabaja para mantener la unidad del conjunto, potenciar el desarrollo del talento entre los miembros de la familia y también facilitar la participación constructiva de todos.

Reuniones de familia. Estos encuentros, aunque más informales que el consejo, son también un instrumento efectivo para mantener la comunicación y los vínculos familiares, pero siempre dentro del trabajo, dejando fuera los fines de semana y el tiempo libre de cada uno al margen de la empresa.


Asamblea familiar. En estas asambleas se pueden hacer una presentación de cómo va la empresa, de los resultados anuales, de la evolución que ha seguido durante los últimos años. Invitando a toda la familia, a los familiares accionistas, a sus cónyuges, a los hijos, a los yernos, a la familia política y se va respondiendo a sus preguntas: ¿Por qué estáis haciendo esto? ¿Por qué váis aquí?... Presentando la marcha de la empresa para que no haya ningún tipo de dudas ni problemas.

 

¿Puedes reubicarle antes de decirle adiós?

La familiaridad puede ser tu mejor baza. Despedir a un empleado siempre supone enfrentarse a una situación complicada, pero lo es más si encima es un familiar.

Para gestionar familiares problemáticos. No olvides que al igual que ocurre con cualquier otro empleado, el infractor tiene derecho a que lo adviertan con antelación de cuál es el comportamiento que no piensan tolerar sus superiores y ofrecerle la oportunidad de corregirlo. También puedes contemplar la posibilidad de reubicarle en otro puesto para el que está mejor dotado.

Tú debes dar la noticia

Cuando el despido es inevitable, la responsabilidad debe recaer en el director general y no en los directivos externos. Es mejor organizar el despido para que la noticia no sea dolorosa para los parientes inmediatos, ni para el resto de la familia. La decisión no debe tomarse con precipitación y la familia debe recibir una explicación sobre los motivos. No obstante, despedir a alguien de la familia nunca resulta fácil y quien lo hace no puede esperar que tras dar ese paso vaya a gozar del cariño de los demás parientes. Tarde o temprano tendrá que oír algún reproche.

Si tu hermano es el rival

Un código de conducta. Si hay hermanos que están trabajando en la misma empresa, es normal que se produzca cierta rivalidad, pero hay que evitar que ésta se convierta en destructiva. Por ejemplo, se puede acordar un código de conducta que parta del reconocimiento de que el bienestar de la empresa debe primar sobre las cuestiones personales y que establezca procedimientos para la resolución de diferencias.

Cada uno en su sitio. Además, los hermanos deben considerar cómo dividir los papeles, de manera que cada uno pueda demostrar su competencia, reducir el potencial de conflicto de competitividad e incrementar las oportunidades de encontrar vías para trabajar juntos en una relación complementaria.

Si la organización es lo suficientemente grande, la rivalidad puede ser minimizada mediante la asignación a los hermanos de distintas áreas de responsabilidad, definidas desde el punto de vista operativo o geográfico (o, preferiblemente, ambos). El propósito es ayudarle a centrarse en su propio trabajo y no en el de los hermanos.

Dos candidatos, ¿a cuál eliges?

Lo más adecuado en este caso es apoyarse en un técnico externo. Hay muchas empresas que recurren a consultores externos para abordar ciertos conflictos y problemas. Estos profesionales son capaces de estudiar con distanciamiento una dificultad empresarial o una situación familiar espinosa y proponer distintas formas de abordarla. Es mejor que tomar la decisión desde la propia familia y así te escudas en un informe neutral de alguien externo que aconseja esa decisión. Esta opción facilita la situación y hace que la elección no resulte tan violenta. Aunque en la práctica se sabe cuál es el más adecuado.

Minimiza el impacto del divorcio

Si el divorcio afecta a los titulares de la empresa, es decir, un matrimonio en el que ambos tienen acciones en la sociedad familiar, la ruptura sentimental suele implicar el fin de la relación empresarial”. Si el tema se pacta en el convenio de separación o divorcio, no tiene por qué haber problema, pero si la separación deriva hacia lo contencioso, nos introducimos en un procedimiento judicial que puede acabar de cualquier forma.

Recurre al Protocolo familiar... si lo tienes

Para evitar luchas, es mejor prevenir estos conflictos antes de que sucedan y abordar la forma de resolverlos mediante el protocolo familiar. Es importante que las empresas familiares estipulen este tipo de reglamento, en el que se pueden abordar las formas de afrontar casos de divorcio, así como otra serie de problemas (requisitos para contratar familiares, asignación de sueldos, etc). En el caso de un divorcio, por ejemplo, se puede acordar que las acciones de la sociedad se otorguen a la persona que quede trabajando en la empresa o queden repartidas entre los hijos. Al protocolo se le pueden añadir las capitulaciones matrimoniales, un documento que estipula lo que pasa con los bienes matrimoniales cuando se produce un divorcio.

Y si no hay protocolo, establece un convenio.
Si no existe protocolo, la mejor opción es establecer un convenio que permita repartir las acciones mediante una vía de acuerdo y de diálogo. Porque, por ejemplo,un divorcio conflictivo implica una acción judicial que suele consumir mucho tiempo, dinero y también energías, muchas veces indispensables para que la empresa siga su curso, aún en un contexto de normalidad. Los costos del proceso judicial y los personales van minando el patrimonio de la empresa.

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