Las peores pesadillas de los jóvenes emprendedores... ¡y cómo superarlas!

Lanzar una empresa siempre tiene riesgos, pero hay una serie de amenazas comunes que le quitan el sueño al emprendedor novato.

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Una guerra de precios nada más empezar

Que un competidor de la vieja guardia entre en escena e imponga una guerra de precios es una de las amenazas más temidas por el emprendedor, pero aunque es bastante probable que te la encuentres, no es excesivamente grave.

No tiene porque ser negativo sino que por el contrario te puede crear mercado. Las multinacionales, o no saben, o son muy lentas a la hora de plantear sus estrategias comerciales. Y si lo hacen muy bien a nivel publicitario, se puede beneficiar el emprendedor indirectamente.

Ay, que me copian

Has detectado un nicho de negocio, entras, y al poco llegan otros competidores a los que tú has abierto los ojos. Es la ley del libre mercado. No vas a tener más remedio que tomar medidas para prepararte cuando llegue esa competencia.

Y al contrario de lo que se piensa, ésta es una de las amenazas menos graves para una empresa: que te copien tu producto o servicio, salvo en el caso de que afecte a tu autoestima como emprendedor, porque realmente la gravedad es que imiten tu packaging.

Los pequeños pueden ganar las guerras con un servicio más personalizado cuando les copian. Estas amenazas te pueden llevar a buscar constantemente nuevas soluciones y nuevos productos que hacen que su empresa crezca. Y no en todos los casos se puede recurrir a una patente.

La competencia se quiere llevar a tu mejor vendedor

Aunque ninguna empresa se puede proteger con total garantía de esta amenaza, sí es cierto, coinciden los expertos, que su probabilidad es inversamente proporcional a la remuneración del empleado y al ambiente de la empresa y directamente proporcional al grado de responsabilidad del empleado dentro de la estructura de tu empresa. Salario y conciliación los mejores paliativos.

Piensa que los empleados de una pyme suelen estar más implicados con el proyecto que con la nómina. Sobretodo en proyectos que arrancan es difícil que los empleados reciban una remuneración que se adapte a sus capacidades y a su esfuerzo.

Una de las soluciones para poner freno a esta amenaza es desarrollar en la empresa políticas de conciliación de la vida laboral y familiar, y buscar todas las soluciones posibles para conseguir una mayor implicación de tus empleados clave en la empresa, como por ejemplo, algún tipo de participación en el accionariado de la empresa.

Un empleado se lleva tus (pocos) clientes

En contra de la creencia popular, los empleados que salen de la empresa llevándose cliente y montando empresas similares para hacer la competencia no son los 'peores' empleados, sino que suele tratarse de empleados decepcionados, a los que se les ha prometido algo a lo largo del tiempo y no se ha cumplido con esa promesa. En este caso, el 'desencanto' de los profesionales es ajeno al salario o a las políticas de incentivos sociales, sino que está relacionado con el deseo de mayor vinculación con la organización.

Proveedores que no cumplen con su palabra

Muchas empresas se fijan sólo en el precio a la hora de seleccionar a sus proveedores. Pero esto a la larga sale caro, porque el producto o el servicio pueden llegar en condiciones que no son las pactadas.

Puedes encontrarte con un proveedor que no te entrega el producto en las condiciones que habéis pactado, en los plazos que habéis acordado o con la calidad que se haya fijado. En las empresas que cuentan con un responsable de compras es complicado que se produzca esta situación. Tienen en cuenta más valores que el precio o las cualidades técnicas.

Boicot a tus productos

Un boicot suele transmitirse en cadena. No sólo afecta a las empresas directamente boicoteadas, también a sus proveedores.

Aunque tú no tengas nada que ver, los boicots los sufren quienes están en el lugar inadecuado en el momento más inapropiado. Por ejemplo, si tu cliente final está siendo boicoteado, toda la cadena se acaba resintiendo.

En España esta práctica no es excesivamente habitual.

Espionaje comercial

Esta amenaza pone de manifiesto la importancia de registrar marcas, patentes y diseños industriales. Además del impacto económico -en el mercado y en los tribunales- tiene un alto impacto moral.

Una cosa es que una empresa trate de imitar tu negocio o tu producto -una línea de tu negocio- y otro que se robe información confidencial, desde dentro, sobre cómo se fabrica tu producto. Cuando se trata de la elaboración de productos es especialmente grave -los sectores informático, automovilístico, y aeronáutico protagonizan los casos más mediáticos-. En el sector servicios, el espionaje también se da, pero ahí la receta es más complicada.

Esta amenaza es especialmente grave para una empresa que nace o para un negocio que está dispuesta a lanzar un nuevo producto. Peor aún, si la empresa únicamente tiene un producto – cuánto más diversificada esté la cartera de productos, menor es el impacto para la empresa-.

Perder clientes sin tener la culpa

Si no tienes un contacto directo con tus clientes, más allá de facilitarles tu producto, es habitual que aparezca este problema. Generalmente este tipo de situaciones se pueden prever también con antelación. Sobre todo si tus clientes operan en sectores que experimentan frecuentemente vaivenes económicos.

La gravedad de esta amenaza está estrechamente ligada al grado de diversificación de la cartera de clientes de la empresa.

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