12 claves para una buena gestión financiera de tu negocio

Aunque externalices la contabilidad de tu empresa, la gestión financiera continúa siendo tuya. Y estos son los ‘niveles’ que necesitas controlar para evaluar tu gestión al frente del negocio.

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¿Revisas tus niveles financieros?

Como empresario debes tomar conciencia de qué está pasando en tú empresa. Tienes que revisar tú mismo si hay un buen flujo de caja, si hay suficientes ingresos, si es necesario reducir los gastos para tener más posibilidades para invertir –aunque tengas ingresos–.

¿Controlas tu fondo de maniobra?

La salud financiera se ve en el fondo de maniobra. Es la diferencia entre los capitales permanentes y el activo fijo. Tiene que haber una parte de la financiación a largo dirigida a financiar activos a corto.

 

¿Controlas el nivel de cash-flow'?

Debes controlar los flujos de caja: que los plazos en los que tienes que cobrar los ingresos sean suficientes para hacer frente a las obligaciones de pago. Si tus clientes te pagan a dos meses y tu pagas a tus proveedores a uno... o juegas con los tiempos o con los fondos propios o te endeudas.

¿Cuidas los plazos de cobro y de pago?

En la medida de lo posible tienes que ser capaz de ajustar los tiempos de cobro y de pago. No es lo mismo los ingresos cobrarlos a 180 días y pagarlos en cash o a 30 días que viceversa: pagar a 60 días y cobrar a 90 días. Es necesario que no se te desequilibre.

¿Analizas la composición del beneficio?

Hay que comparar el beneficio con el previsto en el plan de negocio, para ver su evolución, pero, sobre todo, para analizar su composición. No es lo mismo que tu beneficio venga de la actividad ordinaria de la empresa a que venga de liquidar un inmovilizado.

¿Distingues entre beneficio y caja?

Una cosa es beneficio y otra cosa es la caja de tu negocio. Puedes tener beneficio y no tener caja. En el beneficio entran los ingresos, lo que vendes, pero si cobras a 180 días, realmente no tienes dinero para afrontarlo. El beneficio no deja de ser un concepto contable. La caja es real.

¿Evalúas la rentabilidad de la empresa?

Este ratio te es más útil que analizar los beneficios –que, ojo, también tienes que evaluar–. Una cosa es tener margen y otra cosa es tener rentabilidad. Al final el margen es una comparación que tienes en la cuenta de resultados entre ingresos y gastos, y la rentabilidad es un concepto de eficiencia.

¿Y mides el rendimiento económico?

De la misma manera, tienes que evaluar la rentabilidad financiera de tu negocio, este indicador te permitirá conocer la remuneración correspondiente a los fondos propios, condicionada tanto por el rendimiento de tus inversiones como por el nivel y coste del endeudamiento.

¿Reflejas los costes en el precio?

Es importante establecer un escandallo de costes. Tener claro que, al final, de lo que vendes no es sólo el margen del coste directo, sino también las imputaciones de costes que van a mi producto: transporte, comercialización... Tengo que ver si con ese precio le gano dinero o no a mi producto.

¿Aprovechas el régimen impositivo?

Es una forma de generar también ingresos. Ahora bien, aunque sí debemos aprovecharlo, no debemos basar el futuro de nuestra empresa en este tipo de cosas. Hay que tomarlo como una ayuda coyuntural. Lo que no puedes es pensar en la sostenibilidad a largo plazo de esta forma.

 

¿Controlas los cobros?

Es inevitable que te pares a analizar los retrasos en los pagos. ¿Es por insatisfacción del cliente o porque el cliente tiene problemas financieros? En el primer caso tienes que responder para desbloquear la deuda y poder cobrar. En el segundo caso tienes que ser rápido para cobrar el primero.

¿Comparas tus datos con los del sector?

Debes comparar la cuenta de resultados con el plan de negocio, y estudiar por qué se producen las desviaciones, pero, además, tienes que compararlo con empresas del mismo sector. A lo mejor tienes una rentabilidad del 1%, pero es que resulta que es normal. No vale el número en frío.

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