Consejos para mantener a raya tu ego si tienes éxito

Existen algunos síntomas claros de que se te está subiendo el éxito a la cabeza, sigue leyendo y analiza objetivamente si tu ego está por las nubes. Por fin ha llegado ese contrato que estabas esperando, o has cerrado esa tercera ronda de financiación. Estás eufórico, pero de repente parece que la gente de tu alrededor te mira con otra cara. ¿Son ellos los que han cambiado o tú? 

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Yo, mi, me, conmigo...¿Te reconoces?

Egocentrismo. Sientes que el mundo gira a tu alrededor. Puede que surja una corte de aduladores que efectivamente esté pendiente de todos tus deseos, pero el problema empieza cuando eres incapaz de ver la realidad desde otro punto de vista que no sea el tuyo propio.

Actitud intrusiva. Tiendes a manipular a los que te rodean, te impones, exiges demasiado y con rudeza o tiendes a supervisarlo absolutamente todo.

Cierta insensibilidad. La prepotencia y la soberbia nos insensibilizan ante los problemas ajenos. Tiendes a creer que sus problemas ocurren porque no tienen capacidad de superación, de la que tú estás sobrado.

Otros síntomas de que sufres un exceso de ego

Necesidad de ser adulado. El deseo de feedback positivo es lógico y humano, el problema surge cuando ese deseo se transforma en una necesidad para poder sentirte bien contigo mismo. En el camino hacia el reconocimiento externo que hemos identificado con el éxito, vamos obteniendo numerosos halagos y si esa comunicación se vuelve imprescindible para tu ego, empieza a ser un problema.

Socialización sin intimidad. Estás a gusto con tu forma de actuar y de comunicarte con los demás. Esta tendencia no es negativa, pero si en ese camino pierdes la capacidad de profundizar o en el roce más cercano te encuentras incómodo, es que estás dejando que el ego se te dispare.

Cuidado con...

La complacencia. Regodearse en el éxito, dedicarse a vegetar, a vivir de las rentas. Es un error muy habitual en las personas que alcanzan el éxito, el dar por hecho que lo han alcanzado ya todo. Ésa es la maldición que se acecha siempre a los Nobel de Literatura. De hecho, una de las principales críticas que recibió Camilo José Cela en sus últimos años fue la ausencia de producción notable tras el premio. Recuerda las palabras de Anxo Pérez, fundador de 8belts.

La precipitación. El éxito, la satisfacción en grado sumo, provoca subidas de adrenalina que nos empuja a entrar en un ritmo frenético y a tomar decisiones muchas veces precipitadas, sin la prudencia ni la reflexión necesarias.

Tres trampas que te alejan de tus objetivos

La prepotencia. Tiene mucho que ver con la subida de adrenalina de la que hablábamos antes: cuando las cosas te salen bien, tiendes a incrementar las dosis de placer y con esta sensación aumenta la segregación de adrenalina, una hormona que nos ayuda a enfrentarnos a los peligros y afrontar los nuevos retos que se nos plantean. La consecución de un logro nos estimula y nos impele a creer que estamos tocados con una varita mágica y que somos capaces de todo y eso nos puede empujar a aceptar retos para los que a lo mejor ni nosotros ni nuestro equipo ni nuestra compañía están preparados.

La sobreexposición. A la hora de mantener la visibilidad, no conviene no excederse. Un peligro es empezar a introducirse en campos que nos son desconocidos llevados por la vanidad de ser reclamados por nuestro nombre o nuestra fama. Podemos caer en la sobreexposición que vemos en algunos famosos que aparecen en tertulias radiofónicas, en publicaciones, en debates televisados o a personas que entran en fregados completamente diferentes a los suyos.

La avaricia. La falta de un objetivo claro puede hacerte caer en el error de decir a todo que sí.

Cómo mantener la cabeza fría

Los riesgos del éxito están muy vinculados a nuestra forma de reaccionar ante él. Para moderar los efectos perniciosos sobre nuestro ego, la primera recomendación importante es asumir que el mérito no es exclusivamente nuestro, que hay una participación importante de otros factores como el equipo y la gente que nos ayuda.

Sigue con tus rutinas. Aunque vayas relacionándote con otra gente es importante mantener los pies en la tierra, seguir con los amigos de siempre, no perder el contacto con tu entorno.

No pierdas tus valores. Ten en cuenta que son ellos los que te han ayudado a conseguir el éxito. Abandonarlos puede suponer tu caída y, además, arrastrarte a una pérdida de identidad.

Demora la gratificación. También puede entenderse como buscar deliberadamente la frustración. Por eso es bueno afrontar retos con los que aprender a aceptar el fracaso.

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