Cómo elegir el fabricante de tu producto y no meter la pata

Para externalizar la produción no es necesario perder la calidad, sino que podemos obtener grandes ventajas sin realizar grandes inversiones.

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No te olvides: la calidad es lo primero

En toda subcontratación, lo primero es asegurar la calidad in situ. Aunque no tengamos fábrica propia, debemos tener personal de producción. Y es recomendable estar presentes en el país en el que se esté produciendo.

Cuidado con la materia prima. Es importante establecer un protocolo mediante el que aprobemos la calidad de la materia prima que el productor está utilizando, para que los materiales cumplan las especificaciones.

¡Fundamental! Vigila la producción

Aunque el protocolo habitual incluye dar el OK a las pruebas antes de comenzar a fabricar, es muy importante vigilar el arranque de la producción. Hasta que ajustas una máquina, aunque hayas fabricado antes, siempre hay fallos. Pero no es lo mismo 50 unidades defectuosas sobre 10.000 piezas que 500. Hay que estar allí para que no te cuelen demasiados productos con tara.

Para realizar este control, no es imprescindible contar con personal propio a la salida de producción. Existen compañías especializadas en prestar este servicio con presencia en los países de fabricación. En cualquier caso, lo más importante es prevenir, porque será muy difícil reclamar en la recepción del pedido si hay errores o discrepancias acerca del resultado, especialmente si la producción viene de Asia. Es muy complejo reclamar y puede ser incluso más caro. O quizá te quedes sin margen de tiempo para reaccionar.

Investiga al fabricante

Además de los procesos de homologación, programas de calidad en origen y otras precauciones, es bueno realizar un camino juntos... hasta conocer la capacidad y competencia reales de nuestros proveedores. Si está en nuestra mano, al principio de una relación es recomendable firmar contratos cortos para ir tanteando.

Es fundamental estar en el país, ver cómo trabaja el proveedor, ir haciendo pruebas, observar cómo responde, vigilar cómo lleva las tareas administrativas e incluso sus relaciones con bancos, etc. Hay que ver si tiene la potencia que se le supone.

El coste, sólo un elemento más

No hay que obsesionarse con el coste. Si decidimos no quedarnos con la producción y tratar de añadir un valor –a través de la marca, servicio, diseño, etc.–, éste debe ofrecer el margen suficiente como para que no tengamos que depender del proveedor más barato, además es conveniente hacer un “análisis real de costes totales”, valorando en su justa medida los riesgos.

Diversifica... en la medida de lo posible

Si es posible, conviene contar con más de un proveedor. Lo ideal es tener diversificada la producción en distintos lugares y tener muy claros cuáles son las cosas que quizá no importe que tengan un extracoste para tenerlas más próximas o incluso hacerlas uno mismo. Y si podemos contar con distintos proveedores, es posible beneficiarse de una hipotética competencia entre ellos, que revertirá en una mejor calidad o un ajuste de costes.

Retener nuestra esencia

En los procesos medulares, que hacen que seamos competitivos, hay que mantener el control. Hay cosas que pueden ser específicamente tuyas, aunque el resto esté externalizado.

Es fundamental identificar los elementos estratégicos y estructurales que constituyen nuestra auténtica ventaja competitiva –¿por qué compran nuestro producto?– y no renunciar a estos aspectos. Por ejemplo, si lo que caracteriza a los bolis que fabricamos es la uniformidad de la escritura y la clave radica en la bola que dosifica la tinta, eso hay que mantenerlo en casa. El resto, pueden hacerlo otros.

No dejar cabos sueltos

Cuando se hace una negociación, es importante hacer un contrato en el que se estipulen cuidadosamente todas las cláusulas de evaluación de desempeño, estableciendo las penalizaciones o bonificaciones aplicables en caso de incumplimiento.

La Oficina Española de Patentes y Marcas (OEPM), por su parte, recomienda contar con asesoramiento para prever contractualmente la exclusividad de la licencia y su duración, extensión y límites; el régimen de responsabilidad por vicios en la patente u otros derivados de su fabricación...

Pero cuidado con el pirateo. Al confiar la fabricación de nuestros productos a terceros, corremos el riesgo de que nuestros ‘secretos’ queden al descubierto.

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