¿Serían Don Quijote o Maquiavelo unos buenos emprendedores?

¿Te imaginas tener como jefe a Maquiavelo? ¿Y que tu empresa estuviera dirigida por Leonardo da Vinci? ¿Sería Don Quijote un buen gestor? ¿Cómo resolvería Pareto una crisis? Hemos imaginado cómo gestionarían una empresa estos personajes.

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Hemos elegido a cuatro grandes personajes de la Historia (reales o ficticios) y los hemos puesto al frente de una supuesta empresa. Los cuatro elegidos, son Nicolás de Maquiavelo, Leonardo da Vinci, Vilfredo Pareto –el padre de la Ley del 80:20– y Alonso Quijano. Sí, Don Quijote.

Los hemos sometido a cuatro duras pruebas; cinco supuestos de gestión empresarial para saber –o para recrear– cómo se desenvolverían en esa nueva faceta de gestores que nos hemos imaginado para ellos y que quizá nunca soñaron. Salvo Pareto, que lo fue.

Te sorprenderán las conclusiones de gestión que hemos obtenido. Si imaginabas a un Leonardo da Vinci simplemente genial; a un Maquiavelo intrínsecamente malvado o a un Quijote básicamente pirado, después de leer este reportaje tu impresión será otra.

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Supuesto 1: situación de crisis

- Maquiavelo: Ante una situación de crisis, el florentino estaría en su salsa. Podría aplicar su doctrina favorita: el fin justifica los medios y descabezar a la mitad de la plantilla. Maquiavelo es un líder duro, racional y frío; un gestor enfocado a resultados, por lo que pensaría: “hay que salvar la crisis no importa cómo”.

- Pareto: Pareto era un gestor de prioridades y eso es muy bueno a la hora de gestionar una crisis. Era un gestor de cómos más que de qués. Un tipo cuadriculado, nada creativo, que buscaría fórmulas para producir más a un menor coste. No de trabajar más, sino mejor porque él es pre-taylorista, no taylorista.

- Leonardo: Más que salvador de situaciones de crisis, Leonardo da Vinci sería el típico gestor que te metería en ella. Es aquello de ‘la genialidad del genio nos arrastra a todos’. Haría lo que le gustara, al amparo de su genialidad, y quizá no lo que debiera.

- Don Quijote: Lo que haría el caballero andante sería apoyarse mucho en su alter ego Sancho. Para afrontar una situación de crisis, tendría que equilibrar su liderazgo con el realismo y la capacidad de gestión de un buen escudero. Como dijo Unamuno, que Sancho se quijotice y que Don Quijote se sanchice.

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Supuesto 2: armas contra la competencia: ¿fair play o juego sucio?

- Maquiavelo: Maquiavelo es una moneda de dos caras. Ha pasado a la historia por la cara mala, la que sentó como doctrina en El Príncipe. Ahí dice cosas como: “un príncipe que no se preocupa del arte de la guerra (...) jamás será apreciado por sus soldados ni podrá fiarse de ellos”. Aplicado a una guerra con la competencia… pobre competencia. Aunque también tiene sus luces, y podría ser un buen gestor que se comería a la competencia, tanto a Don Quijote como Da Vinci, pero porque su empresa está bien gestionada y ha crecido más.

- Pareto: De su famosa Teoría del 80:20 se deduce una cúpula empresarial muy clasista, con un consejo de administración de linajes, al que accedes si perteneces a las familias de la oligarquía empresarial o social. Son cúpulas propias de las grandes empresas, como petroleras o ex monopolios. Así que sus armas contra la competencia no serían tanto las propias de sus capacidades empresariales como las basadas en sus relaciones con el poder.

- Leonardo: Da Vinci es un caramelo para la competencia porque está en sus cosas, en sus inventos, y ni se preocupa. Lo único que temerían sus competidores sería su genialidad. Es un ejemplo de exceso innovador: vas muy por delante del mercado, pero al final, si no te adaptas mueres.

- Don Quijote: Si partimos del tópico del hidalgo majara e impulsivo, Quijote abordaría la competencia embistiendo a pecho descubierto contra molinos que son gigantes multinacionales. Otra visión es la de un tipo idealista que emprendería grandes hazañas. Hay empresarios que fueron tachados de quijotescos, pero que han conquistado los mercados internacionales, triunfando fuera para ser reconocidos en su tierra.

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Supuesto 3: cómo conquistar mercados exteriores

- Maquiavelo: La expansión internacional de una compañía gestionada por Maquiavelo, se basaría en alianzas con otras compañías extranjeras, y no tanto creando su propio negocio.

- Pareto: El pensamiento económico de Pareto se basa en buena medida en la sociología y la estadística. Y, por tanto, en hechos probados. Tal vez por eso, o tal vez por su ideología conservadora, sería un gestor más focalizado hacia lo conocido, hacia los mercados maduros. Su estrategia internacional consistiría en no arriesgar; sería más adaptadora que innovadora.

- Leonardo: Da Vinci es más de volar con la imaginación; de explorar los territorios de la mente, de conquistar nuevos retos, pero no nuevos mercados. Como su carencia principal es la falta de pragmatismo, sería incapaz de desarrollar una buena estrategia internacional porque ni siquiera sería capaz de asentar los cimientos de su propia empresa.

- Don Quijote: Alonso Quijano sería gestor de una empresa que necesita dar un salto de crecimiento. No sería profeta en su tierra, donde le tacharían de loco, pero conquistaría otros territorios, otras culturas, donde lo quijotesco no es sinónimo de locura sino de ideales; de perseguir un sueño y lograrlo.

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Supuesto 4: cómo incentivar a tus empleados

- Maquiavelo: Su teoría de que el jefe tiene que ser odiado antes que amado, o el “divide y vencerás” le invalida para incentivar y formar equipo. Con esa estrategia sólo conseguiría retener a los mediocres. Es una estrategia muy cortoplacista, que lleva a la autodestrucción. Aunque por otro lado y viendo su cara amable, podríamos definirlo también como un jefe justo y eficaz, que aplicaría una gestión de personal basada en la meritocracia. Esperamos que esta última fuera la gestión elegida.

- Pareto: Tampoco sería un buen incentivador de equipos; no da el perfil. Pareto es un cabeza cuadrada que no sabe dónde tiene el corazón y, menos, el alma. Es cuadriculado, deja de lado el factor humano y el corazón de la empresa. Sería un buen gestor de crisis, pero en su planteamiento teórico, las personas son números. Y eso, a medio plazo, acaba por aplastar el talento, matándolo de aburrimiento

- Leonardo: Su famoso dibujo El hombre de Vitruvio es un estudio de las proporciones del cuerpo humano. Da Vinci dibuja una figura masculina con brazos y piernas abiertos envuelto en un círculo y un cuadrado. El centro del cuadrado son los genitales y del círculo, el ombligo. Quizá sea la mejor metáfora de Leonardo como gestor de equipos: incapaz de dejar de mirarse su ombligo. Estamos ante un tipo imaginativo y resolutivo, muy creativo, pero brutalmente autónomo. Le resultaría muy difícil trabajar para otros, pero también formar equipos.

- Don Quijote. Si convenció a “un labrador vecino suyo, un hombre de bien, para que cambiara la azada por el asno y se convirtiera en el fiel escudero de sus andanzas caballerescas, puede deducirse que, como incentivador de equipos, no hay molino que se le resista.

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Casos reales: Modelos de carne y hueso

Hemos elegido cuatro casos reales, para poder ponerle cara a estos cuatro perfiles históricos. Todos conocemos cuál ha sido la forma de trabajar de estos personajes, que también, a su modo, han hecho historia.

- Empresario Pareto: Jack Wells, ex-CEO de General Electrics. Jack Welch fue durante 20 años consejero delegado de General Electric. Entusiasta confeso de Pareto, sustituyó el binomio 80-20 por el trinomio 20-70-10, según el cuál el 20% de los trabajadores genera el 80% de los beneficios; el 70% apenas es adecuado y el 10% restante son improductivos. En cinco años (1980-1985) echó al 25% de la plantilla (120.000 trabajadores). Y en 2002 a otros 75.000. A Welch se le conocía como Neutron Jack porque cuando sacaba la guadaña y se ponía a cortar cabezas, el efecto era el de la bomba de neutrones: quedan los edificios, pero no las personas.

- Empresario Quijote: Francisco Martínez-Cosentino, presidente de Cosentino: Un sueño quijotesco tuvieron los hermanos Consentino: conquistar el mundo desde una esquina de España –Macael, en Almería– con el mármol de sus canteras que ya explotaban los fenicios. Comenzó a exportarse a Francia y Alemania y luego al resto del planeta. Su principal conquista vino con el desarrollo de un nuevo producto: una piedra de cuarzo a la que llamaron Silestone. Hoy, la marca Silestone es más conocida fuera que en España. Como Don Quijote, Consentino tuvo que triunfar fuera para ser profeta en su tierra.

- Empresario Leonardo: Steve Jobs, cofundador y presidente ejecutivo de Apple. Hasta el día de su muerte, Steve Jobs trabajó para Apple siendo el Leonardo da Vinci de la gestión empresarial. Su genio creativo puso, sin embargo, a Apple contra las cuerdas. Especialmente en la etapa inicial: la capacidad de innovación iba muy por delante del mercado y tuvieron que frenar para no morir de éxito. Con los años, Jobs aprendió a adaptar su genialidad innovadora al paso del mercado.

- Empresarios Maquiavelos: Bill Gates y Kenneth Lay. Como Maquiavelo una cara buena y otra mala, el empresario prototipo de Maquiavelo bueno sería Bill Gates, creador de una empresa de éxito, bien gestionada y basada en el talento y los méritos de las personas que la forman. Al Maquiavélico malo le ponemos la cara de Kenneth Lay, fundador y presidente de Enron, que llegó a ser la séptima empresa más grande de Estados Unidos. Pero urdió un fraude que la llevó a la quiebra. Fue declarado culpable de conspiración y estafa por manipular las cuentas de la compañía para ocultar pérdidas multimillonarias.

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