Cuatro personajes históricos al frente de tu pyme

¿Te imaginas tener como jefe a Maquiavelo? ¿Y que tu empresa estuviera dirigida por Leonardo da Vinci? ¿Sería Don Quijote un buen gestor? ¿Cómo resolvería Pareto una crisis? Hemos imaginado cómo gestionarían una empresa estos personajes.

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¿Cómo gestionarían Maquiavelo, Da Vinci, ‘Don Quijote’ y Pareto tu empresa?

Este artículo es un ejercicio de ciencia-ficción. O de gestión-ficción. Hemos elegido a cuatro grandes personajes de la Historia y a sus creaciones y los hemos puesto al frente de una empresa supuesta. O real, también da igual.

Los cuatro elegidos son Nicolás de Maquiavelo, Leonardo da Vinci, Vilfredo Pareto –el padre de la Ley del 80:20– y Miguel de Cervantes y su creación literaria Alonso Quijano. Sí, Don Quijote.

Pero no sólo eso. Con la ayuda y complicidad de tres de los más destacados expertos en liderazgo, gestión de talento y comportamiento organizacional –como son Juan Carlos Cubeiro, Pedro Gioya y Juan Carlos Pastor– los hemos sometido a cinco duras pruebas del algodón; cinco supuestos de gestión empresarial para saber –o para recrear– cómo se desenvolverían en esa nueva faceta de gestores que nos hemos imaginado para ellos y que quizá nunca soñaron. Salvo Pareto, que lo fue.

Te sorprenderán las conclusiones de gestión que hemos obtenido. Si imaginabas a un Leonardo da Vinci simplemente genial; a un Maquiavelo intrínsecamente malvado o a un Quijote básicamente pirado, después de leer este reportaje tu impresión será otra.

Cómo afrontarían una situación de crisis

Maquiavelo
Ante una situación de crisis, el florentino estaría en su salsa. Podría aplicar su doctrina favorita: el fin justifica los medios y descabezar a la mitad de la plantilla. Para Pedro Gioya, socio-director del Instituto de Liderazgo y experto en esta materia, Maquiavelo es “un líder duro, racional y frío; un gestor enfocado a resultados: hay que salvar la crisis no importa cómo”, argumenta. 

Más que al autor de El Príncipe, Juan Carlos Pastor, director académico del Centro de Liderazgo del Instituto de Empresa y profesor de Comportamiento Organizacional, prefiere al Maquiavelo de Discursos: “Sería un buen gestor que lideraría una empresa bien gestionada, tipo Microsoft”, señala.

Pareto
“Pareto es un gestor de prioridades y eso es muy bueno a la hora de gestionar una crisis”, dice Juan Carlos Cubeiro, director de Eurotalent y uno de los principales expertos en gestión del talento y liderazgo. “Es un gestor de cómos más que de qués. Es un tipo cuadriculado, nada creativo, que buscaría fórmulas para producir más a un menor coste. No de trabajar más, sino mejor porque él es pre-taylorista, no taylorista”.

Pedro Gioya comparte esta opinión sobre Pareto. “Es un tipo calculador, la lógica cartesiana aplicada a la empresa. Sería un buen gestor de situaciones crisis, pero desde un papel secundario: director de producción, controller...”

Da Vinci
Más que salvador de situaciones de crisis, Leonardo da Vinci sería el típico gestor que te metería en ella. Es aquello de ‘la genialidad del genio nos arrastra a todos’. “Sería un gestor que haría lo que le gustara, al amparo de su genialidad, y quizá no lo que debiera” señala Juan Carlos Cubeiro. 

“Da Vinci es el prototipo de genio polifacético y, por tanto, muy disperso. En su libro Empresas que sobresalen, Jim Collins proclama: ten una idea esencial y sé el mejor el mundo en eso, pero no tengas 100.000 ideas. Da Vinci sería el de las 100.000 ideas”, apostilla Pedro Gioya.

Cervantes
¿Cómo puede resolver una situación de crisis su creación Don Quijote de la Mancha, un personaje que cabalga con su propia crisis exixtencial a cuesta? Uff, difícil. En todo caso, apoyándose mucho en su alter ego Sancho. “Aquí el Quijote es un loco, pero en otras culturas es un idealista capaz de emprender grandes empresas y dar el salto de crecimiento” dice Juan Carlos Cubeiro.

“Para afrontar una situación de crisis, tendría que equilibrar su liderazgo con el realismo y la capacidad de gestión de un buen escudero. Como dijo Unamuno, que Sancho se quijotice y que Don Quijote se sanchice”, añade. Esa sería la receta.

Cómo se enfrentarían a su competencia

Maquiavelo
Maquiavelo es una moneda de dos caras. Ha pasado a la historia por la cara mala, la que sentó como doctrina en El Príncipe. Ahí dice cosas como: “un príncipe que no se preocupa del arte de la guerra (...) jamás será apreciado por sus soldados ni podrá fiarse de ellos”. Aplicado a una guerra con la competencia, pobre competencia. 

Juan Carlos Pastor ve la otra cara de Maquiavelo, la de un buen gestor que “que se comería a la competencia, tanto a Don Quijote como Da Vinci, pero porque su empresa está bien gestionada y ha crecido más. Microsoft se come a Yahoo, que tiene un perfil más quijotesco”, dice.

Pareto
De su famosa Teoría del 80:20 se deduce “una cúpula empresarial muy clasista, con un consejo de administración de linajes, al que accedes si perteneces a las familias de la oligarquía empresarial o social. Son cúpulas propias de las grandes empresas, como petroleras o ex monopolios”, dice Juan Carlos Pastor. 

A partir de ahí, las armas de Pareto contra la competencia no serían tanto las propias de sus capacidades empresariales como las basadas en sus relaciones con el poder. “Son empresas que hacen un lobby muy fuerte al Gobierno y que buscan sacar ventaja de esas relaciones privilegiadas con el establishment. No es una competencia en buena lid, sino basada en el ventajismo”, argumenta.

Da Vinci
Da Vinci es un caramelo para la competencia porque está en sus cosas, en sus inventos, y ni se preocupa. Así le iría. Lo único que temería sus competidores sería su genialidad. “Leonardo es un ejemplo de exceso innovador: vas muy por delante del mercado, pero al final, si no te adaptas mueres. Es lo que le pasó a Steve Jobs con Apple, que evolucionaron tanto que tuvieron que parar para adaptarse”, dice Pedro Gioya.

“Leonardo sería un Edison sin la parte pragmática. Tenía muy buenas ideas, adelantadas a su tiempo, pero nunca terminaba nada. Hoy, sería Nestcape. Lo mejor que podría pasarle es que la competencia le engullera”, sentencia Juan Carlos Pastor.

Cervantes
Si partimos del tópico del hidalgo majara e impulsivo, Quijote abordaría la competencia embistiendo a pecho descubierto contra molinos que son gigantes multinacionales. Otra visión es la de “un tipo idealista que emprendería grandes hazañas. Hay empresarios que fueron tachados de quijotescos, pero que han conquistado los mercados internacionales, triunfando fuera para ser reconocidos en su tierra. Parecía un sueño quijotesco vender piedra de Almería en el mundo, pero Cosentino lo ha hecho y ahí está”, dice Cubeiro.

Juan Carlos Pastor ve al Quijote como “un buen gestor, con buenas ideas, pero algo ingenuo. Eso le llevaría a dejar pasar muchas oportunidades, que acabarían en manos de su competencia. Como cuando Yahoo dejó pasar la oportunidad de comprar Youtube y al final se lo quedó Google”, comenta.

Cómo conquistarían mercados exteriores

Maquiavelo
En su doctrina política, distingue entre duques y condes. El duque es el que crece a la sombra del Príncipe y cae con él. Es decir, él mismo, que busca con su obra recuperar la confianza de los Médici, tras ser acusado de conspiración. “Los duque son el poder y están con el dueño; los condes, los encargados de expandir el negocio”, dice Cubeiro.

En su visión, la expansión internacional de una compañía gestionada por Maquiavelo, “se basaría en alianzas con otras compañías extranjeras, y no tanto creando su propio negocio”. “Seguiría la estrategia de Fernando el Católico, expandiendo su territorio como una mancha de aceite, extendiéndose por los territorios más cercanos”.

Pareto
El pensamiento económico de Pareto se basa en buena medida en la sociología y la estadística. Y, por tanto, en hechos probados. Tal vez por eso, o tal vez por su ideología conservadora, “sería un gestor más focalizado hacia lo conocido, hacia los mercados maduros. Su estrategia internacional consistiría en no arriesgar; sería más adaptadora que innovadora. Por decirlo de una forma gráfica, estaría en Estados Unidos, pero no en Polonia”, especula Pedro Gioya.

Da Vinci
Da Vinci es más de volar con la imaginación; de explorar los territorios de la mente, de conquistar nuevos retos, pero no nuevos mercados. Como su carencia principal es la falta de pragmatismo, sería incapaz de desarrollar una buena estrategia internacional porque ni siquiera sería capaz de asentar los cimientos de su propia empresa.

En todo caso, en este ejercicio de gestión-ficción, la de Leonardo sería “una empresa vocacional, admirada por innovadora. Si le ponemos nombre sería Apple o Nokia”, dice Juan Carlos Cubeiro. A partir de ahí, su expansión internacional vendría por la conquista de mercados que conseguiría gracias al éxito de sus productos.

Cervantes
La visión empresarial que Juan Carlos Cubeiro tiene de Alonso Quijano es la de gestor de una empresa “que necesita dar un salto de crecimiento. Él es un idealista. No sería profeta en su tierra, donde le tacharían de loco, pero conquistaría otros territorios, otras culturas, donde lo quijotesco no es sinónimo de locura sino de ideales; de perseguir un sueño y lograrlo. Quijotesco era el sueño de Sergei Brin y Larry Page y ahí está Google”, argumenta.

La raza de caballero andante que demuestra nuestro hidalgo favorito le predispone a la conquista de nuevos mercados. Allá va a buscarlos, aunque sea a lomos de su decrépito Rocinante (rocín, antes; ahora, saco de piel y huesos, que diría Don Miguel).

Cómo motivarían a sus empleados

Maquiavelo
“Su teoría de que el jefe tiene que ser odiado antes que amado, o el “divide y vencerás” le invalida para incentivar y formar equipo. Con esa estrategia sólo conseguiría retener a los mediocres. Es una estrategia muy cortoplacista, que lleva a la autodestrucción”, advierte Pedro Gioya.

En la visión de Juan Carlos Pastor, Maquiavelo sería un jefe “justo y eficaz, que aplicaría una gestión de personal basada en la meritocracia. Como yo lo imagino, al frente de una empresa que bien podría ser Microsoft, la receta para incentivar a su equipo es el talento y los méritos: la forma de llegar es ser el mejor”.

Pareto
Tampoco sería un buen incentivador de equipos; no da el perfil. Pareto es un cabeza cuadrada que no sabe dónde tiene el corazón y, menos, el alma. “Es cuadriculado, deja de lado el factor humano y el corazón de la empresa. Sería un buen gestor de crisis, pero en su planteamiento teórico, las personas son números. Y eso, a medio plazo, acaba por aplastar el talento, matándolo de aburrimiento”. Así lo ve Pedro Gioya.

¿Cómo lo ve Juan Carlos Cubeiro? Peor aún. En su opinión, Pareto “dobla las esquinas de la ética” al distinguir entre “los superdioses que mandan y, de ahí abajo, los demás”. Incentivo cero. Lo suyo es puro taylorismo. O estajanovismo, casi.

Da Vinci
Su famoso dibujo El hombre de Vitruvio es un estudio de las proporciones del cuerpo humano. Da Vinci dibuja una figura masculina con brazos y piernas abiertos envuelto en un círculo y un cuadrado. El centro del cuadrado son los genitales y del círculo, el ombligo. Quizá sea la mejor metáfora de Leonardo como gestor de equipos: incapaz de dejar de mirarse su ombligo.

“Estamos ante un tipo imaginativo y resolutivo, muy creativo, pero brutalmente autónomo. Le resultaría muy difícil trabajar para otros, pero también formar equipos”, considera Gioya. “Tendría un trato cercano, elegante y causaría una gran empatía por admiración, pero no haría equipo. La falta de aplicación práctica de su genialidad. Acabaría desincentivando a los suyos, que terminarían abandonándole”, opina Cubeiro

Don Quijote
Si convenció a “un labrador vecino suyo, un hombre de bien”, para que cambiara la azada por el asno y se convirtiera en el fiel escudero de sus andanzas caballerescas, puede deducirse que, como incentivador de equipos, no hay molino que se le resista.

En la segunda parte del Quijote, el ingenioso hidalgo da a su escudero sabios consejos sobre cómo gobernar la Ínsula de Barataria. “Son consejos cargados de sentido común sobre cómo dirigir la isla, cómo debe tratar a la gente, que sea justo con ellos... Es cierto que, como siempre, peca de idealista”, dice Juan Carlos Pastor. Gioya pone el contrapunto: “Don Quijote sería capaz de lo más grande, pero también de llevar a la empresa a grandes batacazos. Esa falta de previsibilidad provocaría desconfianza en su equipo y, al tercer fracaso, acabarían marchándose”.

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