10 síntomas de que tienes a un traidor dentro de tu empresa

Descienden las ventas de tu empresa, la competencia se adelanta a un diseño tuyo, recibes continuos ataques informáticos, tus clientes o proveedores se quejan, las cuentas no cuadran... Toma nota de los 10 síntomas que te indican que el enemigo está dentro.

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1. Bajadas de ventas injustificadas

Es cierto que estamos en crisis, pero debes valorar si la caída corresponde con la situación del entorno. Si no es así, sospecha. Pueden estar desviándose hacia empresas creadas por los directivos o hacia la competencia. El responsable de este tipo de fraudes suelen ser altos directivos relacionados con el departamento comercial, a los que no se les ha tocado el sueldo o variables. Y que están resentidos con los accionistas.

Una de las tácticas más habituales es retrasar intencionadamente los pedidos alegando problemas de stock para que los clientes se desesperen y entonces ofrecerles una alternativa “donde nos hemos enterado que sí tienen esa cantidad”, que curiosamente es su compañía. Observa si, además de bajar las ventas, se han cancelado pedidos en el último momento, si han aumentado las quejas...

2. Fugas de información sensibles

De repente empiezan a aparecer informaciones de la empresa en los medios de comunicación o tus clientes o proveedores conocen datos internos de la compañía. Lo más probable es que alguien de dentro esté hablando más de la cuenta. Este charlatán puede ser intencionado y en este caso suele proceder de la alta dirección, o alguien de un puesto intermedio que, a veces sin mayor malicia, está comentando información con quien no debe o que incluso deja sus claves de acceso a algún compañero.

Busca entre quienes pueden haberse sentido injustamente tratados en los últimos tiempos, bien porque se ha promocionado a otro en su lugar, bien porque han pedido una subida de sueldo que se les ha negado o bien porque se ha reestructurado su departamento. Es más habitual entre aquellos que llevan menos de cinco años en la compañía.

3. La competencia se adelanta

Éste es un síntoma clarísimo de que algo está pasando. Cuando la competencia se nos adelanta continuamente en ofertas, en diseños de estrategias o, incluso, en productos es hora de descubrir al topo que está filtrando información.

Aquí sospecha de un alto directivo que tenga acceso a esos datos que son confidenciales o que tenga la autoridad suficiente para pedírselos a quien los tiene. Este saboteador siente que de alguna manera ha perdido el poder o el nivel económico que tenía y quiere compensarlo haciéndole favores a la competencia.

4. Ataques informáticos

El 80% de los conflictos de la información viene desde dentro. Normalmente estamos más preparados para prevenir los ataques procedentes del exterior (cortafuegos, antivirus, spywares), pero no los que vienen de dentro: introducción de virus, daños irreparables en disco duro, borrado de información importante. Para desarrollar este tipo de ataques normalmente se requiere un conocimiento informático importante, con lo cual suelen tener su origen en los departamentos tecnológicos.

5. Descuadre en las cuentas

A veces este desajuste es muy fácil de detectar, pero lo normal es que las tácticas para engrosar la cuenta propia en detrimento de la de la compañía sean más sutiles que el simple robo. A menudo se recurre a facturas engordadas artificialmente, manipulaciones de los inventarios, sustracción de mercancía o las más trabajadas, como las contrataciones fantasmas.

Esta estrategia es más habitual cuando la empresa inicia la internacionalización, porque el departamento o la persona encargada de diseñar la implantación en el exterior está menos supervisada. Quitando el robo de material (realizado en una gran mayoría por el personal básico), el resto de sustracciones corresponde a altos directivos.

6. Retraso continuado en los proyectos

Se puede boicotear a la compañía de forma consciente e inconsciente, retrasando la puesta en práctica de los proyectos y esta estrategia puede ser muy dañina porque su intencionalidad es muy difícil de demostrar. Es lo que Ovidio Peñalver, autor del libro Emociones colectivas. La inteligencia emocional de los equipos y socio director de Isavia Consultores, llama estrategia pasiva o huelga de brazos caídos.

Muchas veces, como insiste Marco Von Münchhausen en su libro Manual del pequeño saboteador, se debe más al miedo inherente de las personas a cualquier cambio, que a un oscuro deseo de hacer daño a la empresa, pero es muy perjudicial para la empresa porque la puede condenar a la obsolescencia. Fíjate en aquellos trabajadores que tengan por costumbre repetir frases como “esto siempre se ha hecho así”; “no puede ser”; “nunca llegaremos a tiempo”, “mañana sin falta empezamos con ello”, “estoy agobiado, no puedo con tantos frentes abiertos”. Corresponden a mandos intermedios o a empleados básicos que tienen miedo a perder su posición o el afecto de su gente si sigue adelante con la orden recibida “desde arriba”.

7. Aumento de las quejas por mal estado

Analiza bien esta variable porque puede deberse a la presencia de un enemigo que quiere hacer daño a la imagen de la compañía, bien mediante sabotajes en la línea de producción, bien a través de la mala prestación intencionada del servicio. Estudia el perfil de las personas involucradas en el área afectada y observa si se ha producido algún cambio de comportamiento brusco en los últimos tiempos.

Este tipo de traidores no persigue tanto un logro personal como hacer daño a la compañía, con lo cual es posible que se vea afectado por algún tipo de recorte, algún desprecio público, alguna medida impopular que haya tenido que adoptar… Según refleja el estudio de la consultora PricewaterhouseCoopers, el 9,5% de los fraudes se debe a una promoción que no ha llegado y el 20,3% a injusticias salariales.

8. Desviación de fondos

Este fraude se suele producir a un nivel muy alto, tanto que puede alcanzar al consejo de administración. Y es debido a que algún inversor no está dispuesto a renunciar a su parte de los dividendos y decide extraerlos de cuentas que están destinadas a otros objetivos. Son difíciles de descubrir porque tendemos a no supervisar los actos de los que están por encima.

9. El engorde ficticio de los balances

Lo normal es que lo suelan realizar las altas instancias para maquillar las cuentas de cara a una reunión con los inversores, a una ronda de financiación, a una fusión o una alianza. Aunque también lo efectúan los responsables de aquellos departamentos cuyos presupuestos anuales dependen de la cuenta de resultados: comerciales, producción, publicidad. Es lo que en FTI Consulting definen como los samaritanos: su objetivo no es tanto el personal como el mejorar la imagen de la compañía o, en el caso de los departamentos, que no les reduzcan el presupuesto.

En muchos casos, no tienen intención de ser falsificaciones permanentes sino que piensan que van a poder corregir las desviaciones en cuanto “cobren esa factura que está pendiente”, “en cuanto cerremos esa operación que está a punto”, “en cuanto consiga ese contrato”.

10. El minifraude generalizado

Sorprendentemente, la imitación de conductas irregulares está detrás del 34,8% de los casos de fraude. Esa expresión de “pero si todo el mundo lo hace” se repite con más frecuencia de la deseada. Por esa razón es tan peligroso dejar sin castigo cualquier conducta identificable como deshonesta. En especial cuando los empleados son los que imitan dichas conductas de sus jefes. Y es que conviene recordar que el pescado empieza a pudrirse siempre por la cabeza.

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