Cómo evitar el miedo a hablar en público

Reunimos los consejos más prácticos para orientarte a la hora de expresarte en público para vender tu idea de negocio, tu proyecto... o a ti misma/o.

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Resulta que hablar delante de un público numeroso es estimulante (puedes leer sobre la investigación científica aquí). Y resulta que cuando tenemos ansiedad, es mejor no eliminarla y aprovecharla a nuestro favor: resulta que la ansiedad es fácil de transformar en sensaciones que nos ayuden a ser más efectivos. No lo decimos nosotros, lo dicen investigadores de la Universidad de Harvard en este estudio.

Hemos recuperado una guía práctica del IGAPE para aprender a hablar en público que nos han recomendado varios emprendedores gallegos a los que hemos entrevistado en la revista para ayudarte a ti a hablar mejor en público.

"Por pánico escénico se entiende la experiencia de sufrir una inhibición psicológica que perturba la posibiliad de desempeñar el rol que se está ejecutando. Angustia, vergüenza, rubor facial o sudoración son algunos de los síntomas que la persona puede sufrir en el momento de presentar su proyecto empresarial ante público", arranca esta guía.

Las razones por las que se produce suelen ser las siguientes:

1. Falta de preparación del tema y de comunicación oral ante grupos.

2. Presión del tiempo del que se dispone.

3. Preocupación por la exigencia de la audiencia a la hora de juzgar o preguntar por el Plan de empresa.

4. Temor a que la presentación no resulte interesante para la audiencia.

5. Miedo a no conseguir los objetivos de la presentación (dinero, una subvención, un socio, una colaboración, etc.).

6. Miedo a tartamudear o a no encontrar las palabras adecuadas.

7. Invertir demasiado tiempo en preparar el tema y poco en adquirir confianza en uno mismo para ser convincente. 

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Concéntrate en la audiencia

"Si la persona se centra en lo que la audiencia estará pensando de su aspecto o de sus palabras, repercutirá negativamente en la calidad de la comunicación, proximidad con la audiencia e interés del mensaje (por este motivo no se recomienda ensayar delante del espejo, porque se desvía la atención a las expresiones faciales, a los gestos, etc.)", recomiendan.

"Si uno/a se siente demasiado pendiente de sí mismo, deberá dirigirse a los oyentes individuales. Recorrer con la vista y una sonrisa a cada persona del auditorio mientras se expone cada estrategia o acción, servirá para verse correspondido a la vez que se crea un ambiente familiar con los interlocutores. Esto genera seguridad en uno mismo y ayuda a superar el pánico escénico", advierten.

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Convierte la ansiedad en entusiasmo... se puede

"Las palpitaciones, sudoración o temblor pueden ser síntomas de miedo o de excitación. Si una actividad entraña riesgo pero se asocia a algo divertido, el componente de excitación se convierte en un reto apasionante. En lugar de empezar el discurso reconociendo y pidiendo disculpas por los nervios, lo que se debe transmitir es el control de la excitación y transformación en entusiasmo", señalan.

"Para ello es necesario que la persona gane seguridad a medida que consigue gestos de asentimiento por parte de los interlocutores. Preparar el primer minuto de presentación servirá para crear un clima agradable, despertar el interés desde el principio y demostrar seguridad. De esta manera, los síntomas físicos de excitación se verán controlados desde el primer momento, cuando la respuesta del público se corresponda con lo que se tenía previsto (despertar una sonrisa inicial o un gesto de atención)", proponen.

"La retroalimentación a partir de los estímulos que genera la audiencia servirá para controlar y liderar la comunicación. A partir de este momento, el discurso ganará en entusiasmo y convicción", concluyen.  

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Huye de consejos como estos y sé flexible

Ninguno de los consejos que se puedan dar en un manual sobre presentaciones en público son infalibles. Por el contrario, lo que se deben tener en cuenta son las orientaciones genéricas y, en todo caso, probar con alguno de los consejos concretos.

"Cada orador deberá valorar cual es el estilo en el que se encuentra más cómodo. La personalidad, la trayectoria, la experiencia o las anécdotas son elementos que se incorporarán en la presentación en la medida en que estimulen a la audiencia y/u otorguen seguridad y sólo uno mismo sabrá si debe o no incorporarlas (la opinión del “público cualificado” en el ensayo puede ser determinante para valorar la distancia o el exceso de confianza en la presentación)", reconoce esta guía.

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Debes sentir que disfrutas y quieres ayudar a tu audiencia

"Si no estás interesado en el contenido de tu presentación ni te entusiasmas con él, ¿cómo esperas que importe a tu público?", plantea Gonzalo Álvarez Marañón en su libro El arte de presentar (Gestión 2000). Para dar respuesta a esta pregunta recurre a los consejos de John C. Maxwell.

Según Maxwell, apunta este experto, "muestra a tu audiencia que en ese momento no hay otro lugar en el mundo en el que te gustaría estar más que allí con ellos. Comunícales tu deseo de aportarles valor. Recíprocamente, hazles saber cómo ellos o su organización te aportan valor a ti. Y déjales claro que el tiempo que pases con ellos allí es tu máxima prioridad ese día".

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Trata al auditorio como una persona valiosa para ti

"Si consideras que tu mensaje y tú mismo sois más importantes que la audiencia, crearás una barrera inviisble que te impedirá conectar con ella", defienden Álvarez Marañón y Maxwell.

"Demuestra que la aprecias haciendo algo que estime especial: expresa tu consideración por los asistentes y por la ocasión en cuanto puedas; crea contenido único para cada públco; mira a cada miembro del auditorio como una persona valiosa para ti y para el resto; cuando termines, diles cuánto has disfrutado de su compañía", proponen estos expertos.

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Deja claro que no eres perfecto

Maxwell advierte contra el peligro de querer aparentar perfección. "Si quieres impresionar a tu audiencia, háblale de tus éxitos; ahora bien, si quieres que se identifique contigo, háblale de tus fracasos", señala este experto.

"Para ser creíble no tienes que ser perfecto, debes estar dispuesto a admitir la imperfección. No te muestras como un dios, sino como una persona igual que tus oyentes", sugiere Álvarez Marañón.

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Entabla una conversación

"El modelo de presentación tradicional reproduce el arquetipo del rey absolutista: el ponente omnisciente inalcanzable, subido al trono de su sabiduría infinita, que imparte conocimiento desde el estrado a una multitud de súbditos ignorantes que beben con temor reverencial sus palabras sin osar interrumpirlas ni cuestionarlas", explica Álvarez Marañón.

"Consigue que tus interlocutores se sientan más inteligentes, más confiados, con capacidad de dar lo mejor de sí mismos desplegando posibilidades que no sabían que tenían", propone Maxwell.

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Consigue que tu audiencia crea en sí misma

"Tienes que creer en las personas ante las que hablas si quieres ayudarlas a cambiar, a realizar grandes obras. Trata a los demás no como las personas que son, sino como las personas que podrían llegar a ser y recibirán la inspiración para elevarse a la altura de las expectativas", escribe Álvarez Marañón, citando a Maxwell.

"Da lo mejor de ti mismo a la audiencia y ella podrá dar lo mejor de sí misma. En lugar de darle instrucciones sobre cómo actuar, inspírala para que desee actuar", concluyen.

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