9 buenas razones para dar el salto a SL que no tienen que ver con la fiscalidad

Ser un profesional autónomo no es un chollo. La carga tributaria y dificultades de financiación son mayores que en las empresas y las desgravaciones, deducciones y trato fiscal, menores. Eso sin mencionar que responde ante las deudas con su patrimonio personal. Por eso, si quieres cambiar esta situación, constituye una sociedad. Da el salto. ¡Saldrás ganando!

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Para dar entrada a socios

Si como autónomo has tomado la decisión de convertir a tus colaboradores en socios, hazte empresa, y preferentemente una sociedad limitada en la que cada uno es responsable con el capital que aporta. Te evitarás dolores de cabeza en el caso de que surjan diferencias irreconciliables, y limitarás la responsabilidad ante terceros.

En estos casos, los bienes que posees como autónomo no tributan al traspasarlo a la empresa, siempre que se opte por el régimen fiscal de aportaciones dinerarias (se supone que no generan plusvalías), y que se plasmaría en la propia constitución de la sociedad. Esa aportación no dineraria formaría parte del capital social. Eso sí. Es importante notificar a la Administración tributaria que optas por esa modalidad (régimen fiscal de aportaciones no dinerarias) y registrar en la escritura los activos de tu actividad como autónomo que pasan a la empresa.

Para crecer y diversificar riesgo

En los tiempos que corren, conviene no poner todos los huevos en el mismo cesto. ¿Y cómo? Seguro que si analizas tu núcleo de negocio encontrarás en torno a él otras actividades que puedes convertir en oportunidades de negocio. Identifícalas, analiza su potencial de mercado, las sinergias con la actividad principal y tu estructura de negocio. Fíjate, si no, en el ejemplo de la agencia de traducción e interpretación AB Traduktalia. “Yo quería crecer en la faceta de empresario después de 25 años como directivo”, confiesa Günther Haltermann, socio fundador. Dejaba atrás puestos de dirección en el área de márketing de grandes multinacionales. Su inquebrantable decisión le llevó a emprender en servicios de traducción, tras elaborar un exhaustivo plan de negocio y después de seis meses como autónomo. “En este sector es necesario diversificar la cartera de clientes”, asegura.

Para dar más peso a tu imagen

“Todavía en este país el autónomo tiene mala imagen de cara a sus proveedores. Está asociada a provisionalidad y falta de profesionalidad”, afirma David Carrión, abogado y profe- sor de Derecho Financiero y Tributario en la Universidad Europea de Madrid. Si es tu caso, y esa percepción es una losa que lastra tu balance y ánimo emprendedor, ha llegado el momento de dar el salto. Para los clientes, ser SL o SA tiene mucho más gancho, sobre todo si se trata de grandes empresas y bancos. Además, también se mejora la capacidad negociadora. Por supuesto, hay excepciones.

Si lo tuyo son los concursos:

Ser empresa es un requisito ineludible para acceder a concursos públicos y un motivo que justifica dar el salto. Pero, ojo, las licitaciones son exigentes. Además de tener forma jurídica, analizarán tu solvencia, la consolidación de la actividad y que tienes un balance saneado.

Cuestión de responsabilidad

Que tu patrimonio quede comprometido por una desgracia personal es razón suficiente para constituir una sociedad. “Es la mejor forma de no poner en riesgo tu futuro y el de tu familia", señala José María Mollinedo, de Gestha. En una sociedad limitas la responsabilidad a tu aportación al capital social (SA) o las participaciones (SL).

A la hora de contratar empleados

Si tienes que contratar trabajadores, como empresa cuentas con deducciones en el Impuesto de Sociedades. ¿Y qué hacer con los empleados que ya tienes contratados? “Puedes mantener la plantilla a través de la subrogación empresarial, una fórmula que les permite conservar sus derechos y obligaciones. No supone coste de despido”, asegura Tomás (los detalles legales sobre esta modalidad están recogidos en el artículo 44 del Texto Refundido del Estatuto de los Trabajadores). Pero toda norma tiene su excepción: “Si la empresa se inicia con una actividad distinta a la de profesional autónomo, entonces es necesario negociar la extinción de los contratos con los empleados y redactar otros nuevos”, apunta Mollinedo.

Cuando el tamaño importa:

Si te mueves en un sector de elevada concentración o buscas convertirte en proveedor de grandes compañías, te verás obligado a constituir empresa, ya que las multinacionales sólo subcontratan a sociedades. Eso les permite solicitar información empresarial para valorar sus capacidades, solvencia y garantizar un suministro durante un tiempo prolongado.

El tirón de los clientes:

Seguro que como autónomo has detectado que a veces tus clientes se ven obligados a contratar otros servicios para completar el que tú prestas. “Es cuando te das cuenta que es necesario ofrecer un servicio integral, y que no puedes hacerlo todo sola”, asegura Carlota Prieto, socia del estudio audiovisual Imaginaimagen. Como autónoma, esta diseñadora gráfica vio que no podía abarcar todo lo que los clientes le demandaban. No se trataba sólo de diseñar catálogos, logos o páginas web. Detrás tenía que haber un hosting o alojamiento, un mantenimiento, soporte de márketing on line y un equipo de postproducción para vídeos corporativos. Cada una de esas necesidades era una oportunidad. Al principio, para resolverlo Carlota subcontrataba estos servicios, hasta decidió constituir una empresa con tres socios, cada uno especializado en un área. Nacía Imaginaimagen.

¡SOS: quiero financiación!

La mayoría de bancos y cajas incluyen a los autónomos en el segmento de particulares. Consecuencia: la oferta de productos financieros tiene poco que ver con sus necesidades. E incluso se da la paradoja de que se obtiene más préstamos como particular. Por eso, si te constituyes en empresa, obtendrás con mayor facilidad créditos para financiar el capital circulante.

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