Conoce cómo funciona tu cerebro para aprender a ser más productivo

Los emprendedores suelen ser personas optimistas que prefieren desoír los riesgos a centrarse en ellos. ¿Sabes por qué?

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Para organizarte mejor

La mayoría de nosotros metemos en la lista de tareas para el día más de las que finalmente llevamos a cabo. El fenómeno se conoce como uno de los sesgos cognitivos producto de un exceso de optimismo. Ya el científico y filósofo Douglas Hofstadter dictó un adagio que decía: “siempre lleva más tiempo que el esperado, incluso si tienes en cuenta la Ley de Hofstadter”. El problema aparece cuanto surge algo con lo que no habíamos contado, dado que las previsiones se hacen considerando solo aquello que está bajo nuestro control.

Trasladado al mundo de la empresa, el exceso de optimismo se agrava porque esta confianza en las estrategias empresariales, sin enmarcarlas en un entorno y junto a los riesgos, implica costes adicionales y errores de consecuencias a veces irreversibles. Daniel Kahneman, premio Nobel de economía, habla del fenómeno en su libro Pensar rápido, pensar despacio, como uno un “sesgo optimista omnipresente” que puede conducir a la toma de una decisión equivocada en la que no se tiene en cuenta el entorno ni los riesgos. Lo denomina la ilusión del control, consistente en pensar que todo depende de nosotros obviando parámetros como la competencia o el mercado, en el caso de la empresa.

Según Kahneman, los hombres pensamos de dos formas. Una es conforme al sistema rápido, que es el intuitivo y el emocional, y el otro es el sistema lento, que es el lógico, producto de la deliberación y del análisis. Entre las cualidades del primero se hallan el empuje a la acción, el del optimismo. Su freno suele ser la razón, cuando nos detenemos a pensar en las consecuencias que podría acarrear esa acción. Siempre que se planifica algo lo hacemos convencidos del resultado de mejora. Nadie se animaría a montar una empresa si pensase que las cosas iban a empeorar. Pero, conforme a la teoría de las perspectivas del Nobel, en entornos de incertidumbre, solemos tomar las decisiones ignorando los principios básicos de la probabilidad. 

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
Para tener una visión optimista

Talento, pero también suerte. El sesgo optimista, “lo mismo puede bendecirnos que condenarnos”, dice Kahneman. Los emprendedores suelen ser personas optimistas que prefieren desoír los riesgos a centrarse en ellos. En este sentido refiere un estudio con fundadores de pequeños negocios que concluía que “los empresarios -sean de tamaño que sean- confían más en la vida que los directivos de nivel medio”. Mentalidad similar dominaría, según el autor, en los inventores, los políticos u otros líderes. “Tienen talento y han tenido suerte, casi con certeza más de la que reconocen”, dice. 

Pensar que lo malo sólo le pasa a otros: Habla el autor de que en EEUU, las posibilidades de que un pequeño negocio prospere son del 35%. Sin embargo, los individuos que montan las tiendas, cuando les preguntas, suelen situarse entre ese 35% en lugar de en ese mayoritario 65%.

Todo depende de ellos: Los resultados no dependen sólo del esfuerzo ni de una sola persona. Piensan que el destino está de su lado, pero “están en un error: el resultado de una iniciativa depende tanto de sus esfuerzos como de lo que hagan sus competidores y de los vaivenes del mercado… Sin embargo, el optimismo es muy valorado, socialmente y en el mercado”. Al margen aparecen cuestiones tan comunes como la enfermedad, reuniones no planificadas, tareas imprevistas u otras.

Otro ejemplo lo halla el autor en muchos de los profesionales que optan por el autoempleo. “Los beneficios financieros del autoempleo son mediocres.- dice- Con idéntica cualificación, uno obtiene rendimientos medios más altos vendiendo sus propias capacidades a empleadores que estableciéndose por su cuenta”.

Es cuestión de perseverar: Uno de los “beneficios de un temperamento optimista es la perseverancia para hacer frente a los obstáculos”. La contrapartida es que la misma perseverancia puede resultar costosa cuando se convierte en obstinación porque las cosas no salen como habíamos planeado. Esto implica no sólo el riesgo de multiplicar las pérdidas, sino también el de asumir riesgos excesivos por pura cabezonería. En este sentido Kahneman cita a los economistas Ulrike Malmendier y Geoffrey Tate quienes observan que los líderes optimistas “asumían riesgos excesivos. Se endeudaban antes de buscar que el capital fluyera, y en ellos era más probable que en otros pagar más por las compañías a adquirir y llevar a cabo fusiones que arruinan los valores”.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
Para reducir el estrés y ser más productivo

¿Qué podemos hacer para mitigar los efectos del estrés e incrementar nuestra productividad? Es cuestión de disciplina.

Marta Romo, consultora, coach y experta en entrenamiento cerebral a través de neurofeedback dinámico, cofundadora de Neuroclick y BeUp, está convencida de que la respuesta está en "adquirir nuevos hábitos saludables para nuestro cerebro que nos permitan estar conectados interiormente, para no dejarnos a la deriva, dando bandazos en función del viento que sople fuera". Romo asegura que "esto implica adquirir una cierta disciplina diaria y tomárselo en serio, ya que la tentación de estar descentrado es muy apetitosa".

En su libro Entrena tu cerebro (Alienta, 2016) da algunas sencillas claves para potenciar nuestra productividad limitando los efectos del estrés. Estas son sus mejores recomendaciones:

1. Permítete descansos breves periódicamente. "La capacidad para mantener la atención durante largos períodos de tiempo se ve modulada por varios factores, como las características físicas de los estímulos, el ritmo en el que aparecen y la cantidad. Sabemos desde hace bastante tiempo que la atención es cíclica y que no podemos mantenernos largo periodos de tiempo así. Si se hacen pausas breves cada treinta minutos, el nivel de rendimiento permanece a un nivel superior y casi constante", asegura.

2. Junta tareas similares. "Para aprovechar los umbrales de atención y concentración espera a enviar correos en bloque, en lugar de ir mandando o contestando a demanda. Suscríbete a RSS de tus webs y blogs favoritos y así podrás leer las actualizaciones también en bloques, ahorrando tiempo en buscar las noticias que te pueden interesar", apunta.

3. Si tienes que hacerlo, hazlo ya. "Huye de la adicción a procrastinar. El retrasar las cosas, aunque siempre exista un motivo de refuerzo o excusa: una tarea poco atractiva, inseguridad... Al final, es mejor quitárselo de encima cuanto antes, porque toda tarea se dilata indefinidamente hasta llegar a ocupar la totalidad del tiempo disponible para su completa realización", señala.

4. Haz menos. "El hecho de estar todo el día haciendo mil cosas es un síntoma de vagancia, porque nos dedicamos a acciones indiscriminadas y normalmente de poco impacto y no hacemos lo verdaderamente importante, que suelen ser cosas puntuales, Buscar la productividad personal tiene que ver con dedicar menos recursos para conseguir nuestros objetivos y eso pasa necesariamente por la planificación y la reducción de tareas. Sí, menos es más", avanza.

5. Conéctate por bloques, no constantemente. "Podemos limitar el uso del correo electrónico a ciertos momentos del día; esto puede ayudarnos a mantener nuestra atención focalizada en la tarea. Espera, al menos, dos horas en la mañana antes de chequear el correo electrónico. De esta forma evitas que los demás, a través del correo, organicen todo tu día y puedas comenzar la jornada con lo importante. No somos tan imprescindibles como para estar constantemente conectados...", concluye.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
Para evitar distracciones

El 47% de nuestro tiempo pensamos en cosas diferentes a las que estamos haciendo. Recogemos aquí algunas pautas de una psicóloga especializada en productividad para adiestrar el cerebro.

Ser autónomo o freelance no siempre implica ser tu propio jefe. Muchas veces significa tener varios a la vez y tener que cumplir con todos los plazos pactados. Patricia Ramírez, psicóloga y escritora, facilita algunas pautas que te ayudarán a adiestrar tu cerebro, hacerlo más eficaz y aprovechar mejor el tiempo.

1.-Compagina la agenda personal con la laboral

No hace falta llevarlas por separado, mejor llevar sólo una multitareas donde pautar, a primera hora de la mañana, los trabajos pendientes para  el día y alternarlos con los tiempos de descanso y la vida personal. “La fuerza de voluntad es un músculo que se puede desarrollar, pero tampoco conviene forzar la máquina demasiado y aplicar a todo la ley de la fuerza de voluntad, porque al final ese músculo se atrofia”.

2.- Cumple con los tiempos

Debes cumplir con la ruta y diaria y los tiempos que te has marcado, tanto para el trabajo como para el ocio. El riesgo de no cumplir con los plazos establecidos es, según Patricia Ramírez, que “tu cerebro aprende a dispersarse, cuando lo que hay que enseñarle es a ser eficaz. Un cerebro disperso agota mucho más que uno concentrado”.

3.-Vive en el presente

Lo mejor para no divagar es ignorar la ristra de tareas pendientes y centrarte en lo que estás haciendo en ese momento. Parece sencillo, pero estudios realizados por el científico de la Universidad de HarvardMathew Killingsworthponen de manifiesto que el 47% de nuestro tiempo, pensamos en algo distinto a lo que estamos haciendo. Por eso solemos rendir más cuando trabajamos con plazos, cuando la urgencia por llegar a tiempo fija el proceso productivo.

4.-Buscar el equilibro con tu escala de valores

Es importante saber cuáles son tus prioridades en esta vida y repartir el trabajo conforme a ellas si no quieres caer en la desesperación y el desequilibrio. “Si tu escala de valores la encabeza la vida familiar, no debes dedicar el 90% de tu tiempo al trabajo. Así nunca te sentirás gratificado”, aclara Ramírez.

5.-Aprender a decir no

Conforme te alejes de esa escala de valores y te acerques a la imposibilidad de cumplir con los compromisos personales y laborales adquiridos, deberás aprender a decir no, una práctica que suele ayudar a recobrar la autoestima y la respetabilidad. Es preferible rechazar un trabajo que corres el riesgo de estresarnos porque al final frenas el rendimiento.

6.-No postergar las tareas

“Eso de esperar a que te llegue la inspiración no vale. Lo que hay que hacer es ponerse a trabajar sin cuestionarte si te gusta o te aburre una tarea. Ya lo dijo Picasso, que la inspiración llega, pero te tiene que pillar trabajando”, recuerda Patricia Ramírez.

7.-Antepón la serenidad a la felicidad

La psicóloga prefiere hablar de serenidad que de felicidad. “Estoy ya un poco harta del exceso de optimismo. ¿Cómo le explicas a un físico, por ejemplo, que trabaja de cajero en su supermercado, que eso que tiene es un chollo? Lo que hay que procurar es que no se amargue, que se serene y que emprenda acciones para el cambio.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
Para tomar mejores decisiones

Las causas pueden ser de origen interno o externo pero, procedan de donde sea, cualquier momento de presión puede vivirse en la empresa como una crisis.

Entre los motivos que tienen su origen en el interior de la empresa, Pilar Jericó, cofundadora de la consultora Be-Up y escritora, habla de conflictos entre socios de la compañía, salida de algún profesional clave o desmotivación generalizada del equipo. Entre las causas extrínsecas identifica alteraciones del mercado, problemas con los clientes o el contexto económico. “Cualquiera de los casos anteriores pueden vivirse como una crisis, sin duda”, afirma.

Sin embargo, de todas las circunstancias vulnerables que detecta Jericó, tres tipos son, en su opinión, las que más deben preocupar a un emprendedor: “una crisis en el mercado, la pérdida de un cliente que aporta un porcentaje de facturación elevado y una tensión muy acentuada entre los socios”. Para solventarlas, tan arriesgado puede ser dilatar la toma de decisiones como adoptarlas de manera precipitada o “cargadas de mucha emocionalidad. Lo mejor es la templanza. De este modo, los nervios no se disparan y no se traslada dicha tensión al mercado”.

¿Cómo prevenir?

Partiendo de la categorización facilitada por la consultora, podrían arbitrarse fórmulas para prevenir las situaciones adversas. Así, con respecto a las causas externas, recuerda que la mejor precaución es no concentrar “toda la facturación en uno único cliente o diversificar los servicios” alternando así las vías de ingreso. “Igualmente se ha de estar atento a la evolución del mercado y ser prudente con el gasto de personal, intentado flexibilizar el coste lo máximo posible”, añade.

En cuanto a la forma de evitar posibles conflictos entre los socios, la solución está en anticiparse a la aparición de los roces, definiendo desde el principio, “muy claramente las vías de salida cuando se constituye una empresa. De algún modo es como en los matrimonios de los millonarios en Estados Unidos: antes de casarse se define el posible acuerdo de separación, que en el caso de una empresa, se debería articular en concretar el precio de venta de las acciones, los acuerdos de no concurrencia o lo que cada emprendedor considere”.

Pero la tensión podría surgir también de manera accidental a raíz de una decisión errónea del emprendedor en cuyo caso entiende Jericó que “de algún modo, un emprendedor ha de definir un “botón rojo”, aquel que cuando lo necesite lo pulse y pueda desprenderse del proyecto sin un coste demasiado elevado que lo estrangule económicamente y le impida emprender otra empresa”.

8 pasos para tomar la decisión

No obstante, parecería ingenuo pensar que nos podemos anticipar a todas las situaciones de riesgo y momentos de presión. Lo que parece no variar es el método a aplicar, indistintamente de cuál sea la causa desencadenante de la presión. Aitziber Rivas Atroche, consultora de Equipo Humano, resume en 8 pasos el mejor método para la toma de decisiones:

1.- Definición y diagnóstico del problema, que te permitirá no sólo reconocer los síntomas del problema sino también las causas.

2.-Establecimiento de objetivos conforme a lo que se conoce como objetivos smart (específico, medible, realizable, realista y limitado en el tiempo).

3.- Búsqueda de soluciones alternativas haciendo acopio de experiencias pasadas, de casos similares, factores de sesgo que pueden limitarnos…

4.- Comparación y evaluación de las soluciones alternativas.

5.- Elección entre las soluciones que se han planteado.

6.- Instrumentación de la solución elegida.

7.- Seguimiento y control, observando los cambios que se generan y observando cómo afectan a otras variables de la compañía.

8.- Modificación de parámetros. Una vez que has elegido la alternativa óptima, te obligará a planificar otras actividades.

En cuanto a la persona sobre la que debe recaer el peso de la toma de decisiones en momentos de presión, apunta Rivas Arteche que algunas serán de tipo individual, conforme a los conocimientos inherentes a un cargo, pero que dependiendo de la causa del problema y del tipo de decisión, las que buscan sinergias dentro de la organización son las más enriquecedoras y las que mejor funcionan.

Publicidad - Sigue leyendo debajo
Publicidad - Sigue leyendo debajo
Más de Habilidades