4 tácticas de improvisación para emprendedores inspirados en la magia

La incertidumbre es una de las circunstancias que tiene que afrontar todo emprendedor. En un entorno de cambio permanente es imprescindible saber innovar y adaptarse de la forma menos traumática posible. Manuel Oliver Rueda, comunicador y conferenciante, conocido también como el Mago Mor, aporta 4 herramientas de improvisación útiles para afrontar la incertidumbre de forma serena y estimular la innovación. “Innovo, luego existo”, dice que sería ahora la máxima cartesiana.

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Yes, and (si y además)

"Las posibilidades de crear e innovar se convierten en ilimitadas cuando se encuentran con un Sí, y además", dice Oliver.

"¿Cuántas veces respondes una conversación con un NO o lo que es peor con un Sí, pero…? Ponte a contar y alucinarás"

"Cada vez que emites un NO o un Sí, pero… estás perdiendo oportunidades y anulando toda creatividad, talento y entusiasmo. Al responder con un Sí y además, generas confianza, entusiasmo y permites que la ideas puedan desarrollarse. Sí, y además parte de la perspectiva de aceptar cualquier sugerencia procedente de tu equipo y el entorno sin prejuzgar ninguna hasta no ejecutarse. El razonamiento es bastante lógico. Si cada propuesta que te llega la recibes con un No, a la tercera negativa lo más probable es te quedes sol@ o si eres un directivo que los empleados se desentiendan del problema y se limiten a cumplir con sus 8 horas reglamentarias y marcharse sin más. Si en lugar de un No, la respuesta es un Si, y, además, estimularás la participación y enriquecerás el flujo de aportación de ideas. Ejemplo: en una situación de crisis financiera, un empleado podría sugerir un encuentro con los proveedores para explicarles el problema. Tu respuesta podría ser un No categórico a dar explicaciones o un Sí, y además voy a intentar una ampliación del crédito. Con esta segunda actitud no sólo animas la iniciativa del equipo, sino también asumes inconscientemente una actitud positiva ante los problemas. Cuenta Manuel Oliver, que en sus talleres de improvisación para empresas enfocados a la creación o diseño de producto siempre les somete a un ejercicio de grupo donde las sucesivas intervenciones deben empezar siempre por la expresión, Si, además, de manera que asumes la propuesta anterior a la vez que haces tu propia aportación creativa. Es una fórmula para conseguir que las ideas fluyan y el quipo se sienta unido, preparado para crear.

Apoyar a tus compañeros a toda costa

Partiendo de la base de que toda la estructura de la organización empresarial ha aceptado el principio del Yes, and que debe encabezar toda conversión y es capaz de escuchar (entender), el siguiente paso lógico es el apoyo recíproco a toda costa. No se trata de pronunciar un Si gratuito, sino de confiar sinceramente en ellos y protegerlos con todas las consecuencias, aún sabiendo que la decisión es errónea. Es una manera de cohesionar el equipo asumiendo que el error es colectivo de la misma manera que los éxitos se celebran en conjunto. Aquel que, desde el principio, te advierte de que te estás equivocando es el que se ha saltado la primera regla. El ejemplo que pone Manuel Oliver es el de un equipo de fútbol donde “las jugadas se analizan después del encuentro, no en mitad del partido, y siempre con la intención de mejora, no para abroncar a nadie en particular”. Entiende Manuel Oliver que toda empresa debería interiorizar esta actitud. “En eso se basa la innovación, es prueba y error constantes. El error es bienvenido y hasta celebrado. Ojalá entendiéramos que el fallo es el desencadenante de un aprendizaje y éxito futuro”. Apoyar a tus compañe@s a toda costa es vital,  “Es una fórmula para, en lugar de quedarse anclado con los errores, volvamos a intentarlo por otra vía con las mimas o más ganas. Además esta actitud propicia un clima laboral saludable. Si te equivocas y te cae una bronca, lo más probable es que no vuelvas a arriesgarte a abandonar la zona de confort para innovar. Imagina un malabarista que fuera reprimido cada vez que se le cae una pelota, jamás conseguiría hacer malabares con más de 2 o 3 pelotas, sin embargo si cada vez que se le cae una recibe apoyo y ánimos conseguirá llegar a manejar 6 o7 pelotas perfectamente”.

Confiar en tu instinto

Dice Manuel Oliver, Pedagogo de las Artes Visuales y Teatro Físico del Movimiento que está más que estudiado,  que a partir de los 6-7 años se desarrolla en nuestro cerebro un mecanismo de defensa revulsivo a los miedos el cual nos hace huir de las situaciones de riesgo y nos mantiene en zonas seguras. Ese mecanismo se queda ahí arraigado de forma sistemática. En los emprendedores podría traducirse por el miedo al fracaso o a la pérdida de lo que ya se tiene seguro, una actitud contraria a la innovación. La improvisación ayuda a romper esa barrera, dominada por el pensamiento racional o la parte izquierda del cerebro y empoderar el lado derecho, más instintivo, emocional y creativo. “De ahí es de donde proceden las ideas disruptivas, que pueden ser buenas o malas, algo que sólo se sabe cuando se llevan a cabo. Muchas veces ha sido el instinto el que ha promovido ideas brillantes que han hecho avanzar a las empresas. A veces conviene mandar callar a esa parte del cerebro que lo quiere tener todo controlado y lanzarte a probar. Cuanto mayor capacidad tengas para pensar de diferentes maneras mayor probabilidad tendrás de resolver algo verdaderamente desafiante”, dice Oliver. 

Escuchar, sí, escuchar

La máxima aquí es escuchar para entender, no para responder. Muchas veces se habla de una escucha activa, que no lo mismo a realmente escuchar. Escuchar de verdad supone guardar silencio,  callar el ego que desea hablar, tratar de entender como se está sintiendo tu compañer@, porque te cuenta lo que te esta contando…

La escucha sigue siendo hoy en día una de las más importantes habilidades a desarrollar y valorada por los ejecutivos, emprendedores y directivos como la más útil para resolver problemas. Una buena escucha genera empatía y admiración, pero también es la mejor herramienta para entender lo que te está pidiendo el cliente que a lo mejor no es tu “brillante idea”. Sin embargo, algo cuya práctica parece sencilla, dice Manuel Oliver que es una de las carencias más extendidas porque requiere de humildad y receptividad. “Muchas veces, en lugar de preguntar al cliente qué dificultades encuentra en el día, que le preocupa, que le agrada… vamos vendiéndoles ya la idea, con comentarios de tipo “pero no crees que estaría bien…” Haz y hazte un favor, escucha, sí escucha.

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