5 consejos prácticos para recobrar una deuda

Los 5 consejos los extrae el propio autor, Pere J. Brachfield, de su libro recién publicado que se titula “Guía práctica para el recobro de deudas”. En él explica cómo actuar en la práctica ante un impago y en qué consiste el éxito del recobro. Estos son los 5 que adelanta el morosólogo: 

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Reacciona enseguida

Recuerda en este punto Pere J. Brachfield el antiguo dicho de que “deuda vieja es deuda muerta” por lo que, a la mínima sospecha, conviene reaccionar cuanto antes y no esperar a que pase el tiempo. Lo cordial sería esperar un plazo de 48 horas, salvo que se trate de la devolución de un cheque o un pagaré en cuyo caso habría que reaccionar ipso facto siempre, en su opinión, de una manera amable, sin entrar directamente a la confrontación.

Recuerda también que los plazos de prescripción de una deuda varían mucho pudiendo ir de los 6 meses a los 30 años. No obstante, la mayoría de las deudas vencen a los 5 años de manera que si en ese plazo no has reclamado el cobro se supone que renuncias al mismo (prescripción extintiva). Hasta hace aproximadamente 2 años, el plazo medio era de 15 años, rebajándolo a 5 el Gobierno de Mariano Rajoy.  

La horquilla del vencimiento de plazos depende también de la zona geográfica, con normativa propia en los casos de comunidades forales y otras autonomías, como Cataluña, y del tipo de acreedor.  Por citar algún ejemplo el morosólogo  habla del caso del transporte marítimo o fluvial que vence a los 6 meses mientras que el transporte por carretera es al año.

Recopilar toda la información posible

Antes de contactar con el deudor conviene analizar su trayectoria. De manera que si, por ejemplo, se trata de un antiguo cliente de la empresa, es interesante ver el histórico porque igual no compensa reclamar un pago menor en función de la media de gasto que suele realizar. Junto a la investigación interna, se puede también pedir información externa para averiguar la posible causa del impago y la trayectoria de ese cliente como pagador. Si es un cliente habitual o cuenta con buena reputación se puede arbitrar un acuerdo amistoso estableciendo plazos para el cobro o incluso accediendo a alguna pequeña quita.

Personalizar al máximo la gestión de cobro

Conviene informarse primero del tipo de empresa o cliente que es, la personalidad jurídica o incluso su emplazamiento geográfico. Esto ayudara a adaptar la táctica de recobro en función del perfil del deudor que tengamos delante. Es lo que Pere J. Brachfield  denominada análisis de cobrabilidad en el que deberían tenerse en cuenta los 5 puntos siguientes:

1.-Causa real del impago. No es lo mismo que el deudor o la empresa cliente esté atravesando un bache que enfrentarse a un impago intencionado.

2.-Voluntad del deudor para pagar. Puede asociarse al punto anterior. Si el deudor demuestra buena voluntad, siempre podremos atenernos a algún pacto que, conviene, reflejar por escrito, aunque sea en documento privado.

3.-Consultar la morosidad y antecedentes mercantiles de la empresa. Si comprobamos que se trata de una empresa que incumple sistemáticamente, habrá que actuar con mayor rapidez. En este caso podría encargarse también la ejecución de un informe investigado por parte de alguna agencia de investigación privada (detectives) autorizados.

4.-Solvencia real del negocio. No sólo la solvencia jurídica. Puede que el negocio esté atravesando una mala etapa sin generar apenas ingresos, pero también podría ser que la empresa estuviese respaldada por un grupo familiar fuerte que, en un momento dado, podría rescatarla de la crisis.

5.- Averiguar su liquidez y su capacidad para generar ventas. En el caso de una empresa turronera, podría ser que si consultamos la liquidez en el mes de mayo sea baja, pero las previsiones para diciembre o enero serán muy bajas. En este análisis hasta que tener en cuenta aspectos como este de la estacionalidad.

[CÓMO SER EL PRIMERO EN COBRAR ANTE UN CLIENTE MOROSO]

Negociar directamente con el deudor una solución pragmática

Dice el autor que, en ocasiones, es recomendable anteponer el pragmatismo a las emociones. Con esto se refiere a que es preferible aplacar el malestar que provoca un impago e intentar negociar el recobro de esa deuda. En este sentido, sería provechoso obtener del cliente un reconocimiento formal de la deuda, también por escrito en documento público o privado, y pactar las condiciones de pago. Las rigideces del documento dependen de las partes negociadoras dado que algunos incluyen la figura de un avalista que responda por la deuda en caso de incumplimiento.

Si la gestión amistosa fracasa, acudir a un profesional

Si detectamos falta de voluntad del deudor para reconocer la falta, lo aconsejable en este caso es dirigirse cuanto antes a un profesional de recuperación de deudas, nunca meterlo en un cajón porque, lo más posible, es que ya no salga de ahí. El consejo general es que, si en el plazo de 6 meses no has cobrado lo pactado por la vía amistosa, contrates estos servicios profesionales. 

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