¿Sabes cómo detectar y combatir a los empleados pelotas?

Tras la sonrisa de un pelota se oculta un manipulador que busca su propio beneficio. Por eso, a pesar de su aparente servilismo y su abnegación por el trabajo, el pelota es un trabajador improductivo, crea mal ambiente laboral y pone en peligro la buena organización de la empresa.

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Babeos de adulador

Bajo la apariencia inofensiva y servicial del pelota, se oculta una persona sin escrúpulos, manipuladora y egoísta, que desarrolla su estrategia para conseguir un favor. Aparentemente son personas que se sacrifican por el bien común, pero en realidad son muy individualistas y sólo buscan dinero, protección o estatus personal. Además, la mayoría necesita el reconocimiento de sus superiores porque son personas con baja autoestima y muy inseguras.

El pelota es un peligro para todos: su complejo de inferioridad le hace sufrir porque sabe que su puesto depende de la habilidad para manipular y, cuando llega a un puesto de responsabilidad, elimina a todos los que puedan hacerle sombra.

Para el pelota, el poder consiste en hacerse imprescindible para su jefe inmediato, aunque siempre estará dispuesto a pasar por encima de él a la mínima oportunidad. El pelota consigue sus objetivos a través de estas técnicas de manipulación:

-Exagera las cualidades del otro. Estudia los puntos débiles del jefe para hacerle la pelota. Si, por ejemplo, sabe que su jefe es inteligente, no se cansará de repetirle que es inteligentísimo.

-Comparte las ideas y actitudes del otro. Miente a sus superiores para crear un lazo común de camaradería y amistad. Les hace creer que comparten las mismas aficiones, creencias personales e ideas políticas, aunque piensen justo lo contrario.

-Favores no solicitados. Ofrece siempre servicios aun cuando no son del ámbito estrictamente laboral, como comprarle un regalo a la mujer del jefe o conseguirle un descuento en una tienda. Auténticas gangas para el otro.

A veces el pelota puede llegar a provocar simpatías en el jefe porque se aprovecha de la llamada teoría del autobombo, según la cual todos tenemos la necesidad de evaluarnos de forma positiva. 

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Halagos impertinentes

Sin  embargo, para que las alabanzas del pelota sean creíbles es importante que coincidan con la autoevaluación que el jefe tiene de sí mismo. Si se considera inteligente, no pondrá en duda que los halagos son sinceros.

En cambio, utilizar halagos descaradamente falsos es una estrategia arriesgada, porque si el jefe descubre su impostura, puede perder la confianza en el pelota y ponerse en su contra.

Aunque los pelotas tienen objetivos comunes y actúan bajo un esquema similar, no ocurre lo mismo con los jefes a los que les gusta ser adulados. Éstos se dividen en varias categorías:


- Narcisistas. Con ellos los pelotas tienen un campo abonado porque prefieren que le regalen los oídos a que les digan que se han equivocado.

Inmaduros. Los jefes que no han desarrollado las habilidades directivas necesarias precisan rodearse de un grupo de acólitos que les apoyen. Para sentirse considerados, necesitan de una protección externa frente a otras personas más fuertes y exigen una actitud servil de sus subordinados.

Frustrados. Los directivos estancados en su carrera profesional fomentan las actitudes serviles entre sus subordinados para sentirse valorados.

Autoritarios. Están poseídos por el poder, son fanfarrones y disfrutan atemorizando a los demás. Como no saben razonar con los empleados, les gusta rodearse de personas amables y sumisas.

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Paternal o competitivo

A veces el peloteo viene favorecido por la propia filosofía de la empresa. Las organizaciones con un estilo de dirección muy conservador fomentan la aparición de personas que necesitan estar cerca del jefe para conseguir un ascenso, pero son empresas que no son punteras en los mercados y mantienen una organización obsoleta.

Lo mismo ocurre con aquellas otras que tienen unos ciclos de desarrollo largos, normalmente sociedades familiares. Son dirigidas de forma paternalista y los aspirantes pasan muchos años de dedicación hasta alcanzar un puesto de responsabilidad.

En el otro extremo están las empresas competitivas. Éstas necesitan renovar constantemente sus equipos de trabajo y tienden a premiar los méritos profesionales, centrados en los currículos y el cumplimiento de objetivos.

En estas empresas los pelotas tienen un recorrido muy corto. Proliferan, más bien, en las épocas boyantes, cuando éstas no se ocupan de los gastos superfluos. Pero en cuanto se plantea la necesidad de realizar una estrategia empresarial con objetivos claros, los pelotas son los primeros en ser despedidos porque suponen un alto coste para la empresa.

Aunque estos personajes están siempre dispuestos a hacer cuanto el jefe les pida y se ofrecen voluntarios para todo, con el tiempo se convierte en un trabajador ineficiente. No obstante, muchos sobreviven porque hay superiores que aceptan su improductividad a cambio de su servilismo: pueden obtener de él otras ventajas ajenas a su rendimiento.

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De oficio, ‘apuñalador’

Algunos mandos intentan sacar rentabilidad a los pelotas, pero es una actitud que no recomiendan los expertos en recursos humanos.

Se puede aprovechar su buena disposición para encargarle tareas urgentes y pedirle que haga horas extras cuando es necesario. No obstante, es una actitud poco honrosa por parte del jefe y contradictoria con la filosofía de la organización. Es mejor cortarle el camino y aclarar las cosas desde el principio.

Otra forma de hacer rentable la actitud del pelota es fomentar la competencia entre varios compañeros con ambiciones, para que se esfuercen al máximo en sus trabajos.

 Algunos directivos también sacan provecho de un pelota utilizándole como espía de sus compañeros de trabajo. Pero con cualquiera de estas técnicas, los resultados positivos se producen durante un plazo de tiempo muy corto. 

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Ambiente enrarecido

Cuando el pelota es desenmascarado por sus compañeros –inevitable tarde o temprano–, surgen las tensiones. Las consecuencias de la desconfianza que provoca éste en un equipo de trabajo suelen ser muy negativas para todos. Éstos son los efectos que produce:

-Desmotivación. Cuando los empleados pierden la confianza en su trabajo, merma su interés para aprender y progresar.


- Stop a las ideas. Al premiar actitudes serviles no se incentiva la capacidad para generar ideas útiles que ayuden a mejorar la calidad y la eficacia de las tareas.

Vacío. El equipo se negará a colaborar con el pelota y con el tiempo esta actitud afecta negativamente en el cumplimiento de objetivos.

Actitud negativa. Los compañeros no se identifican con el proyecto empresarial y se mostrarán inflexibles para hacer cualquier tipo de concesiones.


- Pasillos. Se corre el riesgo de que el equipo se confabule contra el propio jefe por su asociación con el pelota y quizá dediquen más tiempo a la tarea de desplazar a ambos que a trabajar.


- Ausencias. El malestar en el trabajo provoca absentismo laboral. 

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Señas de identidad

- El pelota está siempre cerca del jefe y le sigue a todas partes para hablarle de todo y de todos los compañeros.

- Es el único que siempre ríe los chistes malos del jefe.

-Siempre dice lo que el jefe quiere oír y nunca nada que le pueda perturbar o ponga en entredicho su eficiencia.

Con frecuencia critica sin motivos a sus compañeros para quedar bien ante el jefe.


Cuando el jefe está de mal humor lo soporta con una sonrisa y, cuando se equivoca, él asume la
responsabilidad.


No le gusta la confrontación
 abierta. Prefiere la intriga y la adulación, por lo 
que, a menudo, intenta caer bien a todos los empleados
de la empresa.


Aunque trabaja poco, exagera mucho todo lo que hace y se queda a hacer horas extras por sistema.


Disimula su falta de iniciativa formulando preguntas insustanciales.

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Un perturbador en la empresa

Aunque parezca lo contrario, los pelotas son una carga, tanto para el jefe que los protege como para el resto de compañeros.

Son trabajadores reactivos. Nunca tienen iniciativa porque siempre están de acuerdo con su jefe. Son los únicos que comulgan con las ideas inviables del jefe y, a veces, en su afán de quedar bien se empeñan en llevarlas a la práctica aunque no sean rentables.

No son resolutivos.Con sus halagos hacen que la empresa perpetúe sus errores y no se fomente la búsqueda de soluciones.

Crean mal ambiente laboral. Les gusta recalcar y difundir los fallos de los demáspara ganarse la confianza del jefe y, a menudo, distorsionan la realidad en su propio beneficio.

No sirven para trabajar en equipo. Su excesivo recelo hace que se lleven mal con sus compañeros y que no confíen en ellos.

Son improductivos. Sus intrigas y chismes les distraen de su quehacer diario. Simulan que trabajan y algunos, incluso, sólo lo hacen cuando está el jefe presente.

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La profesionalidad no es aduladora

Consejos y estrategias, basados en la prudencia y la profesionalidad, con los que puedes sumar puntos delante de tus superiores sin crearte enemigos.

Nunca demuestres a tus superiores que eres mejor que ellos en algo. Sé diplomático y cortés, y nunca contradigas a tu jefe abiertamente. Cuando no estés de acuerdo con él, díselo utilizando frases como: “esa idea es muy buena, pero yo había pensado...”, o bien: “¿qué te parece si en lugar de hacerlo así, lo hiciéramos...?”

Mantén una relación profesional. Respeta las jerarquías, nunca critiques a tu jefe delante de un superior. Establece con los jefes una relación exclusivamente profesional, ya que si te utiliza para asuntos personales, te está infravalorando y perderás el respeto de tus colegas.

Rodéate bien. Intégrate en un grupo de amigos de la empresa para no quedarte aislado. Elige, preferiblemente, los que tengan relaciones más influyentes con los superiores.

No te busques enemigos. Realiza horas extras sólo cuando sea estrictamente necesario, pero asegúrate de que tu esfuerzo no pasa inadvertido.

Pide a la empresa mayor responsabilidad y cursos de formación.
 Intenta aportar ideas en las reuniones y nunca hables por hablar. Acepta tus errores e intenta corregirlos, pero nunca culpes de ellos a tus compañeros. Solicita recibir información para mejorar tu rendimiento. 

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Contra un empleado pelota

Las cosas claras desde el principio.Como táctica para desanimarle, utiliza frases del tipo “tus palabras me incomodan y con ellas no conseguirás nada de mí”.

- Déjale que salve la cara. Puedes darle la oportunidad de cambiar su conducta con expresiones del tipo “no lo tendré en cuenta en el futuro si cambias de actitud”.


- Mantén firme tu postura ante él.Si insiste en sus alabanzas con expresiones del tipo “no creas que exagero, es que yo te veo así”, muéstrate inflexible y explícale que su insistencia le perjudica.

Déjale de lado si no cambia de actitud. Haz que se concentre en su trabajo y retírale tu confianza.

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Contra un compañero pelota

- Sé hermético. Haz tu trabajo lo mejor posible y no le cuentes nunca confidencias que pueda utilizar en tu contra.

- Realiza informes escritos de tus ideas. Los pelotas suelen apropiarse de las ideas ajenas para ganarse la confianza del jefe. Para evitar estos abusos, es conveniente tomar la precaución de presentar a los superiores informes escritos de las ideas propias. Además, ésta puede ser una forma de descubrir el juego sucio del pelota, dejándole en evidencia cuando intente hacer suya una idea presentada por escrito por otra persona. También puedes ponerle en evidencia empleando frases que no te hagan enfrentarte de forma directa, por ejemplo, “si no te conociera, creería que has intentado robarme la idea”. En definitiva, no te dejes comer terreno, pero hazlo de forma sutil.

- Elude realizar juicios de valor sobre otros compañeros. Cuando critique a un compañero no entres en su juego, no hagas juicios de valor. Escúchale con atención y después pregúntale con una sonrisa por qué no le expone sus quejas al compañero afectado, pero nunca te dejes llevar por su apariencia de buen amigo. Te engañará.

- Hazte con un grupo de apoyo para descubrir su estrategia. Aprovecha una reunión de trabajo para explicarle, con el apoyo de varios compañeros, que ciertas actitudes se deben cambiar en la empresa. Es importante mantener un clima de diálogo entre todos, para que el pelota no se sienta atacado y tome represalias contra una sola persona.


Procura alejarte, pero no te dejes pisar ni comer terreno. Los pelotas, por lo general, tienden a pisar a todos los que están a su alrededor, con especial saña con los más débiles. Esquívalos y no te amilanes. Suelen ser cobardes. 

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