12 maneras de sacar rentabilidad a la intuición

La intuición es una de las grandes armas del emprendedor. ¿Sabes utilizarla?

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Autoevalúate

Los sesgos mentales, los prejuicios, los marcos culturales y educativos son fundamentales a la hora de tomar una decisión, porque condicionan la forma en que recabamos la información o porque nos conducen a conclusiones erróneas. Por eso, conocer nuestras limitaciones es fundamental y este autoanálisis debe incluir, también, la identificación e interpretación de nuestras emociones, para diferenciar qué parte de la sensación que notamos corresponde a una emoción o a una señal de alarma intuitiva. “Tu intuición te puede decir cosas conflictivas, no siempre está claro y hay un montón de gris. Esta es la razón por la cual es importante mejorar tu autoconciencia, para escuchar y comprender mejor nuestros instintos e intuiciones”, confirma Stuart Jones, fundador de Coworkation. “Hace tres años tuvimos un partner en Singapur. Era la forma más directa y segura que teníamos de entrar en Asia. La empresa que iba a gestionar el negocio nos parecía seria y tenían la recomendación de un buen amigo. Pero fue un rotundo fracaso y nuestro paso por Singapur duró menos de un año. Me dejé llevar más por las ganas que por la intuición”, recuerda Fagundo. Es importante ser consciente de las capacidades reales de la organización antes de adoptar ninguna decisión.

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Valora la experiencia

Como insiste Pedro Subijana, propietario y chef de Akelarre, “intuición sin experiencia es poco menos que un milagro. Hay algunas personas que pueden tener una innata capacidad de ver más allá sin experiencia. Pero son la excepción que confirma la regla”. Para Olivé, “la intuición es como la suma de la experiencia previa en la gestión, experiencia previa en las decisiones acertadas y desacertadas y el análisis
 del entorno”. Algo en lo que coincide Rodrigo del Prado, cofundador y director adjunto de BQ: “Cuanta más experiencia tengas, más fácil te será ver las cosas de manera intuitiva”. Alberto Alcocer, director de SocieTIC Business Online, lo tiene claro: “La experiencia es el mayor aval para la intuición porque las vivencias pasadas te permiten ver las cosas desde otra perspectiva. Hace un año lanzamos dos nuevos servicios en la empresa. La experiencia nos hizo ver el nicho de mercado y la intuición apoyaba a la hora de definir el producto concreto. Al final fue todo un éxito.” Para Meinrad Spenger, CEO y fundador del Grupo Masmóvil, la mejor manera de desarrollar la intuición es “con mucho conocimiento sobre el sector, experiencia, buena comunicación y, sobre todo, confianza en uno mismo y en tu equipo”.

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Elimina la sobreconfianza

Confianza sí, pero con mesura, porque no hay mayor peligro para la intuición que la sobreconfianza. “Nuestro mayor error fue lanzar la segunda línea de negocio, Eventbis, destinado a eventos pequeños. Pensamos que íbamos a poder aprovechar muchas sinergias y a crecer muy rápido y fue un error que nos costó muchos recursos. Nos falló la intuición porque nos dejamos llevar por el exceso de confianza de lo bien que nos había ido anteriormente”, recuerda Michelena. Algo que también le ocurrió a Clemente Cebrián, cofundador de El Ganso, para quien “la intuición es una mezcla de creer en el proyecto en un momento concreto junto con las personas que lo desarrollas, pero falla cuando te basas al 100% en ella. A nosotros nos pasó, cuando nos dejamos guiar por la intuición con un agente en Francia y nos confundimos...” Sergio Bernués, CEO de Marketing de Pymes, también lo ve así: “En la práctica, la intuición tiene más importancia de la que pensamos porque nos permite responder de forma rápida ante determinados eventos, pero hay ocasiones en las que está sobrevalorada y nos lleva a tomar decisiones equivocadas debido a la carencia de una reflexión previa”. Así que asegúrate de que recabar y analizar toda la información necesaria antes de seguir la intuición.

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Asume el error

A veces detrás de una mala decisión puede esconderse la incapacidad para aceptar el error que nos impide escuchar la intuición, como le ocurrió a Olivé: “En cierta ocasión me involucré en una compañía que estaba lanzando un amigo mío porque creía en la persona. Los hechos demostraron que una cosa era lo personal y otra lo laboral, pero durante dos años seguí apoyándolo a pesar de los resultados. ¿Qué falló? No aceptar una derrota: tienes
 que luchar cuando lanzas un negocio, pero tienes que asumir cuando te equivocas”. Para Seb Chartier, CEO de CreaVenture y fundador del Salón MiEmpresa, “superar el miedo al fracaso quizás sea uno de los factores que podría hacer mejorar la efectividad de tomar estas decisiones intuitivas. Cuanto más dispuesto estemos a salir de nuestra zona de confort, más probabilidades tendremos de dejar libre nuestro espíritu
 y seremos capaces de ser más intuitivos”. Una apreciación que es extensible a las compañías. “En las grandes organizaciones está muy penalizada la equivocación y por esto es muy difícil tomar decisiones intuitivas. En cambio, no innovando puedes mantenerte en el trabajo e incluso progresar”, critica Olivé.

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Realiza un ‘check list’ cuidadoso

Uno de los obstáculos más grandes para que la decisión intuitiva sea efectiva puede venir de la mano del llamado freno de la teoría preconcebida: si yo he decidido anticipadamente que quiero invertir en este proyecto, que me quiero aliar con este emprendedor o que la adquisición de esa filial va a ser fundamental para mi crecimiento, toda la información que recabe estará sesgada y encaminada a demostrar que mi decisión es la correcta. Pero no será intuitivamente ni analíticamente acertada. Como señala Miguel Ángel Gil, CEO de Open Car, “si queremos convencernos de que nuestra intuición es la correcta, siempre lo conseguiremos pero ello no significa que lo sea. Cuando no la complementamos con un análisis posterior mucho más exhaustivo y, sobre todo, objetivo, de la realidad, perderá efectividad”. Para combatirlo, debes asegurarte de que has sido objetivo a la hora de recabar la información necesaria. El Nobel Daniel Kahneman propone hacerte una check list antes de tomar una decisión y hacerte las siguientes preguntas sobre los datos recabados: ¿Es información independiente y de calidad? ¿Procede de varias fuentes o de una? ¿Puede estar influenciada por personas relevantes de mi entorno?...

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Ponte en el peor escenario

La aversión al riesgo es uno
de los frenos más fuertes a
la intuición. Nuestro cerebro activa 24 áreas más ante una decisión de resultado incierto que ante una decisión de resultado negativo, con lo cual nos va a empujar a mantenernos como estamos, aunque sea mejor lo desconocido. Si a ello unimos el sesgo marco, es decir, el sobreconservadurismo de nuestro cerebro cuando se le plantean decisiones en términos de ganancias, el conflicto está servido. Como
 se lamenta Arantza M. Huarte, directora general de Miramami, “muchas veces no dejamos que la intuición nos condicione por miedo. El miedo puede llegar a frenar y a obligarte a dejar de tomar decisiones que sí sentíamos que podían funcionar”. “Hay que entender que siempre existe un riesgo y asumirlo. Intuir que te vas a equivocar y equivocarte, también forma parte del proceso de aprendizaje”, recuerda Spenger. Para combatirlo, plantéate la decisión en términos de pérdidas y de riesgo conocido, para que tu cerebro no se ponga nervioso. Es decir, “si adopto esta decisión el peor escenario es este” o “si no tomo esta decisión, van a caer los resultados, voy a perder productividad...”. El experto en toma de decisions Gary Klein propone la estrategia premortem: “Cuando un proyecto va mal, se analiza como si fuese una autopsia, postmortem. Yo propongo imaginar que tienes una bola de cristal y que ves que el proyecto ha fallado, tómate dos minutos para ver por qué”. De esta manera puedes anticipar los escenarios negativos posibles.

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Establece cortocircuitos emocionales

La intuición necesita de la calma para tomar la decisión correcta. Como explica Xavier Gabriel, “la intuición siempre será errónea si precipitas la decisión o cuando estás viviendo momentos de debilidad, donde las adversidades fluyen solas, o en momentos demasiado eufóricos”. Para combatir este freno, plantéate un cortocircuito, un circuitbreak, para recuperar el control de tus emociones. Cuenta hasta diez antes de seguir adelante con una decisión y si, finalizada la cuenta atrás, sigues considerándolo igual, da el paso.

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Realiza un doble argumentario

La necesidad de racionalizar
 y explicar verbalmente todas las decisiones puede hacernos abandonar intuiciones muy válidas simplemente porque se manifiestan de forma imprecisa. “La intuición es información que tenemos y que, a menudo, ignoramos porque no la hemos extraído de un proceso de razonamiento como estamos acostumbrados”, señala Spenger. Para combatir este freno es importante acostumbrarse a ver el lado opuesto de las cosas, hacer una doble lista de argumentos a favor y en contra, porque esta estrategia contribuye a centrar la mente, a ver todas las caras de un problema, permitiendo adoptar una decisión más acertada. “Cuando estudiamos los lanzamientos de productos, pongo a la mitad del departamento a buscar los argumentos a favor y a la otra mitad a buscar los argumentos en contra y, con la información de las dos partes, yo tomo la decisión que me pide el estómago, pero antes he podido analizar todos los ángulos del problema”, explica Ruiz de Arriaga.

 

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Jaléate

Es muy importante hablarse bien, reescribir positivamente los guiones con los que te hablas a ti mismo y con los
 que hablas a tu gente. Sólo 
así podrás estimular tu parte positiva e intuitiva y la parte positiva e intuitiva de tu equipo. Es un poco la teoría de la profecía autocumplida, pero en positivo. Si nos acostumbramos a identificarnos y a identificar a tu equipo con aquellos conceptos que más favorecen nuestra actividad, nuestra inteligencia, nuestra capacidad de aventura, la predisposición trabaja a nuestro favor.

 

En las organizaciones, este tipo de actitud se fomenta premiando las nuevas ideas. A nivel individual es muy importante ser ambiciosos y apostar por nuestros sueños para crecer por encima de las limitaciones. Así lo recuerda, por ejemplo, María Cortés, socia y fundadora de EnClaveChina: “Al principio de nuestra andadura como empresa, la lógica empresarial nos decía que las instituciones públicas estaban fuera de nuestro alcance como clientes por nuestra corta trayectoria. Pero nos lanzamos a captar estos clientes y ahora llevamos cuatro años trabajando con instituciones de Aragón. La creencia y la seguridad en el valor de lo que hacemos nos ha hecho seguir esta intuición y el resultado realmente no ha podido ser mejor”.

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Siéntete bien con tu elección

Cuando al adoptar una decisión se nos pone un nudo en el estómago, lo más seguro es que nuestro cuerpo nos esté avisando de que no estamos siguiendo nuestra intuición.

Y al revés, si tus pasos van acordes con lo que realmente deseas, te sentirás a gusto. Paulo Coelho, en su archifamosa obra El alquimista”, lo explicaba muy bien: “Cuando vas en consonancia contigo mismo, todo el universo conspira a tu favor”. Como explica Stuart Jones, “la intuición es importante, pero debe estar alineada con nuestra corazón. En ese caso puede ser muy potente. Al contrario, si nuestra intuición va en contra de nuestros valores o principios, entonces es una receta para el desastre.”

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Desarrolla la empatía

Las decisiones intuitivas en el terreno social son muy efectivas porque son conocimientos largamente aprendidos, no sólo por la persona como individuo, sino por la sociedad en su conjunto desde que convive en manada. Intuitivamente somos capaces de reconocer cuándo alguien nos está engañando, cuándo nos están mintiendo o cuándo están a disgusto. Para mejorar la efectividad en este tipo de decisiones se impone hacer hincapié en el desarrollo de la empatía: a través de ella aprenderemos a contemplar la realidad como la contemplan los otros, lo que nos permitirá avanzar en la estrategia del doble listado, del cuestionárnoslo todo y nos permitirá ver y escuchar más allá de lo que solemos hacer. Se trata de ampliar todos los puntos de vista sobre el problema en cuestión.

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