¿Sabes si tu empresa está aquejada de ‘siloitis’?

El concepto de silos dentro de la empresa se entiende como la creación de distintas áreas y unidades de negocio que la constituyen. Su existencia es normal siempre que se vigile la coordinación y el flujo comunicativo para no terminar comportándose como pequeñas empresas dentro de la empresa.

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Cuándo se produce

Según un artículo de la Escuela de Organización Industrial (EOI) en las empresas “los silos son característicos de una excesiva y mal equilibrada visión vertical de la organización”. Asimismo, el efecto silo “frecuentemente imposibilita que las cuestiones interdepartamentales se resuelvan a niveles medios o bajos. Los problemas se elevan a lo alto del silo para su resolución por los directores. Se genera la necesidad de un “extra” de control y los costes de coordinación aumentan”.

Otro riesgo que podría desencadenar el efecto silos es el tribalismo corporativo, algo que se produce “cuando los miembros de un grupo se alinean e identifican tanto con su propia unidad que ven a los otros grupos o partes de la organización como competidores, como obstáculos y hasta como  amenazas. La lente con la que se miran los problemas de la organización es el nosotros vs. ellos”, según definición de José María Berenguer, profesor asociado de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de Navarra y profesor de la EOI.

No obstante, la presencia de silos es habitual en las empresas y no es necesariamente negativa, aunque sacarles el máximo provecho requiere cooperación, crear sinergias y asignar recursos a los silos. El desafío está, pues, en desarrollar estructuras que conecten a los distintos silos para que fluya la comunicación e implementar programas.

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Qué produce la ‘siloitis’

Según un estudio realizado sobre este tema por el profesor Berenguer, la principal causa que está detrás de lo que él llama ‘Siloitis’ es el miedo. Entre esos miedos incluye:
-Personas que temen ser cuestionadas en sus puestos de trabajo, de forma que protegen su territorio.
-Personas que temen hacerlo mal, por lo que se reservan ideas excesivamente innovadoras o inusuales.
-Personas que temen no ser tenidas en cuenta de forma que se atribuyen el mérito y las ideas de otros.
-Personas que temen la humillación, por lo que se reservan lo que piensan
-Personas que dudan de su propia debilidad de manera que acusan a otros de sus decisiones profesionales.

Entre los síntomas que permiten detectar la presencia de estos silos dañosos en una empresa, enumera alguno como la falta de cooperación o la competencia interna entre las unidades. Llevado a extremos, esta situación podría ocasionar redundancia de funciones con el consecuente despilfarro de recursos, o centrarse en la competencia interna en lugar de combatir la competencia real fuera de la empresa.

Un caso de una empresa aquejada de siloitis podría ser, por ejemplo, un departamento de pedidos que se retrasa en contactar con los proveedores la materia prima sin advertir de la incidencia a la cadena de producción o logística.

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Clasificación de los silos

En cuanto a los distintos tipos de silos que pueden desarrollarse dentro de una organización, el profesor Berenguer destaca:
Silos de producto: son unidades de negocio definidas por la oferta de un producto o un servicio.
Silos geográficos: se comportan como unidades territoriales según países o zonas geográficas.
Silos funcionales. Son unidades que se corresponden con departamentos o agrupaciones de menor nivel dentro de la empresa. Pueden darse solo en un departamento o entre varios (silos verticales así como dentro de la organización en general, como las muy jerarquizadas.
Silos de mercado: se definen por fronteras de mercados, como pueden ser sectores industriales.
Silos de clientes: según la segmentación de los distintos tipos de clientes

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Silos buenos y silos malos

Según el profesor, en un silo pueden residir competencias esenciales de la organización, pero hay que vigilar para que dichas competencias no degeneren en “rigideces esenciales cuando los silos se resisten al cambio del modelo de negocio”. Asimismo, hay que procurar no acabar con la cultura colaborativa de una empresa porque, en caso contrario, podría interferir en la consecución de metas de negocio o la implantación de nuevas tecnologías o nuevos desarrollos. Para ello, habrá que identificar los silos que se han creado en la organización y ver cómo evolucionan en su comportamiento.

Por otro lado, Berenguer distingue entre un silo sano: “aquel que satisface eficiente y calladamente la demanda de uno o varios procesos de negocio estratégicos u operaciones clave de la organización” y un silo disfuncional que sería aquel que “desarrolla patologías enfermizas motivado por alguna de sus competencias esenciales”.  Un ejemplo de esta segunda modalidad podría ser un departamento de pedidos que se retrasa en contactar con los proveedores la materia prima sin advertir de la incidencia a la cadena de producción o logística, o aquellos que no transmiten sus avances al resto de la organización. Por el contrario, un silo bueno sería aquel que se integra en la cadena para aportar valor como ventaja competitiva para toda la organización.

Por último habla de los no silos entendiendo como tal una “unidad organizativa que ha dejado de tener una posición confortable, de adición de valor, en los procesos u operaciones de la organización”.

Según funciones bien o mal los silos habría a aceptarlos o derribarlos o reemplazarlos en el segundo supuesto. Una tarea que requiere de liderazgo.

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