¿Qué es lo que tienes que aprender (de verdad) de los unicornios que fabrica Silicon Valley?

Cada vez son más las voces críticas que se alzan en EE.UU para poner en entredicho el impacto real que ejercen sobre la economía del país los llamados unicornios y las startups. Requerimos la valoración de algunos expertos nacionales sobre este asunto y el riesgo del posible estallido y contagio de la eterna ‘burbuja emprendedora’.

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Desmitificando a los unicornios

Michele Zanini, director gerente del Laboratorio de Gestión y cofundador de Management Innovation eXchange y Gary Hamel, profesor visitante en la London Business School y cofundador de The Management Innovation Exchange, son los autores de un artículo cuya conclusión anticipan en el título: ‘Los unicornios no salvarán la economía, las empresas emprendedoras sí”.

En él advierten, entre otras cosas, de lo aventurado que resulta celebrar la aparición de unicornios (empresas valoradas en más de mil millones de dólares). En esta categoría se hallarían actualmente corporaciones como Uber o Snapchat frente a otras multinacionales con mayor raigambre, tipo Walmart o General Motors, que reciben valoraciones mucho más bajas en el mercado a pesar de que su contribución a la riqueza nacional y generación de empleo es muy superior.

Así, la alegre noticia que supone para los medios informar del logro de un unicornio nacional, significa para los autores un falso júbilo. “Los unicornios representan una proporción diminuta de la economía”, dicen, y eso teniendo en cuenta que, de los 179 unicornios surgidos hasta el año pasado en todo el mundo, EE.UU acumula el 56% del total (353.000 millones de dólares), “equivalente a menos “del 2% del valor de mercado de las empresas de la lista S&P 500” (uno de los índices bursátiles más importantes de EE.UU).

Por otro lado, alertan también Zanini y Hamel de la tendencia a la concentración de las multinacionales como mecanismo de defensa ante el riesgo de ser barridos por la aparición de uno de estos unicornios de crecimiento veloz y exponencial. “El poder económico de las grandes empresas está aumentando, no disminuyendo. Durante las últimas décadas, la concentración industrial en Estados Unidos ha aumentado sistemáticamente”, dicen.

¿Es entonces ilusoria la percepción que nos llega de una nueva economía global encabezada por un Silicon Valley dinámico, super rico, disruptivo y con oportunidades para todos? ¿Tendríamos que empezar a mirar hacia otro lado porque lo de Silicon Valley es solo cuestión de interés mediático? Algunos expertos españoles hablan de ello.

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Un coworking gigante de pago

“No, lo de Silicon Valley es una realidad. En ningún otro sitio he visto tanto joven tecnólogo enfebrecido, trabajando en cualquier lugar y a todas las horas, también los sábados, pasando penurias económicas, pero con muchísimas ganas y ambición. Es agotador, pero al final te acabas contagiando”. Quien así habla es Isidre March, catedrático de Organización de Empresas en el Departamento de Dirección de Empresas Juan José Renau de la Universitat de València, director del Master oficial en Creación y Gestión de Empresas Innovadoras en la misma Universidad y autor del libro Elegidos a Atrapados. March es, además, uno de nuestros grandes expertos en Silicon Valley después de una larga estancia allí donde pudo entrevistarse con 54 emprendedores españoles residentes para un trabajo de investigación.

Además de mentalizarse para trabajar a un ritmo frenético, entre las 40 recomendaciones que recogerá el libro de March, está la de asegurarse los recursos necesarios para sobrevivir con un presupuesto medio de 5.000€ al mes, dado el elevado coste de vida en la zona. Aún así, su recomendación es que todo aquel que pueda, pruebe, porque las reglas del juego son muy distintas a las que estamos acostumbrados.

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3 valores para aprender

Lo primero que choca a un español recién llegado es, según March, la cultura emprendedora, sus valores, rutinas y comportamientos. Aún partiendo de la base de que Silicon Valley es único e irrepetible, tres son las principales diferencias que él observa y que deberíamos aprender en cuanto a valores:

1. Compartir. Allí nadie se reserva una idea por miedo a que se la copien o se la roben, antes al contrario la “comparten sin tapujos y cuanto más se difunda mejor, por si llega a oídos de algún inversor u otros interesados”.

2. Repartir. Lo habitual es compartir el éxito de un proyecto con todo el equipo y no que sea el CEO o el impulsor inicial quien se arrogue todo el mérito. No hablamos sólo se compartir popularidad, sino también de compartir beneficios con fórmulas como el equity que da entrada a la participación en la empresa de los integrantes del equipo.

3. Accesibilidad. La cultura americana se basa en la meritocracia y en la igualdad de oportunidades. Ello genera un ambiente aperturista, lejano a la burocratización y que parece accesible a cualquiera, también en los canales de inversión. “Igual a los dos minutos te dicen que no les interesa, pero te reciben y te escuchan”, afirma March.

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La misión que cumplen las startups

Rebatiendo la apreciación de Zanini y Hamel sobre el pobre impacto que unicornios y startups producen en las economías, sostiene Manuel Delgado Tenorio, emprendedor y cofundador de la startup tecnológica de marketing predictivo Leads Origin  que “la misión principal de una startup es innovar, no generar empleo o riqueza. Se supone que una startup es una empresa potencial, pero en estado incipiente, con pocos recursos, que se mueve en un terreno de riesgos, de prueba y error. Mientras ese sea su estado, no se les puede pedir mucho más. La productividad y la riqueza habrá que exigirla una vez que la startup se convierta en empresa crecida, escalada y consolidada. A partir de ese momento, se comportará como cualquier otra corporación o multinacional”. En cuanto a su apreciación de los unicornios, comparte que es desmesurada la importancia que a veces se otorga a la aparición de uno. “Al fin y al cabo no dejan de ser una operación de aritmética financiera de cara a futuro, pero tampoco hay que menospreciarlos. Lo que está claro es que en la actualidad no se puede pretender que crezca un país con empresas pequeñas”.

Además de las grandes miras, Isidre March adelanta que el concepto que se tiene de una empresa en Silicon Valley es el de la vida efímera, de desarrollo y crecimiento rápido para alcanzar una desinversión que puede producirse en el transcurso de 1 o 2 años. Aquí el recorrido es mayor y algunos vez con malos ojos ese deseo de pronta desinversión.

No obstante, a favor de Zanini y Hamel, hay que decir que al final del artículo reconocen la necesidad de “fomentar más emprendimiento al estilo de Silicon Valley”, una vez que se haya asumido “que generar más unicornios no sirve para sustituir al riguroso cumplimiento antimonopolio y en liberar la energía empresarial latente que reside en las profundidades de las grandes organizaciones establecidas”.

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El interés por el grado de innovación

Este es otro de los aspectos por los que Silicon Valley debería mantener su condición paradigmática.  Según March, triunfar allí exige un alto grado de innovación, válido solo en los modelos emergentes. No valen segundas mejoras de lo existente, por eso dice el profesor sentir rabia cuando escucha en España algunas propuestas para replicar modelos de negocio de éxito en otros países. “Allí hay que ir con innovación real, con algo disruptivo y, a ser posible, orientado al B2B, que es hacia donde se inclinan ahora los inversores, después de algún desengaño en el B2C. En cuanto a las réplicas, creo que funcionan hasta que la startup obtiene la primera ronda de financiación. No mucho más”.

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Más allá de la digitalización

En línea con lo anterior, otra observación de Isidre March es la excesiva proliferación de negocios surgidos dentro de la economía digital. “Nos dejamos llevar demasiado por las modas y lo que se publica en los medios, donde solo se habla de marketplace, de TIC, de economía colaborativa, del mobile y, ahora, el big data. Todos tienen su oportunidad, pero creo que en España tenemos empresas muy potentes en otras industrias que pasan más desapercibidas en áreas como la ciberseguridad, nanotecnología, energía, biotecnología, inteligencia artificial.… Igual no resulta tan sexy hablar de este tipo de empresas, pero yo pienso que es donde España podría jugar una baza importante en Silicon Valley

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El mercado laboral que generan

Al abordar el tema de Silicon Valley parece también ineludible hablar de las desigualdades sociales que algunos atribuyen al papel que juega la tecnología. Esas desigualdades existen y, además, se ven en la calle. “Te aseguro que vi a emprendedores que ya tenían un buen cartel aquí pasar penurias en Silicon Valley. A muchos les disminuye la autoestima al llegar allí, no sólo por la elevada concentración de mentes brillantes, sino también por las dificultades económicas para vivir con la misma dignidad que lo hacen aquí”, cuenta March.

La élite en Silicon Valley corresponde a los grandes desarrolladores de proyectos y negocios, cuyos sueldos pueden alcanzar los 6 dígitos. En este sentido, Delgado Tenorio resalta también el poder de las startups para generar puestos de trabajo de calidad, más allá de la precariedad laboral que se atribuye ahora a algunas de las que ofrecen servicios a demanda. “Claro que no se pueden comparar los sueldos que los ingenieros reciben aquí, pero eso se está corrigiendo y cada vez se tiende a captar más talento”.

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¿Y si estalla la burbuja?

“Ya estoy cansado de la discusión sobre si estallará la burbuja de Silicon Valley o no. Asumámoslo lo antes posible: por supuesto que estallará. Porque, por si alguien no se ha dado cuenta, la economía se comporta de forma cíclica y los humanos somos lentos aprendiendo según qué lecciones, así que sólo es cuestión de tiempo que vuelva a ocurrir” afirmaba Manuel Delgado. También a él le tocó vivir la burbuja de las puntocom (1997-2001) pero piensa que la situación actual no es, ni de lejos, tan exuberante como la que se extendió entonces. “Claro que se siguen dando casos de especulación y sobrevaloración de algunas compañías, pero yo no veo ahora el mismo clima. Hoy las inversiones se afrontan desde una perspectiva más racional, más medida y más madura. Creo que la lección la tenemos bien aprendida y que estamos mucho más protegidos ante la posible aparición de la burbuja”, dice.

Tampoco para Isidre March la situación de ahora no es comparable con la del 2000. “Entonces se creyó que la tecnología lo iba a cambiar todo de la noche a la mañana y se apresuraron con las inversiones. Ahora no veo riesgo, al contrario, creo que hay dinero, mucho, pero que están esperando a invertir en algo realmente grande”.

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