Cómo esquivar sutilmente los marrones en el trabajo

Los ‘marrones’ pueden surgir por una equivocada distribución de las tareas
 o por una mala gestión de los tiempos. Aunque no dignifican tu currículo, hay formas de rentabilizarlos. Sigue estos consejos y obtendrás un mayor reconocimiento profesional.

Teenage girl exercising with coach in boxing ring
Thomas TolstrupGetty Images
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El marrón, también conocido como brown, es un trabajo del que nadie quiere encargarse, pero que hay que hacer. El rechazo que produce entre los empleados se debe a que la mayor parte son tareas imprevistas, que alteran todo y obligan a alargar la jornada. Cuando recibimos un marrón, lo normal es tratar de esquivarlo. Sin embargo, antes de tomar esta decisión conviene tener en cuenta algunos factores:

- El grado de compromiso. Por lo general, los trabajos de última hora no aportan ningún tipo de aliciente profesional, pero pueden ayudan a demostrar el nivel de compromiso que tenemos y hasta qué punto nos sentimos identificados con la organización.

- La dificultad de la tarea. Aunque no lo parezca, algunos también le encuentran una vertiente positiva. Los marrones que te encargan porque los demás no saben hacer esas tareas o porque tu experiencia te convierte en la persona mejor cualificada para sacarlos adelante no se pueden ni se deben rechazar, porque se pueden aprovechar dentro de la empresa para conseguir un mayor reconocimiento.

Reto y formación

Los nuevos proyectos pueden parecer un marrón porque exigen horas extra y dedicación pero, si eres una persona segura de ti misma y con capacidad para desarrollarlos, se convierten un reto interesante y una ocasión inmejorable para ampliar tu formación.

- La cultura empresarial. Ésta es muy importante para valorar si resulta más rentable aceptar o rechazar los trabajos ingratos. Si los superiores consideran que los marrones hay que asumirlos sin más aunque suponga renunciar a las vacaciones o ampliar el horario de trabajo, conviene aceptarlos, aunque es muy difícil que se les pueda sacar rentabilidad.

En cambio, si la organización tiene en cuenta el sacrificio del trabajador por el equipo y por la compañía, se pueden admitir sin reservas porque en el futuro la empresa sabrá recompensar ese esfuerzo.

Con pies de plomo

Cuando los embolados de este tipo son tareas importantes e imprevistas, lo normal es aceptarlos para que no afecten negativamente al cumplimiento de objetivos. Sin embargo, algunas tareas se convierten en marrones porque no sirven para nada. En estos casos surge un problema de lealtad con la empresa. El trabajador leal no es el que hace todo lo que le caiga sin rechistar, sino el que sabe rebatir con argumentos objetivos lo que considera un error para el buen funcionamiento de la organización.

- Argumenta con objetividad. Hay que afrontar estos problemas desde la realidad de los hechos y rebatirlos con argumentos fehacientes sobre el modo en que afectarían a tu trabajo, al rendimiento del equipo y a la empresa.

No obstante, se debe evitar personalizar el asunto con razonamientos como lo mal que nos sienta asumirlos o lo injusto que es que siempre tengas que ser tú quien resuelva este tipo de trabajos.

- Busca soluciones. Siempre que se plantea un problema hay que aportar soluciones concretas. Si el trabajo requiere responsabilidad y hay que afrontarlo, se puede proponer la necesidad de formar a otras personas para repartir equitativamente las tareas ingratas.

Si es un trabajo que no sirve para nada, hay que explicar de forma clara los efectos positivos de tus propuestas para la empresa. Al plantearlo en estos términos, el rechazo no tiene por qué incidir negativamente en nuestra consideración profesional, sino al contrario, porque estaremos mejorando el funcionamiento del trabajo en equipo.

Algo va mal

En todas las empresas se presentan embolados que alguien tiene que asumir. Sin embargo, los expertos en recursos humanos afirman que si se convierte en algo rutinario, es que alguien no está haciendo bien su trabajo. Éstas son las principales causas que propenden a la aparición de marrones y que tienen graves consecuencias para la empresa:

- Mala gestión del tiempo. Los marrones de última hora, aquellos que hay que resolver con urgencia porque son importantes, surgen de la mala gestión de los tiempos. Estas tareas urgentes afectan a todo el equipo, porque obligan a desorganizar todo el trabajo. En este caso, la única solución es cambiar las cosas desde el vértice superior de la pirámide, educando a los directivos para que aprendan a planificar por etapas las tareas más importantes.

- Estilo de dirección equivocado. A menudo, los jefes que se dedican habitualmente a repartir marrones tienen un estilo de dirección autoritario y caprichoso. Es el tipo de jefe que pretende alcanzar demasiados objetivos y fija pautas inalcanzables tanto para él como para los demás. Realiza cambios caprichosos e innecesarios a última hora y, a menudo, da a los subordinados los trabajos más tediosos porque no confía en los demás.

Estos jefes pueden resultar rentables para la empresa a corto plazo, pero al final son muy perjudiciales. Su equipo pierde mucho tiempo aliándose en su contra para tratar de echarle, en lugar de centrarse en su trabajo.

- Falta de comunicación. Si los empleados no entienden para qué sirve su trabajo y cuáles son los objetivos que se persiguen, las tareas se realizarán de forma desorganizada y surgirán muchos marrones. La comunicación es esencial para que el trabajo tenga valor y ayude al empleado a aceptar nuevos retos.

- Falta de planificación. Algunas tareas se entienden como un muerto cuando los superiores tienen definidos unos objetivos, pero no han fijado un plan de desarrollo para lograrlos. En este caso, el trabajador se siente presionado y desorientado e, incluso, empieza a sentirse poco valorado porque considera que le dan tareas confusas.

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¡No aguanto más!

Un cúmulo de marrones afecta de forma negativa a los colaboradores y a su trabajo. He aquí son las principales consecuencias que provocan:

- Conflicto entre compañeros. Cuando surgen demasiadas tareas ingratas e inesperadas, todo el equipo acaba inventando excusas para librarse de ellas y surgen discusiones entre ellos. Además, pueden aparecer enfrentamientos abiertos con el propio jefe o, incluso, que el equipo se niegue a realizar horas extras aunque sean necesarias.

- Desmotivación. Realizar tareas tediosas, insulsas y que, además, reportan pocos o nulos resultados hace disminuir considerablemente la motivación profesional. Si este proceso se repite de forma habitual, los empleados acaban realizando sus encargos de forma rutinaria y pierden la capacidad de respuesta para resolver los conflictos que puedan surgir en determinadas ocasiones.

- Alteración del trabajo en equipo. La asignación inesperada de marrones implica siempre una alteración de la distribución de tareas. Si estos cambios se repiten muy a menudo y se realizan de forma arbitraria, los empleados pierden el rumbo de su trabajo y dejan de encontrar sentido a lo están haciendo.

- Aumento del estrés. Los trabajos de última hora y la falta de proyectos concretos para realizarlos hacen aumentar los niveles de estrés de los colaboradores. Según diversos psicólogos del trabajo, pequeños niveles de estrés ayudan a aumentar la productividad de los empleados, pero si el estrés laboral es muy alto aumentan los errores y disminuyen sensiblemente los resultados.

Los más proclives

Nadie está libre de tener que asumir marrones en cualquier momento, pero algunos trabajadores acaban aceptando demasiados por diferentes motivos. Éstos son los tipos de personas que más probabilidades tienen de que les toque uno:

Las personas sumisas que no defienden su territorio y aceptan humildemente cualquier trabajo.

Los becarios y trabajadores que llevan poco tiempo en la empresa y todavía no conocen bien la forma de distribuir las tareas.

Los trabajadores muy resolutivos y que están dispuestos a aceptar nuevos retos dentro de la empresa.

Las personas que se
 organizan muy bien en el trabajo y siempre parece que están menos ocupadas.

Los trepas y los ambiciosos que quieren conseguir reconocimiento y asumen más tareas de las imprescindibles para quedar bien ante sus mandos superiores.

Algunos mandos intermedios que se hacen responsables de muchos ‘marronesporque no confían en sus subordinados y no saben delegar los trabajos de cierta importancia.

Los más esquivos

En el extremo opuesto están los que saben sacudírselos mejor que nadie:

Los ‘jeta’. Son trabajadores que consideran un ‘marrón’ cualquier tarea que se salga de la rutina. No están dispuestos asumir ningún tipo de responsabilidad y se limitan a cumplir su jornada laboral.

Los asertivos. Saben marcar su territorio y rechazan los’embolaos’ sin quedar mal porque siempre tienen argumentos para rebatir y proponer a un candidato mejor.

Los ocupados. Las personas que aparentemente siempre tienen un montón de tareas y no tienen ni un minuto libre nunca son candidatos para responsabilizarse de ellos.

Los llorones. Son los que siempre van de pobrecitos haciendo creer que ellos están dispuestos a ayudar pero nunca se tragan marrones porque buscan otras tareas urgentes que tienen que acabar.

Los pelotas. Algunas personas consiguen quitarse de encima los peores trabajos haciendo la pelota. Sin embargo, esta táctica se puede volver en su contra, porque si el jefe confía demasiado en ellos puede acabar dándoles todos los marrones de última hora.

La importancia de un buen olfato

Reconocer los diferentes tipos de ‘marrones’ te ayudará a saber cómo hay que actuar en cada caso.

- Cuando el jefe es consciente de que está soltando uno, suele utilizar frases de este tipo: “mira, como en estos momentos no estás muy ocupado...”, o “necesito tu ayuda para un problema que ha surgido a última hora”, o “sé que estás muy ocupado pero tú eres el más indicado para hacer bien este trabajo”.

- Muchas veces son trabajos que han estado paralizados durante mucho tiempo y que nadie ha querido realizar hasta el momento. Es muy probable que se trate de una tarea sin unos objetivos claros, por lo que debes preguntar claramente para qué sirve y valorar si está dentro de tus competencias.

- Si el ‘marrón’ es un nuevo proyecto, te lo pueden vender como una tarea sencilla que te llevará poco tiempo acabar. Conviene preguntar antes si hay un plan de desarrollo y si tienes a tu disposición el tiempo y los medios necesarios para realizarlo.

Apúntate un tanto

Cuando no te lo puedas quitar de encima, sácales jugo.

- Si es un trabajo de cierta responsabilidad, haz notar a tus superiores que eres capaz de asumir nuevas tareas e intenta convencerles para que te asignen proyectos que sirvan para promocionarte en la empresa.

- Si no estás preparado para hacerte responsable de un nuevo proyecto, pide cursos de formación que te ayuden a completar tus conocimientos.


- Si has tenido que ampliar tu jornada laboral durante algún tiempo, intenta negociar días libres o un aumento de sueldo.


- Asumir nuevas tareas te puede dar la oportunidad de rechazar sin problemas otras que tengas asignadas y que no aporten nada.

Claves para repartir los marrones

Evita las actitudes
 autoritarias. Lo que nunca se puede hacer cuando se presentan ‘marrones’ inevitables es decir a los colaboradores que los tienen que asumir porque sí.

Sé comunicativo. Siempre hay que explicar bien a los empleados por qué ha surgido esa necesidad en esos momentos, para qué sirve esa tarea, qué se espera de ellos y cómo pueden llevarla a cabo.

Habla en plural. Hacer ver al trabajador que el marrón le ha caído a todo el equipo y no únicamente a él es una de las actitudes más positivas para evitar las caras largas. Si el ‘marrón’ afecta a una sola persona, se siente aislada y se quema, pero cuando es responsabilidad de todos y el jefe es el primero que se implica, nadie sale perjudicado.

Analiza la personalidad de cada empleado. Un buen directivo conoce a sus colaboradores y sabe qué personas tienen más autoconfianza y seguridad en sí mismas para convertir un posible marrón en un reto. En cambio, los trabajadores que no están preparados para asumir riesgos, calificarán de ‘embolado’ cualquier tarea nueva que implique un cambio.

No te dejes llevar
 por favoritismos. A menudo, las personas que se quejan constantemente de lo ocupadas que están y los ‘jetas’ que siempre plantean conflictos abiertos consiguen quitarse de encima todos los ‘marrones’ y se sobrecarga a los que nunca ponen problemas. Para evitar situaciones injustas, el jefe debe conocer bien cómo están distribuidas las tareas y adecuarlos a las responsabilidades de cada empleado.

Premia a tus colaboradores. Es conveniente motivar a los empleados con compensaciones económicas o en forma de días de libranza para que sepan que la empresa sabe reconocer su trabajo y su esfuerzo. De esta forma, se mostrarán más abiertos a cooperar en otras ocasiones.

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