11 trastornos psicológicos que podrían afectar a un emprendedor

Advertir primero que quien lo cuenta no es un psicólogo profesional, sino que lo que aquí se recoge es fruto de la observación personal de un emprendedor en serie, Sergio Montoro Ten, con una dilatada relación con startups, especialmente tecnológicas.

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El autor

En su página personal puede consultarse su currículum. Aquí puede leerse que Sergio Montoro Ten es informático, Ingeniero Certificado Microsoft, Diplomado en Marketing, Titulado en Dirección de Arte Publicitario y Master en Dirección de Recursos Humanos y Organización. Laboralmente, ha sido preventa, gerente de calidad de software, jefe de equipo de desarrollo de software, profesor, empresario e inversor profesional. Es decir, de todo menos psicólogo. Como empresario montó Knowgate, trabajo en Icontainers o Virtualstock. Colabora también en el blog de la pastilla roja, donde publicó el post Proyectos Neuróticos con todo el “miedo que me dio ofender con él a los genuinos profesionales de la psicología”, confiesa. Es de su dilatada relación con los protagonistas del ecosistema emprendedor de donde Sergio Montoro, residente en Londres, extrae la siguiente catalogación de trastornos psicológicos que, a su juicio, aquejan a veces a los emprendedores, con especial referencia a los informáticos y sus jefes, “no por ser más importantes que ningún otro, sino solo porque me resultan más familiares”. Se recogen también algunas de las soluciones que, en clave desenfadada, aventura para determinados trastornos.

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El Trastorno de Déficit de Atención de los CEO

Trasladado al entorno emprendedor, Sergio Montoro lo relaciona con el Trastorno de Función Ejecutiva. El CEO de la compañía sería la persona más afectada por él dentro de la organización. “El déficit de atención se manifiesta en que el CEO salta de una idea a otra cada día sin llegar a profundizar lo suficiente en ninguna. El trastorno de función ejecutiva consiste en que el CEO deja de hacer unas tareas esenciales en favor de otras que le gustan más y, como consecuencia, bloquea el progreso de los subordinados”.

La alteración podría equipararse a la confusión sobre el papel que debe desempeñar el CEO que según Montoro y apoyándose en la teoría, debe ser: “1) elaborar una visión, misión y valores; 2) reclutar al equipo gerencial adecuado; 3) asegurarse de que hay caja; 4) representar públicamente a la empresa.” El problema es que, en algunos casos, se limitan a las partes que les resultan más divertidas, como “tener nuevas ideas, hablar con empleados potenciales superestelares, comer con los inversores y salir en la prensa” en detrimento de otras funciones más tediosas. “Fijar prioridades es una de las funciones más importantes de los jefes, sin embargo, la moda actual de usar Agile y Kanban en equipos (teóricamente) auto-organizados a veces genera un estilo de gestión en el que se están constantemente cambiando cosas sin terminar nunca nada”, afirma.


Solución: Ponerle al CEO una secretaria ejecutiva que le organice bien la agenda y le mantenga centrado.

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El narcisismo de los desarrolladores

tribuye a los desarrolladores el orgullo como el pecado capital en el que caen con mayor frecuencia. “Puede que su engreimiento sea debido a que –según las métricas que se escojan– los ingenieros son más inteligentes que el promedio. Pero la falta de humildad no ayuda en nada al trabajo en equipo”.

Asimismo, esta debilidad afectaría con mayor virulencia a los programadores más jóvenes, “quienes han aprendido a escribir código rápidamente, pero no son conscientes de todos los entresijos y trampas que presenta un software grande y complejo”. En opinión de Montoro se les distingue porque tienden a desarrollar “soluciones sobrediseñadas, excesivamente abstractas y necesitadas de más recursos hardware de los que serían estrictamente necesarios”.


Solución: Informar a los recién llegados de que la veteranía es un rango.

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Baja Autoestima

Pese a que, a su juicio, existen jefes que procuran rodearse de personas que tienen "alta la moral y baja la autoestima pues así trabajan mucho, pero exigen poco dinero a cambio”, Montoro considera perjudicial la falta de autoestima para el desarrollo de proyectos, “especialmente cuando se da entre algún mando”.

Observa también que, “cerca del jefe con baja autoestima suele encontrarse un narcisista del grupo anterior para quien “consenso” es igual a un grupo de gente haciendo lo que él dice”. Hilando con el nuevo concepto de jefe como figura facilitadora más que persona que toma decisiones, advierte de que “el ‘facilitador’ puede ser del tipo pasivo-agresivo y, por el Síndrome de Procusto, dedicarse a eliminar sistemáticamente a todo el que sobresalga hasta que el equipo entero queda formado por gente mediocre que se escuda constantemente en el consenso para no lograr nunca nada notorio. Además, las personas con baja autoestima no se sienten orgullosas de su trabajo y, por consiguiente, producen entregables chapuceros y de mala calidad que reflejan el mal concepto que tienen de si mismas”.


Solución: Animar a los jefes más débiles a confiar en sus propias capacidades y asumir riesgos.

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Complejo de inferioridad/superioridad

Aunque los complejos de inferioridad/superioridad están ligados a los de la baja autoestima y el narcisismo, Montoro los incluye en otro apartado para poner de relieve otra actitud. “Se trata del comportamiento de las personas orientadas a demostrar alguna cosa”. De ello podría hacerse una lectura positiva pensando que son personas motivadas por el logro, “pero solo si el logro es visible externamente”, matiza. Son personas capaces, también, de atribuirse méritos que no le corresponden e incapaces de asumir su parte en culpa en caso de fracaso. “Son capaces de atribuir su falta de éxito a un factor externo o a la ausencia de oportunidades”. No es una enfermedad mental reconocida, pero advierte Montoro que muchas de estas personas pueden acabar padeciendo el Síndrome del Impostor, personas que interiormente se sienten como un fraude y que no merecen el éxito conseguido. “Por último, si fallan en su intento de obtener suficientes medallas, entonces se posicionan como autoridad moral superior cuestionando la ética de aquellos quienes les deniegan el reconocimiento que creen que se merecen”.


Solución: Dar visibilidad a todos los miembros del equipo para que ninguno quede eclipsado.

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Psicopatías

El psicópata se distingue por la ausencia total de empatía, “su insensibilidad con los sentimientos de las personas y con las normas sociales”. Según Montoro, “para ellos la vida es como un juego de ajedrez en el cual es perfectamente aceptable sacrificar peones para capturar una posición ventajosa, lo cual estaría bien de no ser porque sus peones son gente de verdad”. Los hay desde muy inteligentes hasta parásitos, pero, de todos los tipos, el “más peligroso es el psicópata-sádico que goza experimentando con las emociones de los demás como si fuesen ratas de laboratorio”.


Solución: Recomendar a las personas que antepongan sus victorias privadas a las victorias públicas.

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Ansiedad y estrés

La mayoría de las veces la ansiedad surge no con la aparición de un problema real, sino cuando mentalmente nos situamos en el peor de los escenarios posibles, como el fracaso de un proyecto. “El nivel de ansiedad es una función de las expectativas propias, los riesgos y las consecuencias indeseables imaginarias o reales. La ansiedad se desencadena normalmente cuando la persona cree que no podrán alcanzar sus objetivos, y, por consiguiente, sufrirá un castigo, o cuando ya ha hecho algo mal y teme ser descubierta y castigada por ello. En los proyectos, este stress se expresa en forma de reacciones abruptas, correos con copia a toda la cadena de mando hasta el CEO, procrastinación a la hora de abordar determinados temas y, a la postre, problemas físicos como migrañas, insomnio o infartos”.


Solución: Permitir horarios razonables compatibles con la vida personal.

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Trastorno obsesivo

“Suele aparecer en forma del hombre-metodología que vive obsesionado con los procedimientos y enloquece cuando alguien se los salta”. Desarrollar software en equipo requiere un elevado grado de disciplina grupal y a la gente le gusta la sensación de orden. Aunque todo, en exceso, puede ser malo. “Un exceso de orden puede frenar la creatividad y retrasar el proyecto con montones de tareas burocráticas que poco o ningún valor añaden al producto”.


Solución: Permitir e incluso premiar un grado razonable de fracaso e incumplimiento de objetivos, pues si siempre se cumplen todos los objetivos entonces es que el equipo está trabajando por debajo de su verdadero potencial.

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Histeria

Aunque no es una patología, la mayoría reconocemos esta alteración de ánimo como algo molesto por su capacidad para desestabilizar el orden conjunto. “Todos hemos trabajado alguna vez con esa persona que te manda un email y te llama para preguntarte si lo has leído según lo ves aparecer en tu bandeja de entrada. Y luego te llama otra vez cada 15 minutos para preguntarte si has hecho lo que te pide”.

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La paranoia gerencial

La paranoia (gerencial) consiste en creer en un entorno en permanente amenaza. “El caso es que en muchas ocasiones en efecto lo es y es por eso que multitud de jefes son paranoicos”. En ocasiones, la prevención para evadir el peligro puede ser positiva, pero, según Montoro, tiende a manifestarse más en los mandos intermedios lo cual resulta ya más perjudicial puesto que implica “que nunca aprueban ninguna iniciativa sin estar completamente seguros de que tendrá el respaldo de su superior”.

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Asperger

El Trastorno del Espectro Autista, también conocido como Síndrome de Asperger, no es una afección psicológica. No obstante, como algunos de sus síntomas se relacionan con las dificultades de interacción social y comunicación, dice Montoro que “algunos programadores que he conocido ciertamente tienen dificultades para leer las emociones de los demás. Y es necesario relacionarse con ellos en unos términos muy concretos que ellos fijan a priori”. Dice también no haber coincidido nunca con un jefe con estas características.


Solución: Aplicar el máximo grado posible de transparencia informativa.

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Adicciones

“En este grupo los más habituales son el cocainómano y el alcohólico, que con frecuencia combinan el abuso de ambas substancias. Se les reconoce usualmente por horas con picos de actividad febril seguidas de otras en las que parece que sufran narcolepsia”.

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Otros

Concluye Montoro diciendo que “el catálogo de trastornos psicológicos es, por supuesto, muchísimo más extenso que los descritos anteriormente. Hay casos de depresión, personalidad bipolar, esquizofrenia, etc. suficientemente severos como para dejar a una persona inoperante a efectos laborales”.


Solución: "Si el presupuesto lo permite, facilitar un coach a los empleados que puedan necesitarlo, o si no hay presupuesto, recomendarles que ellos mismos busquen uno si no están alcanzando resultados al nivel de sus expectativas o se sienten descontentos con la dinámica diaria en el trabajo". Este podría aplicarse también a los anteriores apartados.

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