No puedes presumir de que eres un emprendedor comprometido si luego haces todo esto

Estas son diez prácticas incompatibles con el desarrollo de una empresa con un compromiso social.

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Limitarse a cumplir con la ley

“Una empresa que se considera socialmente responsable no solo debe cumplir con los mínimos legales, sino ir más allá”, afirma Cristian Rovira en su libro Responsabilidad Social Competitiva (Empresa Activa). Cumplir con la legislación vigente es una obligación y no una voluntad de mejora, por eso no puede entenderse como práctica social el hecho de que una empresa con más de 50 trabajadores incluya en su plantilla un 2% de trabajadores que padezcan algún tipo de discapacidad porque esta es una norma que recoge la Ley General de Discapacidad. Aún así, y aunque no todas las empresas obedecen esta disposición, las que cumplen con ella deberían procurar, además de la empleabilidad, medidas de acompañamiento encaminadas a integrar social y laboralmente al colectivo en su empresa, así como sensibilizar a su personal.

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El trato con los proveedores

“Una empresa nunca llegará a ser socialmente responsable si no se compromete con su entorno, sus proveedores y sus stakeholders”. Afirma Rovira, directivo del Grupo Sifu, que un detonante de malas prácticas empresariales es alargar el pago a los proveedores más allá de lo necesario o, más grave aún, caer en el incumplimiento. “Esta filosofía va en detrimento del objetivo común que perseguimos todos los actores de la economía española, que es el de crear puestos de trabajo y ayudar a nuestros autónomos y pymes a subsistir”. 

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Pretender la evasión fiscal

“Tributar en el país donde se opera es lo mínimo exigible para una empresa y también la mejor manera de ser socialmente responsable, contribuyendo al desarrollo de una comunidad y al mantenimiento de sus políticas sociales, educativas, sanitarias…” La afirmación puede parecer básica, pero no son pocos los escándalos de empresas que mantienen filiales instaladas en paraísos fiscales para evadir o rebajar sustancialmente el pago de impuestos.

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Manipular las cuentas

Habla aquí Rovira de lo que algunos definen como la “contabilidad creativa” aludiendo a aquellas compañías que tienden a maquillar las cuentas. Pero, a la falta de transparencia económica, podrían sumarse otras actuaciones tan sospechosas como el uso de sociedades pantalla, la existencia paralela de una contabilidad B o la realización de movimientos turbios. “Este tipo de practicas ya no solo contravienen lo considerado socialmente responsable, sino que también transgreden lo permitido en el mundo de la empresa”, advierte.

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Perpetuar el techo de cristal

Con esto se refiere Cristian Rovira a la creación de barreras que obstaculizan la promoción interna de la empresa en igualdad de condiciones. En este sentido denuncia la falta de tolerancia a la diversidad o la burla a la equidad de género, en detrimento de las mujeres. “Esta es una asignatura pendiente para muchas de nuestras compañías que han seguido permitiendo que las cúpulas directivas queden copadas por el género masculino sin que mujeres igualmente competentes hayan tenido oportunidad de acceder por sus propios méritos”.

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Contribuir a la brecha salarial

Pero, además de restringir el acceso femenino a puestos de responsabilidad, hay empresas que menoscaban, por principio, la profesionalidad de las mujeres aplicando “la discriminación salarial por género”, al sustentar notables diferencias de sueldo por el desempeño de un trabajo similar. Una traba que no se limita al periodo de la vida laboral activa dado que repercute, también, cuando se alcanza la jubilación. Acusa también Rovira la brecha salarial tan pronunciada en algunas compañías entre cargos directivos, mandos intermedios y el resto de los trabajadores. “Una brecha salarial que contribuye a generar grandes desigualdades dentro de las compañías y que van en contra de una política retributiva justa y equilibrada”.

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Favorecer las puertas giratorias

En España hay muchos y muy conocidos ejemplos de personalidades que, aprovechando el desempeño anterior de un alto cargo político, han pasado después a formar parte de los Consejos de Administración de grandes corporaciones. “Que las empresas se presten a este tipo de juegos produciendo conflictos de interés entre el ámbito público y privado en beneficio propio, debería ser algo totalmente prohibido para aquellas que pretendan considerarse éticamente correctas”.

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Negarse a la mejora de las condiciones laborales

Es otra de las prácticas incompatibles y sujetas a debate permanente. Se refiere Rovira a actuaciones como negarse a promover dinámicas de trabajo que favorezcan la conciliación familiar o eludan el horario flexible en aquellos casos en los que podría aplicarse. Pero además de jornadas laborales rígidas y excesivas, muy reprobables le parecen también aquellas empresas que se aprovechan de la explotación laboral infantil, las que no procuran una vida digna a los empleados con los salarios que perciben o las que descuidan de manera sistemática las instalaciones del puesto de trabajo. “Todas estas prácticas son más comunes y extendidas de lo que pensamos y, por supuesto, totalmente incompatibles con una estrategia de transparencia y RSE”.

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Ir en contra de los propios valores

Algunas malas decisiones pueden derivar en la adopción de medidas empresariales contrarias a lo propugnan como imagen de marca. Ejemplos hay muchos, aunque Rovira recurre al de muchas compañías energéticas que dicen favorecer “el consumo responsable, sostenible y limpio” y, al mismo tiempo, presionan para que los Gobiernos apliquen impuestos sobre al autoconsumo de energías alternativas. “El haber sido deshonesto con los clientes y con el conjunto de la sociedad, apareciendo ante la opinión pública como simples estafadores, es algo que tiene difícil arreglo, pues no toleramos bien el engaño y, menos, descubrir prácticas que nada tienen que ver con la tan nombrada Responsabilidad Social Empresarial”.

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La corrupción

Casos tan conocidos como el pago o el cobro de comisiones con el propósito de sobornar o extorsionar son, además de ilegales, contrarias a la ética y despreciables en cualquier organización empresarial responsable. Señala Rovira que la corrupción se ha convertido en uno de los grandes problemas del siglo XXI tanto en España como a escala global. Esta es la razón por la cual el Pacto Mundial incluye ya en su décimo punto “la obligación de las empresas firmantes de combatir la corrupción en todas sus formas, incluidas la extorsión y el soborno”, ya que distorsiona la competencia justa entre empresas y perpetúa la pobreza.

Premio a la Pyme con Responsabilidad Social Corporativa
Si, tras concluir la lectura de este artículo, te has sentido identificado con la denuncia de las prácticas que esgrime Cristian Rovira es muy posible que la tuya sea una empresa alineada a los valores de la RSE. Si crees que ese es tu caso, te invitamos a participar en el premio de la revista emprendedores de este año a la pyme con responsabilidad social corporativa que patrocina, un año más, la ONG Educo.

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