Miedo, ansiedad… El éxito depende de que sepas gestionar bien tus emociones

Vivimos tiempos convulsos. La gran mayoría no había vivido en sus carnes una crisis de la envergadura de la generada por el COVID-19. Para esto, no estábamos preparados. Ahora toca aprender de lo vivido y reinventarse. Debes recargar las pilas. ¿Cómo? Sigue leyendo

Gestión emocional

Miedo, incredulidad, desconcierto, ansiedad, estrés, fatiga, frustración… La lista se podría hacer interminable si anotásemos en un papel el abanico de sentimientos y emociones por las que hemos pasado la mayoría de mortales durante esta pandemia (que, aún hoy, continúa). Pero esto no va de regocijarnos en todo lo negativo que nos ha traído la primera gran crisis mundial del siglo XXI, sino de todo lo contrario: de crecernos ante la adversidad para salir fortalecidos. 

Y ese camino comienza pensando en que con la vacunación masiva se vislumbra la luz al final del túnel, o al menos, la esperanza de que la rueda comienza de nuevo a girar y a coger, poco a poco, velocidad… Ahora llega el verano y es el momento de recargar las pilas y coger fuerzas para ‘empezar’ de nuevo en septiembre. 

Lecciones de vida

A no ser que hayas sufrido un conflicto armado o una postguerra, lo que hemos vivido en este último año y medio, es difícil de asimilar y de asumir. La pandemia mundial nos ha dado muchas lecciones de vida y una de ellas ha sido no saber cómo gestionar las emociones

Josepe García, director y fundador de Excellence Research Institute y de Instituto Impact, afirma que, para gestionar las emociones, “la clave está en poner la mirada en el problema o en la oportunidad”. Según este experto, los emprendedores poseen un gen que marca la diferencia: “Para ser un emprendedor profesional, la mirada debemos tenerla entrenada en la oportunidad. Eso significa que donde todo el resto ve un problema, los emprendedores ven una oportunidad”. Ese es el primer paso. 

Y en todo esto influye mucho el miedo, el miedo a que ocurran cosas, el miedo a lo desconocido… García sostiene que existen dos tipos de miedo. “Uno es el natural, ante una amenaza real. Por ejemplo, me ataca un perro y yo me defiendo o huyo por miedo. Y otro es el miedo psicológico, la ansiedad, generado, principalmente, por la imaginación. Y ahí me imagino el peor de los escenarios. El famoso y si… Somos la única raza en la Tierra capaz de anticipar una úlcera…”. Por eso, la solución pasa por ‘aceptar’ el miedo natural como defensa (o alerta) frente a los peligros reales, y vencer el miedo psicológico racionalizando las situaciones con datos e información. 

Oportunidad para crecer

Mirando en otras épocas de su vida, Ignacio Isusi, coach ontológico empresarial, considera que la situación generada por la pandemia representa auténticas oportunidades. “Hay quien dice que es mudar la piel. La humanidad en esta época contemporánea ha venido dando dolorosamente la espalda a todo lo que tiene que ver con la vida interior, especialmente en el mundo de la empresa y, sobre todo, en Estados Unidos, donde se vive con gran ferocidad y donde el dinero manda, las emociones se dejan en casa, al trabajo se viene llorado… El ser humano se ha olvidado que es una máquina provista de cuerpo, mente y espíritu. Y seguramente ha habido una gran obsesión por trabajar esa dimensión más corporal, con el culto al cuerpo y estar joven y no tanto en la dimensión espiritual y mental, la gran olvidada”. 

En opinión de este experto, desde las propias empresas ha faltado generar espacios para trabajar la parte más humana. “Somos un robot y el ser humano desconoce mucho de la maquinaria que constituye su propio cuerpo. Y sería bien bonito que desde el colegio nos enseñaran algunas nociones básicas para poder gestionar esta máquina que tenemos. Hay muchas cosas que desconocemos sobre qué podemos hacer para poder gestionar nuestras emociones”. 

Para Isusi, la pandemia ha venido a animarnos a todos a reflexionar sobre lo importante que son cosas sencillas que muchos habían pasado por alto como la proximidad, la capacidad de socializar, el estar juntos, el poder abrazarse… “Nos ha venido a demostrar también lo efímero de la vida y que hay que vivirla apasionadamente, sin reservas, pero también con una mirada bien distinta a como lo veníamos haciendo. Está cobrando un peso esencial el transitar por la naturaleza, el estar en contacto con lo de antes, con lo sencillo. Habíamos llenado nuestras vidas de cosas y vivíamos en una frenética velocidad sin un rumbo muy fijo, perdiéndonos el presente. La pandemia ha contribuido a que realmente volvamos al contacto humano, a la cercanía. La importancia de la emoción va a estar en el lugar que le corresponde. Hasta la fecha era un tema asociado a la debilidad, como que no era de nuestro tiempo. Por eso, será importante aprender a tener un balance en la salud: cuerpo, mente y espíritu y cuidar esas tres partes. Cuando lo humano va bien, lo profesional va de cine”. 

Dejar de hacer

García sostiene que una de las decisiones más socorridas tras una crisis [en este caso, una gran crisis] es pensar qué voy a hacer ‘de nuevo’. Pero, “la clave está en qué hay que ‘dejar de hacer’ para cambiarlo por ‘lo nuevo’. Porque, para que entre ‘lo nuevo’, primero hay que eliminar ‘lo viejo’, lo que no funciona, lo que no ha funcionado. Tenemos que echar un vistazo a qué ha pasado. Y todo eso está vinculado al apego a nuestras viejas maneras de hacer. El mundo ha cambiado. Las cosas no van a volver a ser como antes. El que crea que sí, está perdido, porque no va a ser igual. Estamos apegados a lo conocido y mucha gente anhela volver a la normalidad. Volverá otra cosa, pero la normalidad, entendida como antes, ya ha pasado y no volverá”. 

Este experto recuerda una frase que una vez oyó: La crisis solo existe para aquellos que no se adaptan a las nuevas reglas de juego. Y ese ‘renacer’ comienza por dejar de hacer las cosas que no funcionaron y pensar en nuevas propuestas que nos permitan adaptarnos a la nueva situación. 

“En septiembre tenemos que hacer un ejercicio de valentía en cuanto a pensar qué debo dejar de hacer. En mi caso -explica García-, tengo una empresa de entrenamiento experiencial. Somos una escuela de oratoria de alto impacto para empresarios y todo, hasta la llegada de la pandemia, estaba basado en el negocio presencial. En marzo de 2020, con el confinamiento, la caída fue importante. Perdimos mucho dinero entre mayo y junio de ese año. ¿Qué hicimos? Llevábamos remoloneando con el modelo online tres años, y nos pusimos a ello sin más dilaciones. A día de hoy, cerramos con más beneficios 2020 que 2019, pese a la caída gigante de ventas de los primeros cuatro meses posteriores a la pandemia, porque tuvimos que cancelar todos nuestros cursos presenciales”. 

Es, en esos momentos, cuando hay que sacar cintura. Frente a esas situaciones, García recomienda seguir ‘el principio de base cero’ o el de ‘despido del director general’: “Normalmente, los empresarios somos el principal cuello de botella de nuestras propias organizaciones, porque estamos apegados a cómo hay que hacer las cosas. Nos cuesta delegar, porque quién mejor que nosotros lo va a hacer…, y además llevamos muchos años al frente de nuestras organizaciones y sabemos cómo hay que hacer las cosas. Y somos los más reacios a innovar, porque estamos atados a hacer las cosas de una manera recurrente de toda la vida. Ahora, que la pandemia ha sido un gran zasca que nos ha obligado a movernos de nuestros asientos, debemos activarnos”. 

Ese ‘principio de base cero’ o de ‘despido del director general’ “viene a decir, por ejemplo, en mi caso, que tengo 52 años, que, aunque no lo crea, puedo ser un lastre para la empresa y, tal vez, la mejor solución sea la de contratar un director general que aporte sangre nueva con una visión fresca a la organización. Lo que quiero decir con ese principio es que, si contratara a un nuevo director general joven, ¿qué haría distinto a mí? Y con total seguridad, haría un montón de cosas distintas”. 

Pero, como muchas empresas no tienen (o no pueden) la posibilidad de contratar a un nuevo director general, “la clave estaría en que yo me debería convertir en ese nuevo director general, aquel que se atreve a hacer cosas nuevas. ¿Tenemos la garantía de que funcione? No, pero lo que sí es cierto es que, si no nos adaptamos a las nuevas circunstancias, vamos a sufrir mucho. Ese ‘principio de base cero’ viene a decir, en términos generales, que ha caído una bomba, lo ha dejado todo como un solar, y si tengo que reconstruir mi negocio, debería pensar en qué haría distinto”, aconseja García. 

Desactivar las barreras

¿Y qué se puede hacer? Lo primero es desactivar tus barreras, porque -sostiene García- “el quid de la cuestión está en la mente del empresario. El cómo deben ser las cosas está en la cultura de la empresa. El primero que tiene que coger las riendas de modificar esos apegos que tiene es el empresario. Ya no puede ser como antes, tiene que ser de otra forma. Y en ese sentido, el análisis y la reflexión deben pasar por ¿qué dejamos de hacer? y ¿qué vamos a hacer diferente?”. 

El segundo paso es cómo ‘vender’ ese cambio de mentalidad a tu equipo. “Ese proceso ya lo viví -confiesa García-. En 2016, casi quiebro por pensar demasiado en grande. Los cambios que había que hacer dentro de la cultura de mi empresa eran tan grandes que el equipo acabó reduciéndose a dos de los diez que éramos. Teníamos un proyecto para facturar 65 millones en cuatro años y tener campus en cuatro continentes. Pensar en grande no es un problema; el problema estaba en que los cambios culturales que había que hacer de eficiencia empresarial, de medición de ratios, de sistematización, etc., para alcanzar esos objetivos eran inviables en una organización que estaba entonces acostumbrada a un modo de hacer más artesanal. Por eso, entiendo lo que sucede cuando al equipo no les haces ver cómo hay que asumir esos cambios. Y para que los equipos quieran asumirlo, el trabajo del empresario es focalizarse en explicar todo lo que ganará la empresa y no en lo que va a perder. Ese es otro de los miedos. Recuerdo lo que decía mi maestra Joaquina Fernández: ¡Cuándo vais a dejar de fijaros en lo que perdéis y empezar a poner el foco en lo que ganáis! Porque si pones continuamente el foco en lo que pierdes, nunca te atreverás a tomar decisiones”. 

OK. Ya tenemos claro lo que queremos hacer, pero ¿cómo levantamos el ánimo a nuestros equipos para innovar? 

¿Cómo animar al equipo?

Lo primero es ser honesto con lo que hay. “Por eso, debemos hacer un ejercicio para analizar cómo ha cambiado la situación y cómo eso ha afectado a la empresa. Y eso implica confiar en el equipo: Esto es lo que hay y si queremos seguir en el mercado, hay que mover pieza. Si el empresario es muy paternalista, ese proceso costará más, porque querrá proteger al equipo y si, por el contrario, es más autoritario, tomará la decisión él solo de que las cosas se harán a partir de ese momento de otra forma sin comunicar la nueva situación. Para liderar, primero, hay que confiar”, recomienda García. 

Como este reportaje va de discursos positivos, el mensaje a transmitir al equipo sería algo parecido a Esto es lo que hay y así estamos. Si seguimos haciendo esto así, las posibilidades de que nos mantengamos en el mercado con éxito a medio y largo plazo son escasas, porque hay otras empresas que están haciendo cosas distintas, adaptándose a lo que hay y nosotros, no. “Y también la opción de transmitirlo como una oportunidad de reinventarnos, de crecer, de hacer cosas distintas. Y eso siempre lo vinculo al crecimiento personal de cada uno de los miembros del equipo, partiendo de la experiencia que ya tienen (porque han vivido y salido de la crisis de 2009), y ya saben cómo afrontar una nueva crisis de mercado, porque lo que hacen las crisis es filtrar y tumbar a los que no están preparados y los que han llegado hasta aquí, ya cuentan con esa base para pensar qué van a hacer a partir de ahora”. 

La clave, según este experto, está en cómo convertimos ese ‘tirar hacia delante’ en una oportunidad para ‘salirnos del mapa’. “Y para esto, el equipo debe valorar si quiere sufrir en este camino o aprovechar esos cambios en modo viajero, disfrutando, en la medida de lo posible. Lo recomendable es optar por la segunda, porque se presenta como una oportunidad de aprendizaje, de desarrollo y crecimiento personal… Me gusta una frase que oí una vez que dice que No son los acontecimientos que te pasan, sino la persona en la que te conviertes. Y para el equipo es positivo transmitir ¿en qué personas nos están facilitando convertirnos estas nuevas circunstancias? Esa es una oportunidad enorme de crecer personalmente”. 

Remar todos juntos

Además, este experto recomienda que el equipo esté dedicado plenamente en esta aventura. “Hay que pedir la cooperación en cuanto a ideas y propuestas al equipo. Ante situaciones de incertidumbre de este tipo en las que no se sabe qué pasará, el empresario, como humano, tiene su creatividad limitada y puede que en su organización haya personas que aporten las claves necesarias”. 

García aconseja que el empresario transmita ilusión, “que es la palabra clave, y esperanza. Y tampoco debe esconder que la situación pueda ser difícil al principio, pero que es una enorme oportunidad y que todas las historias de las grandes empresas que han crecido y se han convertido en referentes se han sometido a circunstancias adversas y han salido adelante porque han sabido adaptarse e innovar. Y los líderes de las organizaciones también han sabido implicar a los equipos, porque sin ellos no habrá innovación posible”. 

Para este experto, todo se circunscribe a la mentalidad y al corazón del empresario, “es decir, al trabajo interior que debe hacer un empresario para inspirar desde el ejemplo. Y si quiero transmitir confianza y seguridad al equipo, lo primero que tengo que hacer es focalizarme en qué oportunidades se abren y qué cosas debo dejar atrás de maneras de hacer, de pensar, que ya no valen, ya no son útiles en el contexto en el que nos movemos. Si no hacemos eso, no conseguiremos un cambio transformador y duradero. El quid es ser valiente y cambiar de mentalidad”. 

Miedo a la incertidumbre

Alana Rincón, psicóloga y directora digital & people de Nexian, recuerda que la pandemia nos ha hecho volver a sentir todos los miedos clásicos. “A los que más hemos hecho frente han sido a la enfermedad y a la muerte. Son los más evidentes. Pero derivados de esos, han venido otros como el riesgo a perder el trabajo, el desconocimiento a qué va a pasar con mi futuro, etc. Todo esto nos lleva a una situación de alarma, de alerta y de miedo constante”. 

A nivel de rendimiento, no estamos rindiendo posiblemente igual, pese a un sobresfuerzo que se está haciendo a nivel global. “Podemos pensar que la vacunación es una primera solución, pero que solo hace frente a uno solo de esos miedos, como es coger la enfermedad y contagiarse, pero debemos buscar más respuestas a los otros miedos como la incertidumbre, el riesgo, la amenaza… Y para eso no tenemos vacuna”, asegura. 

¿Qué podría ser vacuna para ello?, se pregunta esta experta: Primero, “herramientas que ayuden a las personas a encontrar espacios para poder hablar de ello, para normalizarlo, para aceptar que después de un tiempo sin tener contacto con mis compañeros, sienta incertidumbre hacia qué va a pasar. Es normal que viendo empresas del sector o alguien, habiendo atravesado un ERTE, tenga miedo e incertidumbre. Y después de hablarlo y meditarlo, hacer un trabajo personal de identificar qué certezas tiene cada persona y sacar la parte positiva de esa evolución. Por ejemplo, un trabajador que siempre ha encontrado trabajo, o un emprendedor que ha sabido mantener a la compañía reduciendo gastos e implementando innovación cuando ha sido necesario, o un teletrabajador que no dominaba las competencias digitales y ahora ha aprendido a gestionarlo…, apoyarse en esas primeras certezas. Y a partir de ahí, construir nuevas competencias, nuevas realidades dentro de nuestro contexto más cercano. Por ejemplo, llega el verano y voy a descansar unos días, o voy a buscar un trabajo temporal de verano o voy a estudiar para formarme en tal materia… Que sea proactivo para que alcanzar esas certezas”. 

Rincón resume este proceso en tres puntos: 1. Hacer una reflexión sobre qué ha pasado. 2. Qué certezas puedo tener. 3. Qué compromisos o propósitos me quiero marcar a medio plazo para encontrar cada uno su propio hueco en la organización.

Rafael San Román, psicólogo de ifeel, considera que lo desconocido tiende a resultar amenazante, a generar miedo, a estresar, “porque no tienes elementos para interpretarlo. Pero la incertidumbre, dependiendo de factores, también la puedes gestionar por el plano de la esperanza, la ilusión, la imaginación, el recrearte en la planificación: ¿Cómo lo vas a hacer a partir de ahora?, ¿cómo vas a aprovechar el aprendizaje que has acumulado durante estos meses? Ahora es el momento (el que tenga la oportunidad) de la esperanza y el optimismo. La situación es más favorable que en junio del año pasado, por ejemplo. Ahora hay razones sobradas para tener esperanza. Es un buen momento para hacer cosas nuevas”. 

García recuerda que lo que más le ha valido para salir adelante es preguntarse ¿para qué estamos aquí, ¿para qué estamos emprendiendo? “Y eso siempre está vinculado a la misión personal y a la de nuestra empresa. ¿Qué contribución a la gente y al mundo estamos haciendo? Cuando te enfrentas a situaciones adversas, viene muy bien pensar primero en la vocación de servicio, porque eso da una enorme energía para seguir hacia adelante, a diferencia de cuando te sumerges en el miedo y en la incertidumbre, la energía desciende”. Y en segundo lugar, “debes reflexionar interiormente sobre qué estoy haciendo y qué quiero hacer, porque eso es lo que marcará nuestras vidas. Las emociones se generan a través de los pensamientos que tenemos en la mente, que en la mayoría de los casos son pensamientos automáticos y cuando ponemos conciencia en esos pensamientos vemos si son positivos o negativos. Y es, entonces, cuando es necesario cambiar la historia para que las cosas cambien. Porque si piensas y le cuentas a tu equipo que esto es un drama y lo vamos a pasar mal, pues se convertirá en un drama y lo pasaremos mal. Lo importante no es solo que el empresario haga ese ejercicio, sino que, además, enseñe a su equipo a hacerlo también. Mi equipo tiene claro el principio de autonomía personal para no ser un lastre para la empresa”, subraya García. 

Fuera de cobertura

¿Y si optamos por aislarnos de todo para desconectar durante unos días para después ponernos a ‘producir’? 

Para San Román, depende… “Cada persona debe plantearse qué necesita a nivel personal en ese momento: ¿Cómo es mi manera de tomar decisiones? ¿Necesito aislarme para decidir qué hacer? ¿Necesito estar muy conectado? ¿Necesito tiempo? ¿Soy rápido en la toma de decisiones? ¿Soy impulsivo?… En definitiva, es ¿qué necesito para aclarar mi decisión?, en caso de que tenga dudas, y para poder discernir con qué decisión estoy más cómodo. Y también, ¿qué necesita la decisión o el proyecto o la tarea? Porque igual estás bloqueado o necesitas más tiempo. Analiza y valora qué te hace falta a ti y qué le hace falta a la idea que estás manejando. Y si te pones a decidir, ponerse a ello. Para decidir, pregúntate: ¿Necesitas consultar con otros? ¿Necesitas no pensar en nada, desconectar totalmente y que instintivamente te venga la inspiración? ¿Necesitas ‘recocerte’ en el tema?”.

Para García, por ejemplo, es fundamental desconectar de todo. “En mi caso, cada año, en enero me voy a un monasterio cinco días yo solo (al de Leyre, en Navarra, o al de Silos, en Burgos, porque me gusta escuchar gregoriano) para preparar el año. Y entre mayo y junio, me suelo ir otros 5-6 días al Camino de Santiago yo solo. Lo que facilita tomarse ese respiro es claridad. Tomas distancia y empiezas a ver cosas que no habías visto, porque en el día a día tienes la realidad pegada a la nariz. Cuando te tomas ese tiempo para uno mismo, es bueno. No pienses en el negocio. Hay que dejar espacio, distancia, tiempo para que se ‘descarguen’ las actualizaciones de tu mente. Estoy tan sintonizado con mi día a día que he dejado de saber que se pueden hacer las cosas de muchas otras formas. Y eso solo se logra si tomas distancia. Hay que alejarse de lo cotidiano. Y olvídate, porque el negocio y la gente que te rodea te lo va a agradecer, ya que vas a conseguir más serenidad y tranquilidad. Vas a conseguir una visión más amplia”, recomienda este experto. 

Diego Pascucci, coach transpersonal y fundador del gimnasio de desarrollo personal para emprendedores, recomienda también tomarse tiempo para uno mismo. “Sentir qué quieres hacer y hacerlo. Pregúntate ¿cómo puedes alimentar tu corazón? Es la parte emocional de todo esto. Es cómo puedo alimentarme y enriquecerme emocionalmente, porque eso es lo que te va a cargar las pilas. Y eso tiene que ver con estar con tus seres queridos, con estar contigo mismo, con dedicarle tiempo a pensar qué quieres hacer con tu vida, y buscar una causa que te llene el alma, y que cuando te plantees trabajar en algo, salga o no bien, consigas más o menos cosas, haga que tu vida tenga sentido, avance más o menos. Tener algo que haga que tu vida tenga sentido es cargar las pilas”. 

¿Cuál es tu propósito?

Pascucci recomienda el libro El hombre en busca de sentido, de Viktor E. Frankl: “Cuando alguien tiene un ‘para qué luchar’ encuentra el ‘cómo’. Y uno tiene que tener una causa, un propósito de vida que te llene. Que trabajes en un proyecto y seas capaz de aportar un bienestar a otros, te hará sentirte feliz. Y no perder de vista eso, porque si no las cosas que dan sentido a cómo actuamos en base a nuestros valores vamos como un velero sin rumbo. Cuando uno tiene un faro hacia dónde ir, es más fácil recuperarse a uno mismo”. Pascucci recomienda también premiarnos por lo que hayamos conseguido: “Es importante ver un retorno emocional de lo que haces. Premiarte el esfuerzo. Uno se tiene que dar un capricho en la medida de sus posibilidades”. 

En el gimnasio virtual de Pascucci, entrenan el músculo emprendedor. “Es un ejercicio con el que te preparas para tener constancia, motivación, para superar la adversidad, para luchar por lo que te hace feliz… Una de las cosas que entrenamos es descubrir esas ‘vocecitas’ internas (un shock perfeccionista, un shock boicoteador, un shock soñador…) que tenemos y que hacen que, a veces, tengamos conflictos y bloqueos. Para rendir al máximo, tienes que ver qué parte de ti te ayuda más a superar esa incertidumbre y cuál es la que te equilibra”. 

Este experto también aconseja aprender a priorizar para saber dónde poner el foco. “Por ejemplo, el perfeccionista que quiere hacer todo a la vez llega un momento en el que se ve desbordado y no puede hacer nada. O aquel que tiene ideas de negocio, pasa el tiempo y no lo hace porque posterga. Es importante aprender a concretar. Debes averiguar qué te está frenando y ver cómo lo han solucionado otros. Es importante hacer aterrizar los sueños, pasándolos a objetivos y haciéndolos realidad, porque en cuanto antes los materialices, antes los disfrutarás”. 

Tiempo para aburrirse

Isusi defiende los tiempos de silencio. “Recomiendo Biografía del silencio: Breve ensayo sobre meditación, de Pablo D’Ors. Es muy importante escucharse uno mismo y crecer, no solo como emprendedor, sino como persona. A veces, el emprendedor está enfrascado en su día a día queriendo cumplir sus objetivos de negocio, pero se olvida de algo tan obvio como el descanso y el saber cómo descansar para desconectar, para cargar esas pilas. Y esas pilas se cargan con un ocio sano y saludable, con la naturaleza, con el deporte, con el silencio, con el paseo… Ahora se están poniendo muy de moda las reuniones a la vez que se pasea. Yo lo hago desde hace tiempo con directivos. Es sensacional porque el caminar templa la emoción. En ese ocio silencioso y sereno, la creatividad se despierta. El emprendedor necesita, incluso, encontrar espacios de aburrimiento para poder transformar ese aburrimiento en algo valioso que normalmente son ideas interesantes. Se necesita ese reposo para poder crear y generar. Un descanso activo supone encontrarse con tu solitaria soledad”. 

Algunas claves para acertar con la vuelta al trabajo

Empezar con mucho optimismo. Es la mejor forma de volver a la actividad. Bernat Farrero, CRO y cofundador de Factorial, recomienda implantar actividades de team building [trabajo en equipo] para cohesionar a los equipos después de tanto tiempo teletrabajando y funcionando en remoto. También realizar climate survey [encuestas de ambiente] para escuchar a los equipos y obtener feedback, “porque seguro que han surgido nuevas necesidades a las que tenemos que prestar atención”. Además se debe establecer un sistema mixto de teletrabajo y trabajo en oficinas. “Para los equipos que siguen teletrabajando, es importante realizar actividades remotas de team building, sin olvidar las necesidades sociales de estos empleados”. Comunicar, comunicar y comunicar. “La empresa tiene que ser honesta y transparente con sus equipos, para que los empleados no se sientan perdidos y se consideren parte intrínseca de la empresa”. Farrero recomienda enfatizar la empatía, “preguntando continuamente, validando el bienestar emocional y mental, realizando preguntas abiertas y prestando atención a la situación personal de cada trabajador. Es importante transmitir apoyo y sentimiento de pertenencia, más allá de la productividad y los resultados”. 

Implanta un programa de bienestar. Los programas de bienestar son efectivos tanto a nivel físico y emocional como financiero y social. Según la consultora Willis Towers Watson, un 43% de las empresas asegura que sus iniciativas han animado a los empleados a participar en actividades de estilo de vida saludable; un 32%, que han sido de gran ayuda para formar empleados resilientes, y un 57% asegura que han sido clave para crear entre los empleados un sentido de comunidad y pertenencia a la compañía. Esta alta efectividad se asocia también con una mayor productividad de los empleados, con mejoras de entre 8 y 28 puntos porcentuales. Estos programas deben integrar la inclusión y diversidad en los valores y la cultura de la organización; incorporar la salud y el bienestar en la propuesta de valor; considerar la seguridad psicológica como parte fundamental de la misión y los objetivos de la organización, y destacar historias y momentos importantes de los empleados. 

El valor del salario emocional. Cada vez más, en un contexto como el actual, los empleados les piden a las empresas beneficios adicionales a los que se habían planteado hasta la fecha. “En momentos de contención salarial como el actual, los trabajadores valoran los beneficios sociales que les ofrecen las compañías y que pueden constituir un factor diferencial a la hora de atraer y retener talento”, sostienen desde la plataforma TherapyChat. “Es aquí donde aparece el concepto de salario emocional que se refiere a una serie de retribuciones, más allá de las monetarias, que las empresas ofrecen para mejorar la calidad de vida de sus empleados, ofreciéndoles motivación adicional que suele traducirse en compromiso con los objetivos de la compañía”. Como afirma Aída Rubio, de TherapyChat, “el mayor valor de las empresas es su capital humano, por lo que no cuidarlo repercute en términos de productividad y eficiencia. Un trabajador feliz y que se siente cuidado es más productivo, más creativo, con mayor capacidad resolutiva y más asertiva con sus compañeros”. 

Flexibiliza y diseña un plan de regreso. Para Rocío de José Rincón, CEO de Idiena, es importante planificar la vuelta y los posibles escenarios, pero con flexibilidad. “Ten un plan de regreso, pero sabiendo que, aunque la situación sanitaria va mejorando, el futuro sigue siendo incierto y no podemos controlar todas las variables”, sostiene De José. Y eso, sin perder la ilusión. “El optimismo y la visión positiva de las situaciones hacen que nos predispongamos a aceptar mejor los cambios, los vaivenes, las posibles dificultades que tengamos, y también a disfrutar más y mejor de todos los logros que vamos alcanzando”. Esta experta recomienda darse algún capricho, “aunque parezca pequeño, como recompensa a tu esfuerzo diario. Puede ser tomarte un helado, un rato de lectura tranquilo, una cerveza bien fría en la playa… Aplica en ti mismo estos refuerzos positivos. En el momento obtienes una gratificación, y en un plano más profundo, asientas mejor la capacidad de trabajo, el esfuerzo y la constancia que te han llevado a merecer estos premios”.

De José recomienda también aprender a centrar tu atención en lo que estás haciendo en cada momento, sin dispersarte haciendo mil cosas. Céntrate en lo que tienes entre manos y disfruta de cada momento” 

La búsqueda de un entorno saludable La pandemia ha potenciado, entre otras cosas, el aumento del teletrabajo. La vuelta a la ‘nueva normalidad’ implicará, con total seguridad, un mix entre el trabajo presencial y el online. En ese sentido, son cada vez más las empresas que buscan una nueva localización. Según la consultora Steelcase, el 80% de las empresas que buscan una nueva localización, buscan espacios que favorezcan el contacto con el entorno natural y permitan practicar deporte al aire libre. 

“La pandemia ha cambiado muchos comportamientos, incrementando la preocupación por la salud y la sostenibilidad. La clave a la hora de seleccionar un edificio en estos momentos es buscar espacios que favorezcan la flexibilidad, anteponiendo siempre el bienestar físico, cognitivo y emocional de los trabajadores”, señala Alejandro Pociña, presidente de Steelcase Iberia. Así, la clave está en espacios de trabajo híbridos, flexibles y dinámicos: “Espacios que hagan fluir la colaboración y que satisfagan las necesidades de todos. Esto permitirá crear experiencias de trabajo que repercutan de manera positiva en la productividad”.