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IKEA pone en marcha una gran revolución circular

Con el objetivo de conseguir un impacto positivo en el clima en 2030, ha diseñado un ambicioso movimiento para impulsar la sostenibilidad en la vida diaria que incluye servicios como la recompra de los muebles usados a sus clientes

IKEA está transformando su cadena de valor para pasar de un negocio lineal a otro circular. Pero la gran novedad es que el concepto circular con el que trabaja no se limita a su propia actividad, sino que aspira a llevarlo a la forma en la que sus clientes utilizan sus productos y servicios. Significa, por ejemplo, que todos sus productos se diseñan pensando en que sean reutilizables y se puedan reparar, revender o reciclar. Y en un paso más allá, facilitar que quienes consumen sus productos (en los que se apuesta por materiales renovables y reciclados además de una oferta de alimentos más sanos y sostenibles) sean también más sostenibles en el día a día desde sus propios hogares, reduciendo sus residuos, utilizando menos agua y energía e impulsando que esa energía sea más limpia.

En definitiva, entienden su responsabilidad como empresa más allá de la producción y la venta y se han propuesto involucrar al mayor número de personas –clientes, colaboradores, proveedores e incluso a otras empresas– para hacer del consumo de muebles, artículos para el hogar y alimentación un acto 100% sostenible para el Planeta.

Sostenibilidad 360 grados

Como líder de este movimiento, IKEA ha desarrollado más de 3.700 soluciones para reducir su huella ambiental. Empezando por el diseño de sus productos, que siempre se hace buscando una combinación de forma, función, calidad, sostenibilidad y buen precio que han bautizado como diseño democrático. A partir de la pregunta “¿hay una forma mejor?”, se obligan a buscar constantemente una mejor combinación de esos elementos y, cuando la encuentran, no dudan en rediseñar la producción de un producto para que sea más sostenible.

Además, para 2030 la compañía fabricará el 100% de sus nuevos productos con materiales reciclados o renovables y reducirá su huella total en un 70% de media por producto. Es decir, reducirá el impacto tanto en el diseño de sus productos, como en lo que respecta a las personas que trabajan con y para ellos, así como en la producción, en el transporte y en la venta. El objetivo final es transformar la forma de trabajar de la industria de los muebles haciendo un modelo circular que sea accesible y asequible, para llegar así a muchas más personas.

El papel clave de los materiales  naturales

La elección de los materiales es un clásico para cualquier empresa que aspire a ser más sostenible. Pero cuando se trata de un fabricante de muebles y por extensión una empresa que hace un uso intensivo de la madera, el compromiso de generar un impacto positivo en el planeta es todo un reto. Ellos lo han resuelto siguiendo dos vías: una, la de la innovación, buscando materiales sostenibles, reciclados o reciclables como alternativa a la madera o para evitar su desperdicio. Y dos, vigilando que sus proveedores de madera sean sostenibles.

Materiales innovadores. La compañía sueca está apostando por materiales como el bambú, una de las plantas de más rápido crecimiento en el mundo, duradera, fuerte y resistente a la humedad y de la que se aprovechan todas sus partes. También partes de plantas que se desechan en otros procesos productivos como sucede con el tallo de la palmera de nipa. Estas ramas se utilizan en el sureste asiático para construir tejados y el tallo se desprecia. Lo mismo que sucede con fibras naturales como el jacinto de agua, el corcho, las fibras de banano y el ratán, cada día más presentes en la cadena comercial de IKEA. Fibras naturales y renovables que convierten los productos con los que se fabrican en piezas únicas y con las que están dando trabajo a comunidades de tejedores y artesanos de Vietnam, Indonesia y China, entre otros países.

Madera con compromiso. La madera forma parte de la tradición de la industria y del legado de diseño escandinavo del que hacen gala. No pueden ni quieren renunciar a ella, pero se pueden comprometer, como así han hecho, a garantizar que la que emplean sea lo más resistente y duradera posible y proceda de bosques gestionados de manera responsable. IKEA trabaja con la FSC (Forest Stewardship Council) para asegurar una gestión de los recursos forestales (la norma FSC se asegura de reemplazar los árboles talados, ayuda a proteger la fauna y la flora y protege los derechos de las personas que trabajan y viven en los bosques). En 2019, el 97% de la madera que empleó procedía de fuentes sostenibles: madera reciclada y con certificación FSC. Este año quieren redondear la cifra y alcanzar el 100%.

Ese mismo compromiso con la producción responsable lo aplican para otros materiales habituales en sus procesos de producción, como la lana RWS (Estándar de Lana Responsable) o el algodón.

El plástico y otros enemigos públicos

IKEA también busca alternativas a este material utilizando, por ejemplo, PLA, que se fabrica a partir de fuentes renovables como el maíz, la remolacha azucarera y la caña de azúcar, en lugar de emplear materiales fósiles vírgenes. De hecho, se ha puesto fecha en su objetivo de acabar por completo con los plásticos contaminantes y para 2030 se han comprometido a utilizar exclusivamente plástico reciclado o renovable (hoy estos plásticos sostenibles representan un tercio del total de los que emplea la compañía).

También se ha comprometido a incrementar el uso de materiales reciclados y de desecho –madera, plástico, papel y metal, entre otros– y reducir los desperdicios dándoles nuevos usos.

El hogar inteligente

Para optimizar el consumo de energía en los hogares IKEA ha lanzado soluciones de iluminación inteligente que pueden configurarse en función de cómo vaya el día. Además, ha ideado una bombilla LED (el modelo RYET), que consume un 85% menos de energía que las bombillas incandescentes tradicionales y dura hasta 15.000 horas. Intenta así reducir el enorme consumo de energía que supone la iluminación: representa el 25% de la energía que se consume en el mundo.

Apoyo a emprendedores sociales

IKEA trabaja codo con codo con emprendedores sociales (mujeres artesanas, refugiados y grupos vulnerables) convertidos en proveedores de muchos de los productos únicos que forman parte de la oferta de la multinacional, algunos en mercados locales y otros en todo el mundo. De su trabajo han surgido líneas como la colección BOTANISK, creada en colaboración con seis emprendedores sociales de la India, Tailandia, Jordania y Rumanía con el objetivo de crear puestos de trabajo en áreas deprimidas y para quienes más lo necesitan. O la colección TILLTALANDE, para dar trabajo e integrar en la sociedad a las mujeres refugiadas, la mayoría procedentes de Siria, en colaboración con mujeres jordanas y la organización sin ánimo de lucro Jordan River Foundation

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