Modelo phygital y confort en oficinas

Uno de los relatos más célebres del escritor argentino Julio Cortázar es ‘Casa tomada’. En él, dos hermanos de edad madura conviven en una vivienda que, de repente, parece tener vida propia.

Alguien que no conocemos ocupa las habitaciones del fondo, y ellos van siendo poco a poco arrinconados en su propia casa, hasta tener que huir. La casa, además de un personaje, se convierte en un símbolo de un espacio vivo, que se manifiesta con su propia personalidad, y que parece querer tomar decisiones. Si no se adhieren a sus designios, a los habitantes sólo les queda la huida.

Utilizo esta imagen para trasladarla al ámbito de las oficinas. ¿Quién no ha tenido alguna vez la sensación de que ese espacio en el que habitamos durante tantas horas, muchas veces incluso más que nuestro propio hogar, parece tener vida propia, con una entidad casi orgánica? ¿Y quién no ha sentido que ese espacio puede resultar enormemente asfixiante, acaparador, entrometido?

Los profesionales especializados en la creación de espacios de trabajo llevamos años luchando contra este tipo de percepciones, buscando convertir dichos espacios en lugares confortables y que reporten bienestar. Es indudable que uno acaba dotando a su hábitat de una personalidad, pero es mucho mejor que esa personalidad sea fruto de una labor conjunta de sensibilidades compartidas, y no una realidad impuesta sólo por quienes la dirigen. En la dicotomía entre hogar y trabajo, la clave está en acabar con la lucha dual y lograr contagiar a los espacios de trabajo de connotaciones que nos hacen disfrutar y querer estar en el hogar.

La irrupción de la pandemia ha acelerado este proceso, con el regreso obligado de muchos trabajadores a sus viviendas y la eclosión del teletrabajo. Ahora que estamos superando la tercera ola y que incluso comienza a hablarse del regreso de los espectadores a los estadios de fútbol, muchas empresas recomponen el tablero de las formas de trabajo. Toca regresar a las oficinas, pero ni nosotros ni mucho menos las oficinas pueden ser las mismas.

La tecnología es uno de los principales vectores de este cambio de comportamiento. El teletrabajo ha demostrado la viabilidad de operar telemáticamente. En cambio, ha demostrado su debilidad a la hora de fortalecer el sentido corporativo, el sentimiento de orgullo de pertenencia y, en general, todos los aspectos que confluyen en eso que los expertos en recursos humanos reconocen como los valores intangibles de una compañía.

Hace algunos meses tuve la oportunidad de participar en una charla sobre esta cuestión, donde salió a relucir el término Phygital, entendido como un nuevo concepto asociado a los espacios de trabajo que surgen tras la pandemia, donde en lugar de lugares de trabajo se impone la experiencia de trabajo, y en la que el anclaje no está tanto en lo físico como en lo emocional.

Son precisamente los equipos de recursos humanos y la dirección corporativa de las empresas quienes deben profundizar en estrategias para fortalecer el sentido corporativo, pero desde el prisma de la configuración de los espacios de trabajo también podemos contribuir a reforzar este sentimiento.

En Chavsa llevamos muchos años construyendo espacios de trabajo vivibles, favorecedores de la interacción, el desarrollo de sinergias y el cultivo de una cultura corporativa compartida. En la nueva realidad, a pesar de las limitaciones impuestas por la distancia social, es posible y necesario seguir reforzando estas cuestiones, trabajando en aspectos como el diseño amable y flexible de las zonas comunes, que sean consideradas no sólo como rígidas salas de reuniones o despachos sino de forma mixta e híbrida, versátiles y polivalentes. Las cafeterías de las empresas no pueden ser sólo eso, sino también, en sí mismas, espacios de interacción y encuentro profesional, donde se aliente y potencie la creatividad y la productividad. La parcelación de los espacios de trabajo debe ser mucho más amable y ligera, favoreciendo el contacto y la comunicación

Pervirtiendo el título del célebre cuento de Cortázar, podemos y debemos tomar las oficinas, y no debemos dejar que ellas nos tomen a nosotros. Pero para hacerlo, debemos volcar sobre los espacios de trabajo nuestra propia sensibilidad, y convertirlos en lugares vivibles, con los que convivamos de forma flexible gracias a la oportunidad que nos brindan las nuevas tecnologías. El modelo phygital sólo tendrá éxito en la medida en que lo phygital resulte confortable.

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