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¿Qué valora un inversor en un informe de valoración de empresa?

ST Sociedad de Tasación, compañía experta en valoración de empresas, te da las claves para poner en valor aquello que interesa al comprador.

El buen comprador de empresas es prudente y paciente. Detecta las oportunidades del momento sin perder de vista la rentabilidad de la operación a medio-largo plazo. No se apresura en la toma de decisiones, sino todo lo contrario, evalúa la multitud de factores recogidos en el informe de valoración de la compañía que desea adquirir, tanto los internos y propios de la empresa en sí, como los externos y relativos, por ejemplo, al sector en el que opera la compañía, pues también afectan al negocio.  

El comprador lo mira todo del informe de valoración porque es la radiografía exacta de la empresa objeto de transmisión. Este documento le permite saber si la inversión le interesa o no y en caso de que el proceso de compraventa siga adelante, poner un precio adecuado a la transacción y prepararse para la negociación.  

El informe de valoración de empresa es, por tanto, un documento fundamental que debe realizar un equipo experto.  

ST Sociedad de Tasación, primera sociedad de tasación creada en España y expertos en valoración de empresas y activos empresariales, cuenta con la trayectoria y cualificación necesarias para dirigir este tipo de operaciones. Puedes solicitar tu presupuesto, sin compromiso, pinchando aquí o llamando al 91 436 02 05.

Factores internos que debe tener en cuenta el inversor 

Entre los factores internos y propios de la empresa que el comprador debe tener en cuenta, José Manuel Castellano, director de Valoración de Empresas y Sostenibilidad de ST Sociedad de Tasación, destaca “su rentabilidad, solvencia y liquidez. También la continuidad o no del equipo directivo o personas clave”.  

Además de los aspectos relativos al ámbito financiero y contable, el comprador debe valorar los elementos legales, tales como licencias, autorizaciones o seguros, así como los elementos laborales, un apartado que engloba, entre otros elementos, los contratos, subvenciones, sistemas de retribución y complementos salariales o las cargas sociales que el empleador tiene obligación de pagar al Estado.  

También es necesario analizar los bienes tangibles con los que la empresa cuenta; es decir, todo aquello que forma parte de su patrimonio y no se destina a la venta o a comerciar directamente sino a la producción. Esto incluye un inventario en el que figuren con detalle las características y el valor (incluyendo los costes de conservación y mantenimiento) de la maquinaria, el mobiliario, los elementos de transporte, ordenadores, locales o terrenos… Igualmente, tendrán en cuenta los bienes intangibles relativos a los activos inmateriales que también forman parte del patrimonio de la empresa como, por ejemplo, patentes, marcas, derechos de autor o programas informáticos de los que sea titular el vendedor. 

Son muchos los elementos que influyen a la hora de poner precio a una empresa si recibes una oferta para venderla. Ahora bien, de todos ellos el fondo de comercio es esencial, pues de él depende las posibilidades de generar beneficios y, por tanto, la viabilidad o no del negocio. “Este apartado es difícil de cuantificar, pues incluye factores no materiales como la fidelidad de los clientes, la ventajas de localización del negocio, la forma de vender los productos, la percepción que tienen los clientes del negocio o el estilo personal de atenderlos… Son cualidades sin equivalencia monetaria inmediata, pero reflejo claro de la capacidad que tiene el negocio de generar dinero”, recoge la Guía para la Transmisión de empresas y negocios del Departamento de Promoción Económica y Planificación Estratégica elaborada por el Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz. 

Además, dicho manual enumera otros apartados clave en los que el comprador debe fijarse, tales como los aspectos comerciales y tecnológicos, el posicionamiento en el mercado, la calidad y efectividad de la dirección, la historia y prestigio de la empresa, su crecimiento histórico y evolución prevista para los próximos años, la cuota de mercado o la cartera de clientes y proveedores.    

Factores externos a valorar antes de comprar una empresa 

“La empresa no es un ente aislado que funciona independientemente del entorno que le rodea. Por eso, al abordar la valoración de una empresa hay que tener en cuenta multitud de factores externos, en principio, todos aquellos que puedan afectar a su valor bien sea positiva o negativamente”, apuntan Jerónimo Aznar, Teodosio Cayo y Diego Cevallos, autores del libro Valoración de empresas (Ed. Ardiles). 

Así, el comprador debe tener en cuenta la evolución de la economía del país donde se ubica la empresa. También debe analizar la economía de los países donde la compañía trabaja, así como las tendencias del sector al que pertenece. En este sentido, las previsiones del sector M&A en España son muy positivas y los expertos de ST Sociedad de Tasación consideran que ahora es el mejor momento para comprar una empresa. 

Por su parte, José Manuel Castellano, director de Valoración de Empresas y Sostenibilidad de la firma, añade: “Yo diría que los factores externos que valora especialmente un inversor son la coherencia y razonabilidad de las previsiones de evolución de negocio y los parámetros y variables asumidos en los métodos de valoración utilizados”. 

En resumen, el comprador debe valorar cualquier aspecto que pueda determinar la capacidad de la empresa de crecer en los próximos años: su escalabilidad, previsiones de ventas y facturación o la estimación de beneficios, así como identificar y evaluar posibles riesgos fiscales, financieros, laborales… Eso sí, es importante que analice la información partiendo de la base de que estas operaciones no son semejantes a las transmisiones de activos simples y aislados, como bienes muebles o inmuebles. Las empresas son patrimonios, conjuntos de bienes, créditos, deudas… Su valor, por tanto, no va a depender de cada uno de estos elementos de manera aislada, sino de lo que, en conjunto, aportan a la empresa.  

El informe de valoración precisa de tanto detalle que es importante dejarlo en manos de un equipo de profesionales. Estos, además de incluir cualquier aspecto que pueda influir en la viabilidad del negocio, reflejarán las fuentes e información que han utilizado para llegar al valor o rango de valores final, así como los métodos de valoración, los criterios empleados por el valorador y las condiciones en las que se ha llevado a cabo el trabajo.  

Hilando fino, ¿quién es el comprador y por qué quiere la empresa? 

Como hemos visto, en un primer momento el comprador debe tener en cuenta todos y cada uno de los apartados recogidos en el informe de valoración. Luego, deberá entrar en detalle. Y es que, dependiendo de quién sea ese inversor y por qué desea adquirir la empresa, tendrá más en cuenta unos u otros aspectos del documento.  

Pablo Fernández, profesor de Dirección Financiera en la Cátedra de Finanzas Corporativas PricesaterhouseCoopers del IESE, lo explica con un ejemplo: “Una gran empresa extranjera muy avanzada tecnológicamente desea comprar otra empresa nacional, ya conocida, para entrar en nuestro mercado aprovechando el renombre de la marca local. En este caso, el comprador extranjero tan sólo valorará la marca, pero no valorará las instalaciones, maquinaria, etc., ya que él mismo dispone de unos activos más avanzados. Por el contrario, el vendedor sí que valorará muy bien sus recursos materiales, ya que están en situación de continuar produciendo. De acuerdo con el punto de vista del primero, se trata de determinar el valor máximo que debería estar dispuesto a pagar, por lo que le aportará la empresa a adquirir. Desde el punto de vista del vendedor, se trata de saber cuál será el valor mínimo al que debería aceptar la operación. Estas dos cifras son las que confrontan en una negociación, en la cual finalmente se acuerda un precio que está generalmente en algún punto intermedio entre ambas”. 

En este sentido, los expertos identifican seis posibles tipos de comprador que pueden estar interesados en una empresa:  

  • Un proveedor. 
  • Un cliente. 
  • Un competidor. 
  • Una empresa de otro sector. 
  • Una empresa extranjera. 
  • Un fondo de capital riesgo. 

A partir de aquí, no son pocos los motivos por los que cada uno puede estar interesado en adquirir una empresa. 

Por ejemplo, un proveedor puede querer integrarse verticalmente y eliminar intermediarios que suman costes extras al valor final o acceder directamente a una cartera de clientes relevantes.  

Por su parte, a un cliente le puede interesar la adquisición para garantizarse el suministro y controlar los precios de origen. Mientras, para un competidor anexionar un negocio puede significar reducir costes vía sinergias o puede servirle para consolidar su posición de dominio en el sector e impulsar su cuota de mercado más allá de lo que le proporciona su crecimiento orgánico. 

Y como estas razones para querer comprar, muchas otras tal y como recoge la Guía para la Transmisión de Empresas publicada por el Ministerio de Industria, Energía y Turismo y que repasamos a continuación: 

  • Satisfacer la iniciativa emprendedora a través de una empresa ya en marcha en lugar de crear una nueva. 
  • Consolidar la posición de dominio en el sector integrando a un competidor y reforzando la presencia de la empresa en el mercado. 
  • Disfrutar de ventajas vinculadas a una ampliación de dimensiones, tales como la reducción y el reparto de costes de estructura o la mayor y mejor posición de negociación con terceros. 
  • Entrar en nuevos mercados. La empresa que compra le aporta diferentes redes comerciales, así como una cartera de clientes en un mercado en el que hasta ahora no tenía presencia. 
  • Diversificar la gama de productos, de tal forma que permita reducir riesgos, costes y retrasos asociados al desarrollo interno. 
  • Adquirir nuevas tecnologías reduciendo los períodos y costes de aprendizaje y aprovechando su capacidad comercial e industrial. 
  • Obtener subvenciones o ayudas fiscales destinadas a reflotar empresas en crisis. 
  • Aprovechar sinergias financieras por motivos fiscales, sacar mayor y mejor rentabilidad al dinero, crear valor para el accionista, etc. 

Saber quién es el potencial comprador de una empresa y por qué le interesa es, por tanto, fundamental para que el vendedor ponga en valor (sin sobrevalorar) aquellos aspectos del informe de valoración que realmente interesan a la otra parte, de modo que pueda establecer un precio adecuado y sentarse a negociar con garantías de éxito. 

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