Theranos, un error sistémico del ecosistema emprendedor

Elisabeth Holmes, CEO y fundadora de Theranos, acaba de ser condenada por un jurado de California a 20 años de prisión por un delito de conspiración y tres de fraude contra los inversores de la compañía. No fue a los únicos que engañó, lo hizo también con miles de pacientes, científicos y a todo el ecosistema startup de Silicon Valley que ahora pone en entredicho algunas de sus prácticas habituales.

Theranos , startup

Un jurado popular encontró a Elizabeth A. Holmes culpable de un cargo de conspiración y tres cargos de fraude electrónico en relación con un plan multimillonario para defraudar a los inversores en Theranos, Inc.. La emprendedora afronta ahora una condena que podría extenderse a 20 años de prisión tras uno de los juicios más mediáticos de Silicon Valley, un ecosistema que, en su momento, la alzó a lo más alto.

Una breve historia de Theranos

Basten unas líneas para resumir la historia de Theranos, una startup que nace en 2003 y se extingue en 2018. La ‘disrupción’ de la startup fundada en Palo Alto (California) consistía en una prometedora y revolucionaria tecnología para el sector salud. Habían ideado un métodos super innovador capaz de detectar de forma temprana numerosas enfermedades a través de unos sencillos análisis de sangre, los cuales podían realizarse rápidamente gracias a los pequeños dispositivos automatizados que habían desarrollado.

Podrían así salvar millones de vidas a través de un simple pinchazo. Todo bien de no ser porque el famoso dispositivo, bautizado con el pretencioso nombre de  Edison, en homenaje al gran inventor, nunca funcionó. Ello no quita para que la startup no parase de recaudar capital durante 12 años y que importantes farmacéuticas llegasen a ofrecer el revolucionario dispositivo, como sucedió con la cadena de farmacias Walgreen, ahora entre los demandantes. 

Los primeros avisos

Fue el periodista John Carreyrou, entonces trabajando para The Wall Street Journal, el primero en hacer saltar las alarmas en 2015 hablando del fiasco de Edison y alertando de que, lo que en realidad utilizaban en Theranos, eran unas máquinas tradicionales de análisis de sangre. 

También se alzaron algunas voces científicas, como la de John Ioannidis, profesor de Stanford y uno de los mayores expertos en la calidad de la evidencia científica, quien, en febrero de 2015, publicaba un editorial en el Journal of the American Medical Association criticando a Theranos “por llevar más de una década cambiando totalmente el sistema de salud” sin publicar un solo artículo en alguna publicación científica.

La noticia saltaba a la luz un año después de publicarse que Theranos había llegado a alcanzar una valoración de 9.000 millones de dólares y pocos meses después de que Elizabeth Holmes, CEO y fundadora de la compañía, figurase como la “multimillonaria más joven del mundo hecha a sí misma” por la revista Forbes.

Resultó que las sospechas de John Carreyrou eran verdad, así que el periodista acabó alzándose con el premio Pulitzer y Theranos acabó cerrando sus operaciones y la empresa en 2018. 

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Obviamente, el de Theranos puede entenderse como un caso aislado y capaz de replicarse no solo en Silicon Valley, sino en cualquier otro ecosistema ansioso por relatar casos de éxito antes que dar cuentas de fracasos. Sin embargo, son muchos los críticos hallan en Theranos un problema sistémico relacionado con la cultura de las empresas emergentes. Valga su ejemplo para poner en entredicho algunas de las prácticas habituales que se practican en estos ecosistemas:

1.-Forjar una historia para tu startup

Pocas startups existen sin que tengan una historia detrás. Todo suele empezar con un sueño y sigue con una visión, una misión y unos valores. El equipo de defensa de Holmes trató de convencer al jurado de que la emprendedora había hecho un esfuerzo sincero durante 15 años para llevar a Theranos al éxito argumentando que no debería ser castigada por no haber logrado su sueño.

El problema es que, a estas alturas, resulta difícil saber cuál era el sueño real que tenía Holmes. Durante años habló de su miedo personal a las agujas y se difundió públicamente una carta que la emprendedora habría escrito a su padre a la edad de 9 años diciendo que lo que ella “realmente quería de la vida era descubrir algo nuevo, algo que la humanidad no sabía que era posible hacer”.

Sin embargo, en el juicio, su defensa prefirió insistir en unos abusos, desconocidos hasta ahora, que habría sufrido Holmes, violada cuando era estudiante en la Universidad de Stanford. “Decidí que me iba a construir una vida construyendo esta empresa”, fue el nuevo argumento de Holmes ante el tribunal. Los abusos verbales y sexuales se habrían extendido posteriormente, ahora por parte de su exnovio y expresidente de Theranos, Ramesh “Sunny” Balwani, cuyo juicio está aún pendiente.

Elisabeth Holmes, CEO y fundadora de Theranos

2.-La joven emprendedora hecha a sí misma que acaba milmillonaria

Holmes abandonó la Universidad de Stanford a los 19 años para fundar Theranos en 2003. Once años después, la fundadora aparecía en la lista Forbes de las mujeres más ricas que crearon su propia fortuna. La fortuna que se le calculaba en ese momento era de 4.500 millones de dólares, siendo la mujer milmillonaria más joven y la número uno del listado de fortunas self-made.

Lo que no se comprende muy bien es qué se entiende en EE.UU por hecho a sí mismo. Theranos siempre se jactó de contar en su junta directiva con un elenco de muy alto standing del que formaban parte los antiguos secretarios de estado Henry Kissinger y George Shultz, los ex secretarios de defensa, general James Mattis y William Perry, e inversores de la talla de Rupert Murdoch, Betsy DeVos, la millonaria familia Watson o Robert Kraft. Murdoch, propietario entre muchos otros, de The Wall Street Journal, llegó a invertir en Theranos 125 millones de dólares.

Tampoco es cierto que Holmes procediera precisamente de una familia modesta. La suya fue una familia acomodada en Washington DC cuyos padres fueron, durante gran parte de sus carreras, burócratas en Capitol Hill y a quienes Holmes acostumbraba citar de manera entrañable. 

“Probablemente, definitivamente, no era normal. Estaba leyendo ‘Moby-Dick’ de principio a fin cuando tenía nueve años. Leí un montón de libros. Todavía tengo un cuaderno con un diseño completo para una máquina del tiempo que diseñé cuando debía tener como siete años. Lo maravilloso de la forma en que me criaron es que nunca nadie me dijo que no podía hacer esas cosas”, son declaraciones atribuidas a Holmes. 

3.-Superestrellas

El escenario preferido en estos casos para los emprendedores corresponde a las populares Charlas TED. Elizabeth Holmes se convirtió en una ‘marca registrada’ después de pronunciar una charla en TEDMED 2014.  Expresiones como “tecnología disruptiva” o “el futuro de …” surgen con mucha frecuencia en estos entornos.

En esta llamó la atención su lento parpadeo, su voz calma y profunda -impostada, según declararon algunos ex empleados- y su indumentaria al estilo de su admirado Steve Jobs, toda vestida de negro, uniforme que luego justificaría con el trillado argumento de los emprendedores monocolor de que así no tenía que perder tiempo tomando desiciones tan absurdas como el ‘qué me pongo’ y poner todo el foco en la empresa. 

4.-Críticas entusiastas de los medios

Antes de las referidas publicaciones de Carreyrou o Ioannidis, los medios de comunicación se habían mostrado más que entusiastas con la tecnología de Theranos. Los grandes medios americanos llegaron a hablar de “la gran promesa biotecnológica” y ‘la nueva Steve Jobs’.

Igual solo se hacían eco de otras fuentes, bastante más autorizadas que las de un periodista, como la de el doctor Delos M. Cosgrove, presidente de la Clínica Clevelan, quien llegó a afirmar que Theranos tenía el potencial de darle la vuelta a todo el sector. 

5.-Cifras de infarto, de inversión, no de ventas

A los fundadores de Theranos les gustaba recordar sus orígenes en un sótano alquilado cerca del campus de Stanford. Más adelante, sin embargo, la empresa trasladaría su domicilio a la antigua sede de Facebook. Ya se sabe que estas mudanzas suelen acompañar al crecimiento exponencial de las compañías y Theranos llegó a contar con 790 empleados.

Al año de su nacimiento, la empresa había recaudado más de 6 millones de dólares de inversores con una valoración de 30 millones de dólares. A partir de ese momento, las rondas de inversión se sucedieron en las distintas series B, C… hasta captar alrededor de 750 millones de capital privado y alcanzar, finalmente, una valoración de 9.000 millones de dólares ante de disolver la compañía.  Mas difícil es dar con datos públicos que informen de las sucesivas cifras de facturación de Theranos.

John Carreyrou informó en 2018 que los líderes empresariales y gubernamentales estadounidenses habían perdido más de 600 millones de dólares al invertir de forma privada en Theranos. 

6.-El abuso del correo electrónico

A todos estos inversores les envió Theranos un correo electrónico en septiembre de 2018 anunciando el cese de las operaciones y que entregaría sus activos y el efectivo restante a los acreedores después de que todos los esfuerzos por encontrar un comprador fracasaran. Obviamente, con los pacientes no se tomaron tamaña molestia.

De la misma forma despidieron a muchos de sus empleados. Vale que una de las virtudes de la tecnología sea la optimización de procesos, pero no se puede definir como elegante el uso del correo electrónico para deshacerse de alguien que ha prestado servicios en la compañía durante años. Tampoco se admite Zoom, como acaban de utilizar en better.com para anunciar 900 despidos de una tacada.

7.-El riesgo de la obediencia ciega a la ‘cultura de empresa’

La principal acusación vertida contra Theranos ha sido siempre las trabas que puso para que agentes externos auditaran y validaran su tecnología.

Según determinadas fuentes, Holmes sostenía que “la cultura de la compañía es que la confidencialidad es la esencia de su existencia”. Asimismo, algunos ex empleados de Theranos definieron a Balwani como autoritario, intransigente y tan preocupado por el espionaje industrial que estaba al borde de la paranoia. 

Durante mucho tiempo, ni siquiera podía decirle a mi esposa en qué estaba trabajando”, llegó a declarar Channing Robertson, profesor de ingeniería química en Stanford, antiguo profesor de Holmes y el primer miembro de la junta de Theranos. El fue quien convenció a Ian Gibbons para que se incorporase en 2005 como jefe científico de Theranos, cargo que ostentó hasta 2013, año en el que falleció tras ingerir voluntariamente una sobredosis de acetaminofén la noche antes de que se le requiriera testificar en una demanda sobre la tecnología de la empresa.

Igual todo hubiese resultado más sencillo si la empresa hubiese elegido el fracaso empresarial, como hicieron estas otras cinco startups, en lugar de fraude, que tampoco es que esté mejor visto.