Nanoate: un negocio que mete prisa a los átomos

Hay que ver lo que dan de sí las ideas de los becarios. Una pyme madrileña nacida hace sólo tres meses ha diseñado una solución que permite certificar los aparatos que trabajan con átomos y moléculas a un coste razonable. Y no sólo eso, también están a punto de revolucionar el mercado de los diagnósticos clínicos.

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Ruy Sanz, junto al corazón de la empresa, el acelerador de partículas, en la UAM

Sabías que todavía no hay una norma ISO oficial que garantice la calidad de los microscopios científicos? ¿Y que la certificación en este mercado está prácticamente virgen?

Nanoate, una empresa madrileña, ideada por tres investigadores de Físicas y Biológicas, Ruy Sanz, Miriam Jaafar y José Vicente Girón –después se han sumado otros investigadores al proyeco–, ha creado una solución que permite verificar el funcionamiento de los microscópicos electrónicos y de fuerza atómica que se emplean para investigar a escala de átomos y moléculas (aunque ellos no certifican directamente). “El mercado de la certificación nanotecnológica es un mercado pujante. Por ahora, no hay ninguna empresa que ofrezca un producto de calidad a un precio asequible”, explica Ruy Sanz.

Esta firma start-up, que cuenta con el respaldo financiero de la Universidad Autónoma de Madrid y científico del CSIC, está trabajando, además, en un producto basado en una solución nanotecnológica que revolucionará el mercado de diagnóstico clínico en laboratorios y hospitales.

Para el desarrollo de sus productos, estos emprendedores han echado mano de los recursos del Centro de Microanálisis de Materiales, instalado en el Parque Científico de la UAM, que cuenta con un acelerador de partículas de referencia a nivel mundial, disponible a investigadores y empresas. “Hay mucha infraestructura científica que está abierta a las empresa, y que, por desconocimiento, no se ésta utilizando. Es una brecha que hay que romper”.

¿CÓMO SURGIÓ LA IDEA?

“Para ser honestos... lo típico: sales de cañas con un grupo de amigos y cada uno comienza a hablar sobre su trabajo, y empiezas a decir: ah, pues lo que tú haces puede servir para esto, para otro, además sumamos lo que yo hago, y coges una servilleta de un bar. Hay manchas de grasa en esa servilleta... pero, da igual, la idea de negocio tiene buena pinta y se llega a la conclusión de que esa idea, aunque sea de unos becarios, puede ser factible. La verdad es que se lleva hablando mucho tiempo sobre nanotec-nología, pero es real-mente ahora cuando la industria comienza a sacarle partido con productos”.

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