Motherhouse, moda para ayudar al desarrollo

Cuando Eriko Yamaguchi estaba haciendo prácticas de verano en una multinacional en Washington sintió que era una lástima que casi toda la gente que conocía en la organización nunca había estado en un país en vías de desarrollo, así que hizo las maletas y se marchó a estudiar a Bangladesh, uno de los países más pobres de Asia. Una vez instalada, pensó qué podría hacer para ayudar a la economía del país. Mientras paseaba un día por un mercadillo encontró la solución: bolsos de yute, una planta parecida a la rafia con un gran valor ecológico debido a su gran capacidad para absorber CO2.
“En 2006 y con 20.000 euros creé Motherhouse. La filosofía es la de elaborar un producto de alta calidad y diseño a partir de materiales básicos gracias a las tecnologías y sabiduría japonesa que ponemos en práctica”, explica Yamaguchi, que cuenta con unos ingresos anuales de 2,3 millones de euros. “Quería lograr un producto que lo compraran por gusto, no por estar haciendo una obra de caridad al adquirirlo”. Gracias a su tesón y filosofía ha logrado posicionar su marca en los más altos estándares en su Japón natal al tiempo que ha mejorado las condiciones de trabajo y la calidad de vida de las personas que trabajan en la planta de Bangladesh.

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Yamaguchi cambió EE.UU por Bangladesh, donde emprendió

Cuando Eriko Yamaguchi estaba haciendo prácticas de verano en una multinacional en Washington sintió que era una lástima que casi toda la gente que conocía en la organización nunca había estado en un país en vías de desarrollo, así que hizo las maletas y se marchó a estudiar a Bangladesh, uno de los países más pobres de Asia. Una vez instalada, pensó qué podría hacer para ayudar a la economía del país. Mientras paseaba un día por un mercadillo encontró la solución: bolsos de yute, una planta parecida a la rafia con un gran valor ecológico debido a su gran capacidad para absorber CO2.

“En 2006 y con 20.000 euros creé Motherhouse. La filosofía es la de elaborar un producto de alta calidad y diseño a partir de materiales básicos gracias a las tecnologías y sabiduría japonesa que ponemos en práctica”, explica Yamaguchi, que cuenta con unos ingresos anuales de 2,3 millones de euros. “Quería lograr un producto que lo compraran por gusto, no por estar haciendo una obra de caridad al adquirirlo”. Gracias a su tesón y filosofía ha logrado posicionar su marca en los más altos estándares en su Japón natal al tiempo que ha mejorado las condiciones de trabajo y la calidad de vida de las personas que trabajan en la planta de Bangladesh.

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